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Si es bueno para el océano... también puede serlo para los negocios

De la «economía azul» emergen empresas que con tecnología lograron ser rentables; restauran bosques de algas, crean redes con escapes para especies no deseadas y evitan que barcos choquen con ballenas

Acuicultura
Acuicultura. Mediante tecnología, productores quieren mejorar el ecosistema costero.

Marty Odlin, quien creció y vive en la costa de Maine (EE.UU.), recuerda cómo solía ser el océano. Pero ahora, dijo, «es como un desierto». En los últimos años ha visto muchas algas marinas y otras especies prácticamente desaparecer de la costa. Odlin, de 39 años, se crió en una familia de pescadores y es un apasionado de la historia del océano y la costa, lo que ha contribuido a su percepción del declive del océano, una pequeña parte de la catastrófica eliminación de la vida marina en los últimos cientos de años.

Aprovechando su formación como ingeniero, Odlin decidió intentar revertir ese declive con su empresa, Running Tide, con sede en Portland. Mediante una combinación de robótica, sensores y machine learning, está desarrollando una actividad acuícola con la que ahora vende ostras y eventualmente almejas. También está utilizando ese sistema para cultivar algas, con el objetivo de producir una cantidad suficiente de ellas para extraer el dióxido de carbono de la atmósfera y secuestrarlo permanentemente, enterrándolo en el fondo del océano, y vender compensaciones de carbono.

La empresa también planea sembrar arrecifes de ostras y lechos de almejas en la costa, y restaurar bosques de algas y hierbas marinas, para así ayudar al ecosistema costero devolviendo la biodiversidad y mejorando la calidad del agua, entre otros beneficios.

Los planes de Odlin son uno de los esfuerzos de la «economía azul», término para describir la actividad comercial en los océanos, mares y costas. Él y otros intentan demostrar que la conservación de los océanos, la pesca sostenible y el secuestro de carbono pueden ser buenos para los negocios, sobre todo a medida que aumenta el transporte marítimo mundial, la acuicultura y el apetito por el marisco salvaje en el mundo.

Pesca
Pesca. Luces led en redes permite que especies no deseadas no sean atrapadas. 

Odlin y su equipo lo construyen todo: barcos, flotadores para ostras, sensores y demás, todo con una gran sensibilidad con el entorno. Miden la cantidad de alimento en el agua y la tasa de crecimiento de distintas especies y envían esa información a una base de datos que utilizan para tomar todo tipo de decisiones: si hay que cambiar el alimento, reposicionar flotadores de moluscos o hacer cambios mayores en variedades que están cultivando.

También utilizan los conocimientos de los pescadores comerciales lo que, según Odlin, es una gran ventaja.

Dan Watson, director general y cofundador de SafetyNet Technologies, también reconoció las ventajas de trabajar junto a la industria y demostrar su rentabilidad. Su empresa construye redes de pesca de alta tecnología para barcos de arrastre: en las redes hay luces LED que parpadean en varios patrones y niveles de brillo para señalar las escotillas de escape de emergencia (agujeros de tamaño adecuado) para las especies que los barcos de pesca no intentan capturar.

Estudios demostraron que las luces LED reducen significativamente la cantidad de especies no deseadas que acaban en redes de pesca. «Cuando empecé, era un estudiante y tenía la actitud de ‘esto va a salvar el mundo y todo el mundo debería hacerlo’», dijo Watson. «Tuve que virar más hacia: ‘Aquí está la propuesta de valor, y hay un fuerte argumento financiero para capturar los peces adecuados’», añadió. «Podemos mostrar a tripulaciones: ‘Esto se ahorra en combustible, esto en multas reglamentarias’».

Otros ven el valor de trabajar con grupos de la industria. Por ejemplo Whale Safe, iniciativa de la Universidad de California en Santa Bárbara (UCSB) ayuda a grandes barcos a evitar chocar con ballenas en los puertos de Los Ángeles.

El programa surgió, en parte, en respuesta a la petición de ayuda de compañías navieras, según Douglas McCauley, profesor de ciencias oceánicas de la UCSB. Las colisiones con barcos están entre las principales causas de muerte de las ballenas, y 2018 y 2019 fueron los peores años registrados en la costa oeste: un total de 27 que provocaron 22 muertes, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica. Los científicos estiman que el número de ballenas muertas por los barcos podría ser mayor -hasta 80 al año en la Costa Oeste, según un estudio- porque no se descubren todos los cadáveres.

McCauley ayudó a reunir a los tecnólogos oceánicos que trabajan en la UCSB para construir un sistema de detección de ballenas en el Canal de Santa Bárbara casi en tiempo real, combinando tres entradas: un algoritmo de inteligencia artificial que analiza los sonidos de las ballenas, las clasifica por especies y envía los datos para su revisión; un sistema de teledetección que predice la presencia de ballenas; y la ciencia ciudadana pura y dura, en la que observadores de ballenas entrenados las registran en una app.

«No es útil si solo se puede decir: ‘En el sur de California se pronostica nubosidad con posibilidad de ballenas azules’», y este modelo pronostica a una escala más fina, dijo McCauley.

El sistema entrega la información a los barcos en una categoría simplificada de baja, media, alta y muy alta, para que puedan reducir la velocidad si hay ballenas cerca, lo que puede bajar el número de colisiones con barcos. Whale Safe solo proporciona datos sobre este tramo concreto de la costa californiana, pero McCauley dijo que tenían previsto ampliarlo a San Francisco y posiblemente a otros lugares de América del Norte.

Se tira un 10% del pescado capturado

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, se tiran unos 9,1 millones de toneladas, es decir, algo más del 10% de todo el pescado capturado cada año, y casi la mitad procede de redes de arrastre.
En una época de sobrepesca y de cambio de hábitats a causa del cambio climático que desafía la normativa internacional, reducir la cantidad de peces u otros animales marinos que se capturan por error podría tener importantes consecuencias para la salud de diversas poblaciones y la biodiversidad de los océanos en su conjunto, dijo Dan Watson, director general y cofundador de SafetyNet Technologies.

Ballenas
Ballena, una aliada contra el CO2
Los cargueros generalmente queman combustible sucio que libera contaminantes, como óxido nitroso y dióxido de azufre, que pueden causar varios tipos de cáncer y asma infantil para las personas que viven en ciudades portuarias. La contaminación del aire en general también afecta. En solo seis meses, las velocidades más lentas en las áreas de Santa Bárbara y San Francisco ayudaron a reducir la contaminación por óxido nitroso en más de 530 toneladas y las emisiones de gases de efecto invernadero en 17,000 toneladas métricas. Pero salvar a las ballenas también podría tener enormes beneficios climáticos, dijo McCauley.
Las ballenas ayudan a secuestrar dióxido de carbono de dos formas. Cuando están vivas, suministran al fitoplancton (que absorbe dióxido de carbono) los nutrientes que necesitan para crecer. Cuando mueren, sus cuerpos se hunden hasta el fondo del océano y con el tiempo se convierten en parte de la capa de sedimentos marinos, donde pueden secuestrar el dióxido de carbono que han acumulado durante su vida, un promedio de 33 toneladas
Cualquiera de estos proyectos requiere un enfoque más práctico para salvar el océano y una superposición más deliberada de negocios y conservación.
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