Marketing deportivo

Boca-River: algo más que un Superclásico

Los clubes más populares de Argentina se verán las caras tres veces en mayo; los hinchas y el marketing, agradecidos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Choque de titanes. River y Boca jugarán por el torneo local y la Libertadores. (Foto: Reuters)

En la Argentina habrá pedidos masivos de cardiólogos a los países limítrofes que vengan a dar una mano entre el 3 y el 14 de mayo, cuando Boca y River definan la punta del campeonato local (ambos la encabezan con 24 unidades) y los octavos de final de la Copa Bridgestone Libertadores, donde les toca enfrentarse por ser Boca el equipo más eficiente de la primera rueda (ganó todo lo que jugó) y River el peor segundo (solo ganó el último de los seis partidos que disputó y acumuló cuatro empates). Sucedería lo mismo (los cardiólogos irían de Buenos Aires a Montevideo) si tuvieran que vivir la situación "manyas" y "bolsos".

Entradas agotadas antes de empezar. Influyentes que abren el paraguas ante los pedigüeños y lanceros indicando que no conseguirán un solo ticket para alguno de los tres partidos, polémica por si se juega el 6 y el 13 (lo quiere Boca) o 7 y 14 (como desea River), y chicaneadas made in Turín por Carlitos Tévez, que en el gol que el sábado pasado hizo en el triunfo de Juventus ante la Lazio, hizo la misma "gallinita" que le costó una roja en la definición de la semifinal de la por entonces Libertadores 2004, que lo privó de jugar la final contra Once Caldas. Esta vez, en el calcio, no hubo amonestación ni expulsión por el grito. El árbitro no lo sabía, no lo recordó o no le pareció relevante.

Se va a calentar la previa, seguro, aunque falta que corra mucha agua bajo el puente hasta el domingo 3 de mayo, cuando se verán las caras por primera vez en la Bombonera.

Sin embargo, también es seguro que los dirigentes de uno y otro club estarán pensando replicar prácticas llevadas a cabo en la previa de la semifinal de la Copa Total Sudamericana.

Algunos pensarán que son apenas señales, pero dicen mucho más de lo que parece.

Es bueno refrescar que los dirigentes de River y Boca organizaron una cena de camaradería en la semana previa, donde hubo algunos puntos de "alineación y balanceo" como se hace con los autos, pero sobresalieron las sonrisas, que interiormente se entiende fueran tensas, como en cada previa de un partido clave.

La ciudad, días antes, se despertó empapelada con afiches de dos pibes enfundados con la camiseta de la banda y la azul y oro pidiendo por la "no violencia".

Los periodistas partidarios jugaron un partido cuatro días antes, y la MacFut (Mujeres Asociadas a Clubes de Fútbol) se juntaron para una foto.

Barovero y Orión intercambiaron guantes en una velada organizada por la ONG S.O.S Infantil (en otros Superclásicos lo hicieron Palermo y Almeyda, o Gago y Cavenaghi, y en el que viene estarán Daniel Osvaldo y Leonardo Ponzio) y el jueves previo al partido, el periodista Matías Martin, en su programa de la Televisión Pública, tuvo un mano a mano con D’Onofrio y Angelici, los presidentes de ambos clubes.

Al folklore del fútbol se le escapó la tortuga cuando Teo Gutiérrez mostró un cartel de "No fue córner" (en alusión a una situación previa al gol de Funes Mori que le dio un triunfo a River en el torneo local) y el retruque de un áspero ex jugador boquense (Roberto Pasucci) mostrando otro que decía "Yo no me fui a la B".

Mauricio Macri dijo alguna vez "de lunes a viernes somos socios y el domingo le quiero ganar en la cancha", y eso se refleja cada año cuando se paladea el partido. En este caso se le suman los octavos de final de la Copa, la obsesión de ambos (Boca ganó seis y River dos).

El cuidado de ambas marcas —River y Boca lo son— seguramente presagia que asome un nuevo folklore en el fútbol argentino. Parece remixado, suena distinto, y decididamente mucho más agradable para el espectáculo.

Para el final, una bien de marketing. Las camisetas de River y Boca tienen un mismo sponsor (BBVA) y la copa tiene entre sus patrocinadores principales a Santander, el mayor competidor de BBVA en España y en el mundo. Otro detalle bien pintoresco: los colores de Santander son los de River, pero la filial local de la institución compró al emblemático Banco Río, cuyos colores eran… azul y amarillo. 

* Periodista especializado en empresas y marketing deportivo

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