ENTREVISTA

Bill Drayton: "El mundo será más competitivo, pero al servicio del bien común"

El estadounidense creó hace 40 años la Fundación Ashoka, que se dedica a promover el "emprendimiento social" y ahora tiene unos 3.600 de estos nuevos emprendedores repartidos en más de 90 países

Bill Drayton, fundador de Ashoka. Foto: Archivo El País.
El fundador de Ashoka, Bill Drayton, creó la fundación hace 40 años. Foto: Archivo El País.

Luchador por los derechos civiles, crecido en los valores de la empatía y fascinado por la India de Gandhi, este estadounidense de 76 años y educación exquisita cree que el modelo de los negocios, al que se dedicó durante años, puede cambiar el mundo. Bill Drayton trabajó 10 años en una consultora y en la Casa Blanca en tiempos de Jimmy Carter (1977-1981), para acabar creando la mayor red de emprendedores sociales que existe, la Fundación Ashoka, que 40 años después tiene ahora alrededor de 3.600 de estos nuevos emprendedores repartidos en más de 90 países. Insiste en que el avance tecnológico origina una nueva desigualdad que debe atajarse antes que ninguna otra.

Fundó usted Ashoka en 1980, con US$ 50.000.

No. Al principio no teníamos ni un dólar.

La idea era promover lo que usted definió como «emprendimiento social», aunar la iniciativa de un emprendedor con la preocupación por el bien común de las ONG. Tras casi 40 años de Ashoka, ¿cómo mediría usted el impacto de la organización?

De distintas formas. En primer lugar, las palabras «emprendedor social» transmiten hoy una idea de vida buena. En el mundo entero la gente ya sabe lo que eso significa. Se da cuenta de que preocuparse y organizar a los demás es práctico y posible. Y genera el respeto de la sociedad. Además, hace que la vida sea más interesante, más saludable, mejor y más larga.

Ashoka beca durante tres años a aquellas personas que proponen una idea innovadora y socialmente útil. El dinero lo proporcionan instituciones, empresas o personas privadas. En estos años, ¿diría usted que ha aumentado el interés filantrópico en el mundo?

Respecto a la primera parte de su afirmación, querría precisar los criterios. Tiene que ser una idea que sirva para cambiar las pautas en un determinado campo, educación, salud, medio ambiente, lo que sea, al menos en una cierta escala. En segundo lugar, la idea tiene que estar en manos de un emprendedor verdaderamente bueno, alguien comprometido con el bien común.

¿Y la filantropía ha crecido?

Desde luego. En todo el mundo. Si mira por ejemplo un país como la India, donde funcionan muchísimas organizaciones de carácter social, hay bastantes más instituciones o empresas que dedican grandes sumas a financiarlas que hace una o dos décadas.

Precisamente porque hay tantas ONG, la competencia por lograr financiación debe de ser muy grande.

En cualquier ciudad se encuentran muchos grupos dedicados al medio ambiente o tratando de ayudar a que los niños crezcan de una manera más inteligente y, por supuesto, compiten entre ellas. Y eso es bueno.

¿Siempre?

Bueno. Si te encuentras con muchos grupos y uno tiene una idea mejor, tendrá más voluntarios y despertará más interés. Le aseguro que hay cientos de grupos que han seguido el modelo de Ashoka…Y eso nos encanta. Compiten con nosotros, compiten entre ellos. Lo que significa que tenemos que ir siempre por delante. Entiendo que lo que usted quiere decir es que mucha gente puede pensar que es una pérdida de dinero y de energías que haya tantas organizaciones haciendo lo mismo. Pero fíjese que no se nos ocurre decir que es totalmente innecesario que haya más de un restaurante en la ciudad. Si un restaurante es malo, no permanecerá abierto mucho tiempo. ¿Por qué no va a ser igual en el caso de gente que trabaja para servir a la sociedad?

RECUADRO

"El mundo no puede solo servir al interés económico"

Hace pocos meses, grandes empresarios de EE.UU. firmaron una declaración en la que se comprometían a trabajar por el bien no solo de sus accionistas, como hasta ahora, sino por el de consumidores y trabajadores. ¿Qué opina de ello?
Ya hemos dicho antes que el sector social funciona con impulso emprendedor y es competitivo, el antiguo y burocrático se está acabando. Era un grupo cautivo de los gobiernos: el gobierno es un sector premoderno, desgraciadamente. En 1980 el sector social se liberó de esa atadura y entró en una esfera empresarial y competitiva y se está poniendo al nivel del mundo de los negocios. Toda organización tiene que formar parte de este amplio organismo de la especie humana que está emergiendo, y que es un organismo cerebral, cada persona, en cada grupo, está conectada a los demás. Y el mundo de los negocios se enfrenta al mismo reto. No puede seguir sirviendo exclusivamente al estrecho interés económico. Nuestro mundo va a ser cada vez más empresarial y competitivo, pero al servicio del bien común.

Bautizó a su organización con el nombre de un emperador indio del siglo III antes de Cristo que terminó abrazando el budismo. ¿Se siente próximo a esa religión?

Lo que quería era crear un espacio global. Si eliges un nombre en una lengua concreta, el proyecto se liga a un determinado país. Tampoco nos servía una imagen, porque no puede transmitirse por teléfono, o en una conversación. Por eso escogimos el nombre de una persona que representa nuestros valores. Ashoka era extraordinariamente creativo en temas sociales, además fue un hombre de paz. No en su juventud, porque unificó la India derrotando a los reinos independientes que había. En un momento dado se dio cuenta de lo terrible de la guerra, y durante 50 años apoyó todas las corrientes de pensamiento, firmó la paz y consiguió difundir sus ideas por el mundo. Y, al final, ha resultado ser un nombre estupendo porque empieza y termina en vocal, y no significa nada malo.

Desde que fundó Ashoka vive volcado en la organización, como una especie de misionero laico. ¿No le interesa nada más?

Sí, por supuesto. También fundé, y sigo todavía en ello, una iniciativa llamada Get America Working (algo así como Pongamos América a trabajar), que tiene una dimensión global también (Get the World Working). Le explico la idea grosso modo: en el mundo tenemos un 40% de la población que quiere trabajar y no encuentra trabajo. Es un porcentaje mucho mayor que el que señalan las estadísticas de paro. Si se rebajaran los impuestos al trabajo, lograríamos crear unos 40 o 45 millones de empleos nuevos. Para que esta pérdida de ingresos fiscales no afectara a los presupuestos, se podría subir el precio de los materiales, la energía, la tierra, por ejemplo. Con lo que conseguiríamos, además, reducir la contaminación.

Bill Drayton, fundador de Ashoka. Foto: Archivo El País.
Bill Drayton, fundador de Ashoka. Foto: Archivo El País.

Los emprendedores sociales buscan soluciones a los mayores problemas del mundo. ¿Son el medio ambiente y la pobreza los más graves?

Para mí está muy claro que tenemos una mitad de la población que es exitosa en un mundo nuevo definido por los cambios continuos, y estrechamente interconectado. Tenga en cuenta que en los últimos 300 años los cambios se han acelerado de forma exponencial. Actualmente todo se mueve muy deprisa, en todo el mundo y en todos los sectores. Eso puede ser estupendo para usted y para mí y para nuestros amigos. Para todos los que conocemos este juego. Abundan los trabajos para los que tienen los conocimientos adecuados, y los empleadores se disputan su talento. El problema es que hay otra parte de la humanidad que no tiene las complejísimas habilidades nuevas que se requieren para poder participar en este nuevo juego. Se trata de la capacidad de formar parte de un equipo y de engranarse con otros en perfecta sintonía. Por eso se ha producido una nueva desigualdad en la sociedad. Unos ganan cada vez más y están cada vez más satisfechos. Pero los que están fuera ven cómo se deteriora su posición cada día. Por eso, mientras todas las demás desigualdades, de género, de raza, etcétera, son bastante estáticas, la nueva desigualdad se agudiza cada año. Por eso creo que el mundo no puede resolver los problemas medioambientales cuando el sistema político está atascado. EE.UU. no puede hacer nada contra el cambio climático aunque esté ardiendo California, ni Brasil tampoco aunque se esté quemando la Amazonia. Mientras la mitad de la población viva en este estado de desesperación, en el que le decimos que no los necesitamos, que no tienen futuro ni ellos ni sus hijos, la situación no se resolverá. Naturalmente habrá demagogos que culpen a la inmigración de esta situación, o a otras cosas… Lo que buscan los demagogos es echarle la culpa a alguien, encontrar un chivo expiatorio. Pero esa ira profunda y permanente actúa de cortocircuito en el sistema político. Y no podemos enfrentarnos a ninguno de los demás problemas mientras no hayamos resuelto este. Nosotros podemos ayudar a los padres de cualquier extracción social a que sus hijos triunfen en el nuevo juego.

El problema está en la educación.

Es que el mundo de hoy exige una clase de educación diferente. La medida clave hoy día es qué proporción de los jóvenes sabe que son agentes de cambio. Y no puedes saberlo si no te has puesto a ello nunca. Hace 150 años nos dimos cuenta de que todos necesitábamos saber leer y escribir adecuadamente. Ahora decimos lo mismo, necesitamos que la gente sea consciente de que debe tener iniciativas de cambio. Muchos emprendedores de Ashoka se ocupan de niños que están en instituciones de acogida. Y son agentes de cambio. Hay que cambiar la cultura escolar para que se adapte a esto.

Pero no siempre las ideas de los emprendedores sociales resultan positivas.

Esther Duflo y su marido, Abhijit Banerjee, dos de los tres premiados con el Nobel de Economía de este año, han estudiado los efectos de los microcréditos que puso en marcha Mohamed Yunus en Bangladés, y han visto que en otros países, como la India o México, sus beneficios son pequeños. Bueno, precisamente la gente que tiene esta capacidad de cambio, cuando algo no funciona, sencillamente, lo cambia. Sabemos cómo trabajar en equipo. Luego, cuando algo no funciona, es porque está mal. Es lo que hacen los grandes empresarios. Es lo que hacía Henry Ford. Los microcréditos que ideó Yunus funcionan. Pero, evidentemente, hay que adaptar su aplicación a cada lugar. Yunus cree que el problema en la India es que los microcréditos se dieron buscando beneficios y presionaron a la gente para que los aceptara.

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