Informe

Los "artesanos" que todavía le sacan lustre al paso del tiempo

Lejos de los niveles y valores de autos de décadas anteriores, el negocio de restaurar vehículos clásicos en Uruguay ya no es tan rentable y subsiste a influjo del mercado interno.

Tiempo. Algunos autos deben esperar años abandonados antes de ser restaurados. (Foto: Ariel Colmegna)
Tiempo. Algunos autos deben esperar años abandonados antes de ser restaurados. (Foto: Ariel Colmegna)
Experiencia. Sergio Russi sigue los pasos de su padre en el tapizado de autos clásicos. (Foto: Airel Colmegna)
Experiencia. Sergio Russi sigue los pasos de su padre en el tapizado de autos clásicos. (Foto: Airel Colmegna)
Experiencia. Beethoven Amorín lleva más de 35 años en la restauración de autos. (Foto: Ariel Colmegna)
Experiencia. Beethoven Amorín lleva más de 35 años en la restauración de autos. (Foto: Ariel Colmegna)
Dedicación. La restauración de un auto puede llevar ocho meses o más. (Foto: Ariel Colmegna)
Dedicación. La restauración de un auto puede llevar ocho meses o más. (Foto: Ariel Colmegna)
Detalles. Conocer cada modelo en profundidad es fundamental para lograr los mejores resultados. (Foto: Ariel Colmegna)
Detalles. Conocer cada modelo en profundidad es fundamental para lograr los mejores resultados. (Foto: Ariel Colmegna)
Más antiguo. En el museo del Automóvil Club del Uruguay se exhibe el auto más antiguo del país, un Delin de 1899. (Foto: Marcelo Bonjour)
Más antiguo. En el museo del Automóvil Club del Uruguay se exhibe el auto más antiguo del país, un Delin de 1899. (Foto: Marcelo Bonjour)
Calidad. en Uruguay se han restaurado autos de marcas muy prestigiosas. (Foto: Marcelo Bonjour)
Calidad. en Uruguay se han restaurado autos de marcas muy prestigiosas. (Foto: Marcelo Bonjour)

En el salón de Sadar, en la casa central de Peugeot, se exhibe el único modelo que existe en el mundo del Peugeot 202 Darl’mat Sport, que debutó en octubre de 1947 en el autódromo de Linas-Monthléry de Francia. Si bien ya no hace gala de su velocidad por las pistas de carrera, el buen trabajo de restauración cosechó elogios y el primer premio a la categoría de vehículos aerodinámicos, de la feria Autoclásica 2010, en Buenos Aires. El responsable detrás de este logro es Horacio Moyano, quien junto a un equipo de "artesanos" uruguayos llevó adelante la tarea aquel año.

Pero este no es el primer ejemplo donde la calidad de los restauradores locales queda en evidencia. Varios son los autos y los casos a lo largo de la historia de un rubro que en Uruguay data de varias décadas en las que se llegaron a exportar cientos de autos antiguos a clientes de varias partes del mundo.

Miguel Mocotovich se dedicó al negocio de autos clásicos por más de 40 años. En su mejor momento llegó a tener 500 vehículos. Recorría todo el país, se quedaba una semana en cada ciudad para ver las oportunidades. Por sus manos pasaron marcas importantes como Maserati, Ferrari y Porsche. Retirado hace ya un par de años, comentó a El Empresario que el negocio decayó en varias etapas, sobre todo "en marcas más top".

En esto coinciden varios actores del sector, quienes aseguraron que el negocio se mantiene principalmente por clientes locales. "La llegada de extranjeros de la región o europeos en busca de dos o tres autos por año para exportarlos ya no se ve", expresó Juan Reboledo, restaurador de autos anteriores a 1940.

El galardonado Moyano añadió que "en las décadas de 1960, 1970 y 1980 se produjo una fuerte corriente exportadora de autos que desabasteció el universo de vehículos clásicos hoy en día".

Son varios los "artesanos" con experiencia que aún dedican su tiempo a dar vida a estos "tesoros". Es que restaurar autos clásicos es una tarea muy específica. "Hay que saber bien los detalles del modelo para replicar en forma exacta, saber los colores, qué tipo de cuero llevan, etcétera. Hay que ser coherente en el criterio y el objetivo que se persigue", afirmó Moyano.

En bajada.

Beethoven Amorín, con más de 35 años de trabajo en líneas italianas, inglesas y alemanas, tiene en la restauración de autos clásicos el grueso de sus ingresos, aunque reconoce que también hace trabajos en autos nuevos para complementar. Comenzó con autos del año 1927 y hoy trabaja con modelos de 1972 a 1976. Su tarea es el armado del vehículo, la preparación de la carrocería, el chasis y la tapicería.

Amorín tiene trabajo, incluso con lista de espera. Su cartera de clientes se mantiene entre 10 y 15 personas pero se suman otros puntuales que llegan por recomendación. En su haber hay una gran variedad de autos, desde los más "normales", con precios finales al público que rondan los US$ 30.000, hasta los US$ 300.000 de un Mercedes Benz 220 Cabriolet que se vendió al exterior hace unos 10 años.

En total, Amorín llega a hacer entre cuatro o cinco autos por año en su taller, junto a dos empleados. De todas formas, en su mejor momento, entre los años 2000 y 2005, llegó a tener seis colaboradores.

A su juicio, lo difícil de dedicarse a este negocio en Uruguay es la cantidad de horas que se invierte en cada vehículo "que algunas veces no se pueden cobrar si se pretende hacer las cosas bien".

En el caso de Martín López, quien está al frente hace 14 años del taller Classic & Sport Motors, el negocio repuntó en los últimos 10 años. López se especializa en la mecánica, sobre todo en autos clásicos de EE.UU. —Mustang, Camaro, Corvette— aunque también trabaja con Mercedes Benz y Jaguar, entre otros modelos.

Sus principales ingresos provienen de reparaciones y se complementan con mantenimiento, dijo. "Los clientes más importantes son argentinos y brasileños que tienen acá y cuando vienen me piden que les haga un mantenimiento para usarlos en sus vacaciones".

Por su taller pasaron marcas como Rolls-Royce (modelos Silver Rich y Silver Shadow), Lancia, Jaguar, entre otros. "En la actualidad llegan autos que no valen más de US$ 30.000 y son pocos. Aparecen cada tanto y se usan muy poco. Por ahí pasan años sin que se toquen", indicó López.

En repecho.

El tapicero Víctor Russi cuenta con más de 40 años en el negocio, pero ahora su oficio se le hace cuesta arriba. Llegó a trabajar con seis a ocho autos por año a la vez, pero hoy tiene uno o dos, por lo que intercala su tarea con autos de calle. Entre otros, Russi fue responsable del tapizado del Chrysler Imperial de 1929, de Laetitia D’Arenberg. Ahora su negocio lo sigue su hijo, Sergio Russi, mientras que él se aboca a guiarlo y trasladarle su conocimiento, explicó. En este momento trabajan en un Ford 8 del año 1937 y sus principales clientes son uruguayos.

La baja del mercado también repercutió en el negocio del restaurador Juan Reboledo. Es que recuperar un auto clásico no baja de US$ 15.000, dijo el experto, quien lleva más de 33 años recuperando autos previos a 1940. "El auto antiguo tiene una forma de armado que hay que saber cómo se hace. Por esto es que un auto puede implicar entre cinco y siete meses de trabajo", señaló.

En su caso, su tarea abarca desde la compra, el desarme, la mecánica, chapa y tornería, y reconoce que si bien vive de esto, ya no "hace plata".

Sus principales clientes procedían de Europa, pero la crisis que golpeó ese continente hace unos años afectó su negocio. "Venían de España, Italia y compraban dos o tres autos para revenderlos en ese mercado. De seis años para acá comenzó a mermar el trabajo", recordó. Si bien llegó a hacer nueve autos por año, ahora hace uno o dos y el principal ingreso proviene del mantenimiento, indicó Reboledo.

Por sus manos pasaron autos clásicos muy importantes, como la limousine Lincoln de 1922 que perteneció al ex presidente José Batlle y Ordóñez (ver recuadro) o el tercer auto que llegó Uruguay, un Peugeot del año 1903 del empresario tabacalero Julio Mailhos. Oficio de pocos, la restauración aún da pelea contra el paso de los años.

Limousine de Batlle y Ordóñez se vendió en US$ 120.000.

Juan Reboledo vio pasar muchos autos por su taller pero hay uno que recuerda con especial interés: la limousine Lincoln que perteneció al ex presidente José Batlle y Ordóñez, restaurada hace 15 años. "Entre otros detalles, en la parte trasera derecha sobre un costado del vidrio, tenía un impacto de un perdigón de un atentado que sufrió Batlle", comentó. Reboledo la adquirió y restauró para que el gobierno se quedara con ella, pero la crisis de 2002 no lo hizo posible. "Lo vendí a un particular en Uruguay por US$ 120.000 aunque valía unos US$ 280.000. Vinieron de Alemania a comprarla, pero no se pudo exportar por su valor patrimonial", dijo.

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