Negocios.

Arte, vino y deportistas: alternativas para una inversión no tradicional

Los argentinos le buscan la vuelta a las épocas de inflación y dificultades económicas para atesorar dólares

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Inversión. Comprar bienes que aumentan por encima del nivel general, y revenderlos cuando su precio sube. (Foto: Google Images)

Hay gente que cuando decide invertir no piensa en acciones, bonos, fondos negociables ni nada que se le parezca, sino que elige productos mucho menos convencionales para armar un portafolio redituable: whisky, vino, obras de arte y deportistas están en la lista de estas personas a las que lo tradicional no los entusiasma.

En épocas de inflación y de dificultad para comprar dólares, en Argentina resulta un gran negocio comprar bienes que aumentan por encima del nivel general, almacenarlos durante un tiempo y revenderlos cuando su precio sube. Esto puede hacerse con todo tipo de productos no perecederos, pero hay unos en particular que tientan a cada vez más inversores: las bebidas alcohólicas. Y especialmente, las de alta gama.

Cavas y artistas.

Mariano Otálora, director de la Escuela Argentina de Finanzas Personales, explica alguna de las razones por las que las bebidas se convierten en inversión. «Son creativas y no tradicionales, y no hace falta gastar en infraestructura para almacenarlas; se encarecen a un ritmo mayor que la inflación y tienen variados canales para su reventa, desde clubes de tomadores hasta bares y restaurantes, pasando por los mercados virtuales», dice el especialista.

Eduardo Coduri, CEO de la consultora y auditora Ernst & Young, es uno de los que invirtió en vino. «En oportunidad de implementarse restricciones a ciertas inversiones en moneda extranjera por el cepo cambiario, y dada la inestabilidad de la economía con impacto en ciertas inversiones financieras, se me ocurrió canalizar parte de mis ahorros en vinos que al cabo de cinco o seis años y en algunos casos más, tengan una apreciación de valor y sabor atractiva», cuenta.

Ahora, hay una bebida alcohólica con la que se puede hacer mayor diferencia: el whisky. Aquí se junta el incremento de precio por inflación y el valor que le da la dificultad para importarlo. Marcas como Johnny Walker Etiqueta Negra, Glenfiddich o Chivas Regal están entre las preferidas. Este último triplicó su valor en tres años. Quienes invierten en esto compran a mayoristas o en supermercados chinos y luego lo venden en fechas de alta demanda, como las fiestas tradicionales.

Apostar al arte requiere un poco más de conocimiento. Según el marchand Ignacio Gutiérrez Zaldívar, dueño de la galería Zurbarán, un promedio de 2% del capital de un inversor está colocado en arte. «Para tener papel pintado por gobiernos [billetes], prefiero atesorar papel pintado por artistas», dice.

En Argentina, la renta proveniente de la venta de una obra de arte está exenta de impuestos, siempre que se trate de un vendedor no habitual en ese tipo de operaciones. Gutiérrez Zaldívar precisa que el arte argentino se ha revalorizado un promedio de 8% anual en las últimas cuatro décadas. «Un Quirós valía US$ 3.000 y hoy cuesta US$ 90.000; un Molina Campos salía US$ 300 y ahora cotiza US$ 30.000; un bodegón de Juan Lascano estaba en US$ 400, mientras que actualmente asciende a US$ 25.000», detalla.

Deporte y Bitcoins

También están los que invierten en futbolistas, tenistas o golfistas. Les pagan los gastos de alimentación, indumentaria, viajes y asistencia psicológica hasta que lleguen a triunfar, y después cobran un porcentaje de sus ganancias por determinado tiempo. Desde este mes, se cortó la posibilidad en el caso del fútbol, ya que por una ley de la FIFA se prohíbe a particulares tener titularidad de los derechos de un jugador.

Otálora explica cómo es la relación en el caso del tenis. Un jugador necesita entre US$ 60.000 y US$ 90.000 por año para jugar en forma profesional. En Argentina hay varios fideicomisos que se encargan de invertir en los mejores talentos del tenis. El objetivo de la inversión es lograr que el jugador alcance el ranking 100.

Un jugador ubicado en el puesto 500 del mundo puede ganar US$ 7.000 al año; si llega al 100, puede obtener entre US$ 300.000 y US$ 350.000 anuales. «El objetivo es alcanzar un rendimiento del 25% anual en dólares con un plazo de inversión superior a los 5 años», dice Otálora.

Hay, por último, una inversión no convencional menos palpable que las anteriores, pero no por eso menos atractiva: el bitcoin, la moneda virtual que hace furor en el mundo. Un bitcoin cuesta hoy unos US$ 200, pero su cotización fluctúa mucho. Hay quienes se hicieron millonarios con esta inversión, porque compraron cuando valía US$ 2, en 2008, y vendieron a US$ 1.200. Eso sí, es una inversión de alto riesgo. (La Nación / GDA)

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