INFORME

Apps: la dura batalla por vivir y reinar más allá de la descarga

La mayoría de las aplicaciones tiene una baja esperanza de vida por lo que sumar funciones y lograr engagement resulta vital para prolongar su uso; nuevas tecnologías emergen como sustitutos.

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Experiencia de usuario. Una aplicación debe ofrecer una solución rica y diferenciada de otros soportes para tener valor. (Foto: Darwin Borrelli)

A un toque de distancia, las aplicaciones móviles son parte de la vida diaria de miles de millones de personas en todo el mundo. Son un icono —literalmente— de estos tiempos, que simplifican un sinfín de opciones cada vez más amplias: desde juegos, medios de socialización e información a servicios diversos y herramientas de trabajo.

Y ese universo es cada vez más vasto. La tienda Google Play Store cuenta con 2,6 millones de aplicaciones, según datos de diciembre pasado publicados por el sitio web Statista.com. Mientras, los poseedores de teléfonos iPhone disponen de un catálogo de 2 millones de programas en el App Store, de acuerdo a la misma fuente en base a números cerrados a junio de 2016.

Con tantos peces en el mar, la competencia se vuelve feroz por captar la atención de los usuarios. El resultado más frecuente, luego de meses de diseño y testeo, está lejos de ser el deseado por los desarrolladores. «El 90% de las aplicaciones descargadas son borradas dentro del mes; el 75% son eliminadas antes de los tres días; y el 25% no se abren nunca», explicó tiempo atrás al diario argentino La Nación, Andrés Augsbach, matemático y emprendedor tecnológico.

Más aún, un informe de la consultora Comscore, basado en el mercado estadounidense y publicado el año pasado, señala que el 49% de los usuarios de smartphones no descarga aplicaciones y que entre el 51% que al menos baja una al mes, el promedio es de 3,5 descargas. El informe subraya que la mayoría del tiempo que las personas con teléfonos inteligentes dedican a las aplicaciones se concentra en unas pocas que son sus predilectas. Facebook, Facebook Messenger y Youtube son las que, según Comscore, acaparan a los usuarios.

En Uruguay, el estudio «Perfil del Internauta Uruguayo 2016», a cargo de la consultora Radar, sitúa a las populares plataformas Whatsapp, Facebook y Youtube como las «aplicaciones más frecuentes» en los celulares. A propósito, en el mercado local 2,2 millones de personas tienen un smartphone, agrega.

Como sentencia Comscore en su informe, ante ese predominio de las plataformas masivas, para las nuevas apps «es difícil abrirse paso» en el mercado.

Evolución.

El diagnóstico de la consultora es compartido por los desarrolladores locales de aplicaciones pero no siempre es comprendido por sus clientes corporativos. Las empresas entienden que tener una app puede ser un atajo en la interacción con sus clientes, pero hay casos donde incluso el tomador de decisiones de la compañía no tiene claro qué foco darle a la herramienta que encarga o espera desarrollos más potentes de lo que su presupuesto le permite.

«Te ponen como ejemplo plataformas que cuestan cientos de millones de dólares entonces te das cuenta que hay mucha inmadurez en el tomador de decisiones», cuestionó Guillermo Varela, director de la desarrolladora Handsoft.

Otro ítem en la ecuación es el usuario, donde intervienen otros análisis. Por un lado, «cuando sale una app que resuelve un problema, en general, en unos tres o seis meses te das cuenta si la idea prendió o no, si vale invertir tiempo y dinero», evaluó Nicolás Amarelle, CEO de la empresa Código del Sur. «Otra cosa es ver cuándo la persona decide si va a seguir usando la herramienta. Se baja la app, la utiliza y si a la semana la descartó, no la va a usar más», estimó Amarelle.

Los desarrolladores aclaran que no existen fórmulas que garanticen el éxito de largo plazo de una aplicación pero sí pueden esbozarse algunos pasos que allanen el camino.

Cuando se trata de herramientas corporativas, «lo que tiene que hacer el cliente y el integrador es cambiar la cabeza y aprender que la aplicación no es un desarrollo de una única vez sino que la deben pensar como un servicio; hay que versionarla tantas veces como cambios o correcciones sean necesarias», recomendó Varela. El problema es que aún «hay empresas que dicen ‘tengo este presupuesto para la aplicación’ y la consideran un one shot y en realidad esto nunca funciona así», menos aún cuando existen cada vez más dispositivos y restricciones a nivel de desarrollo y plataforma, apuntó el empresario.

Amarelle coincidió en la necesidad de hacer evolucionar la app. De lo contrario, «va a salir otro (programa) que va a hacer lo mismo que el tuyo pero con más cosas».

En su opinión, una aplicación se enfrenta a un doble reto: por un lado, lograr que el consumidor la conozca y la descargue; y por otro, que la utilice. Que el uso sea sostenido en el tiempo está directamente ligado al «valor» que el programa tiene para el usuario, dijo Amarelle.

No basta que «la app sea solo más linda o tenga un mejor diseño sino que tiene que proveer una experiencia distinta o más rica que la página web», concordó el gerente Senior de Consultoría en el área de Estrategia y Operaciones de Deloitte, Gonzalo Lema.

Según el ejecutivo, hace dos años hubo una «fiebre» entre las empresas y también en sectores del Estado para lanzar su propia aplicación. Ese mismo furor llevó a que muchos proyectos fracasaran porque lo que hacían era tratar de llevar su sitio web al formato app.

«La gente se baja la aplicación pero si la experiencia que ofrece es exactamente la misma que entrando a través del navegador, para qué me sirve la herramienta», cuestionó Lema.

Lograr engagement es un recurso vital para extender la esperanza de vida de una app.

El ascenso y caída del juego Pokémon Go (de la firma japonesa Niantic) ofrece un ejemplo paradigmático de lo que pasa cuando un éxito decae en su furor inicial. Luego de superar los 500 millones de descargas en los primeros 60 días tras su lanzamiento, la aplicación cayó estrepitosamente, producto de la indiferencia que había generado en su legión de fanáticos. Sencillamente, lo repetitivo del juego los aburrió.

Para generar engagement «la relación no puede venir solo del lado del usuario, de modo que cuando necesite la aplicación la active, sino que ésta tiene que incitarlo a usarla», explicó Amarelle.

Las notificaciones son un recurso en esa dirección pero «como las personas descargan más aplicaciones, las notificaciones que priorizarán serán solo las de aquellas (apps) más importantes para ellas. El 38% de los usuarios afirma que nunca o raramente está de acuerdo en aceptar las notificaciones, lo que equivale a un 31% más que el año pasado», subraya Comscore en su informe.

Guerra espacial.

A la batalla por el interés del usuario se suma la pelea por el espacio en su teléfono. El volumen desaforado de videos y fotos que las personas acumulan en sus dispositivos obliga, más temprano que tarde, a decidir entre conservar las selfies de las últimas vacaciones o prescindir de alguna aplicación. La disputa se salda en la mayoría de los casos en favor de los contenidos. Varela contó que hace unos días organizó un taller para 23 ejecutivos de una empresa y al consultarles por el estado de la memoria de sus teléfonos, todos respondieron unánimemente que estaban saturadas. Pese a ello, muchos todavía conservaban fotos de hace tres años.

«Mi competidor como proveedor de aplicaciones no es otro colega, sino la música, las fotos y los videos», ilustró. Para los usuarios resulta más práctico eliminar programas que se activan poco o nada que prescindir de contenidos con algún valor emocional, coinciden los desarrolladores de apps.

A fin de cuentas, la conclusión del usuario es simple: la foto eliminada no se recupera mientras que una aplicación se puede volver a descargar en cualquier momento.

En bajada.

De fondo, ya asoman desarrollos que de a poco buscan reemplazar parcial o definitivamente la versión más clásica de las aplicaciones.

Los gigantes tecnológicos han dado el paso al frente. Google y Apple están impulsando las instant apps y los on demand resources, respectivamente, dos tipos de herramientas que permiten cumplir la misma función que una aplicación pero ocupando menos espacio en el dispositivo donde se aloja.

Para el HTML 5 no hay que esperar, es una realidad. Lema resaltó la expansión de esa tecnología que permite que un programa sea responsivo, es decir, adaptable a cualquier pantalla. Esto es crítico ante la búsqueda de los desarrolladores y sus clientes por colocar sus aplicaciones en todos los soportes existentes. El HTML 5 garantiza la adaptación a cualquier plataforma a un menor costo que el que supone desarrollar una versión de la misma app para cada dispositivo.

Todos estos avances hacen avizorar la desaparición de «la idea de bajarse un programa para realizar una tarea», auguró Augsbach a La Nación. «La batalla se va a dar entre los asistentes virtuales, como Siri de Apple, Alexa de Amazon y Cortana de Microsoft; las plataformas de chat, como WhatsApp y Facebook Messenger; y los buscadores de Internet como Google», resumió.

En la industria tecnológica global se cree que para 2019 la Inteligencia Artificial habrá avanzado lo suficientemente como para que los bots (programas informáticos capaces de cumplir funciones de forma automática) brinden un nivel de servicio igual o superior al de una aplicación basada en información residente, comentó Varela.

Soplan vientos de cambio.

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