ARMANDO VILLALBA - DIRECTOR DE BLASÓN

Apostamos a fabricar en Uruguay

Nació en Minas, tiene 63 años. Se siente un emprendedor desde que con 12 años se lanzó a vender ediciones de la revista El Correo de la Unesco.

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Armando Villalba. "No hay calefacción más barata que la leña usada en forma eficiente". (Foto: Francisco Flores)

Inicialmente, se interesó por la medicina, pero su habilidad para el trabajo manual lo acercó a la industria metalúrgica. Hace 36 años inició su propio emprendimiento, Blasón, firma dedicada a la fabricación de estufas y calefactores a leña. Define ese sistema como el método de calefacción más eficiente, en base a la relación entre el gasto en leña y el calor entregado. Reivindica el compromiso de su empresa de apostar «obstinadamente» a fabricar en Uruguay y dar empleo. Le preocupa el declive de la industria metalúrgica. Está casado, tiene cuatro hijos y nueve nietos. En su tiempo libre disfruta de tocar la guitarra.

¿Cómo nace Blasón?

Los designios que hacen que uno asuma el emprendedurismo son complejos y se remontan muchas veces a la infancia. Yo viví mi niñez en Lavalleja, donde mi viejo era maestro director de una escuela rural. Los hogares de los maestros siempre fueron de ingresos acotados, entonces, la limitación de recursos y el aprovechar las oportunidades fueron cosas que viví sin darme cuenta. Mi viejo además hacía changas: era dibujante, pintor, si un comerciante quería hacer un arreglo hablaba con él. Entonces, eso lo mamé y siempre aproveché las oportunidades. A los 18 años me vine a Montevideo a estudiar Medicina y mantenerme era harto difícil. Empecé la Facultad y un día dije: «Voy a hacer artesanías con acrílico y me presento en la Feria del Libro». Para conseguir los materiales fui a un taller de acrílico, el responsable era minuano, se fijó que tenía habilidad manual y me ofreció trabajo porque se le iba un empleado. A los pocos días empecé y quedé de oficial en acrílico porque, al entrar, estuve en los trabajos más calificados. Eso fue en 1973, trabajé casi tres años en ese taller, y en esa época las cosas discurrían muy rápido: hacía Facultad de Medicina, trabajaba y además me había casado, tenía un hijo y esperaba otro. En ese momento le dije a mi señora: «Me quiero tirar por mi cuenta con un taller, a ver qué pasa». Una tía de mi señora nos ofreció una garaje en Punta Gorda y ahí empecé a hacer acrílicos, luminosos, instalaciones comerciales, señalética y estuve algunos años haciendo eso.

¿Qué lo llevó a especializarse en la fabricación de estufas?

En 1980 me puse a hacer estufas, también fue por una oportunidad. Había una crisis energética que fue una de esas crisis generadoras de oportunidades. En ese entonces se estaba empezando a construir la represa de Salto Grande y había solo una turbina funcionando. Entonces, nos tocaban dos días de apagón por semana. No había luz para iluminar, prender la radio o calefaccionarse. La leña era muy barata, así que se me ocurrió hacer una estufa; diseñé un prototipo, la probé, hice una de tamaño natural y la instalé en mi casa, pero fue por una necesidad, no estaba pensando en un negocio. La estufa, metálica, retirada de la pared y con caños adentro, calentaba la casa de manera espectacular; la vio mi viejo y me dijo: «Flaco, quiero una para mí». Lo mismo pasó con mi hermano, mis dos primos, los amigos de mis primos... Ahí se me ocurrió poner un aviso clasificado para hacer publicidad. Y desde el inicio pensamos que esa estufa se podía hacer cerrada (para) lograr una eficiencia energética. También empezamos a hacer calefactores.

¿Cuántos productos tienen hoy?

Tenemos una cantidad de productos relacionados con la combustión a leña. Tenemos calefactores y estufas. En estas últimas disponemos de una gran variedad: de combustión cerrada, que calientan todo el ambiente y estufas que calientan agua y que llevan esa agua a otros lugares como radiadores o al sistema de losa radiante gracias a una bomba. Por fuera de eso, hacemos muebles y lámparas, pero muy poco.

¿Hay una zafra en el negocio de la venta de estufas?

El sector de la construcción, uno de nuestros clientes junto a los usuarios finales, tiene apuro entre agosto y diciembre. Hay obras que están medio quedadas y se les da un empujón. El cliente particular cuando más compra es antes del invierno.

Se dice que el uruguayo deja todo para último momento. ¿La lógica es similar en su rubro?

Hay de todo. Hay gente que es previsora, (pero) son los menos. Hay clientes que te dicen: «Ahora que sé que está más tranquila la cosa vengo a resolver el problema». También fuera de temporada se da que en los trabajos más importantes, por ejemplo las obras para instalar estufas que calientan agua, implican hacer canalizaciones y la gente las deja para ese momento.

¿Cuál es el principal cambio que ha visto en este negocio?

Hay una tendencia, diría mundial, de que todo se fabrique en China. Nosotros hemos hecho una «obstinada» apuesta a fabricar en Uruguay. A veces, pienso que es «obstinada» porque hay números que dicen que en China se fabrica más barato.

¿Y por qué sigue con esa «obstinación»?

Entre otras cosas, cuando se habla de compromiso empresarial a veces se atienden cosas superfluas. Yo creo que el compromiso empresarial es, por ejemplo, mantener la fuente laboral a mucha gente. El importador sin duda que cierra una ecuación de números favorable, pero despide gente y hace de la industria un depósito de productos. A veces hay gente que logra crear mano de obra, pero no es el mismo desafío. Además, nosotros podemos fabricar a medida. De hecho, creo que otra manera de permanencia es que la estufa que hacemos no va en la misma dirección que las importadas. Te diría que las demás estufas se parecen entre sí, la nuestra es distinta. Por ejemplo, las de Blasón atienden a que la leña en Uruguay tiene un cierto tamaño de astilla para poder hacer un fuego cómodo; además tienen una parrilla para asar carnes, pizza o pan, que es una cosa que reivindica todo uruguayo. Después, las otras estufas generalmente son un quemador y «arréglese»: «revístala en yeso, sáquele caños con aire caliente y haga la pared de yeso de nuevo». Nosotros ponemos un producto para que se pueda lucir.

¿Cómo compite en vista de esa diferencia de costos con los productos importados?

Competimos en precio, (pero) sin duda que nuestros márgenes son mucho más pequeños que los del importador. Nosotros pagamos sueldos y todas las cargas sociales. Otra cosa: nosotros sabemos que el salario que le pagamos a nuestros empleados respeta los convenios. Con el producto importado no sabemos qué salario y condiciones laborales tienen los trabajadores, y entra a competir en igualdad acá... ¡pero así está el mundo, amigos! No es fácil de cambiar eso. Estaría bueno poder hacerle un seguimiento a los productos, es decir, ver en qué condiciones llegan, si son realmente un competidor leal.

¿Están enfocados al mercado interno?, ¿evalúan exportar?

La empresa debería intentar llegar a otros mercados, porque es sabido que el nuestro es pequeño. Ahora, no lo hemos intentado.

¿Por qué no?

La pequeña empresa, y la mía en particular, a veces se mueve por carriles que no son los estrictamente aceptados en gerenciamiento empresarial. Uno tiene la visión de que la empresa se autosostenga y le genere unas aceptables condiciones de vida al propietario y a los trabajadores. Eso podría ser para mí un principio. Si fuéramos a Singapur y dijéramos que tenemos ese concepto, nos bocharían totalmente, nos dirían que un empresario tiene que tener la aspiración de expandirse lo máximo posible, de hacer de su empresa una compañía global, de maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas. Con el concepto que uno maneja de antemano es un poco difícil.

Ante la baja del consumo global, ¿qué perspectiva tiene a corto plazo para el negocio?

Todo rubro se ve afectado por el desempeño de la economía. Si la economía está en expansión, tenemos una situación, si la economía está estancada o en recesión, tenemos otra. Una cosa que creo que nos ayuda es que en Uruguay hoy no hay calefacción más barata que la leña usada en forma eficiente y con este tipo de equipos. Esa es una verdad vigente, aunque puede variar. Si un día el gas pasa a valer mucho menos, será un competidor a atender. Hoy (la leña) es lo más eficiente.

El aire acondicionado se ha masificado en los últimos años. ¿No es un competidor directo?

No, porque por ahora el costo de uso del aire acondicionado es mayor que el de la leña. Aparte, el confort es distinto, el calor que te da una estufa a leña de alto rendimiento no se compara. Pensá que este espacio (el salón de ventas) son 208 metros cuadrados, tiene dos cristales de 3,70 por 2,50 (metros), más una claraboya de 6 por 5, más una altura promedio de 3,60 y para calentarlo con aire acondicionado tendrías que tener ocho equipos.

¿Cómo es el gasto en leña en relación a otras alternativas?

Un calefactor puede calentar una casa de hasta 150 metros cuadrados con una tonelada de leña por mes. Esos valores son si lo tuviera prendido todo el día. Digamos que anda entre $ 4.000 y $ 4.500 al mes. Es un gasto, pero calefaccionás la casa las 24 horas. Claro, hay gente a la que le alcanza con media tonelada. Si sabés que tenés la casa a 22 o 23 grados y la ponés a 20 está calefaccionada y gastás mucho menos que si la tenés a 25 grados.

Hoy los consumidores ponen énfasis en temas como la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente. ¿Blasón toma en cuenta esos elementos?

Sí, hay una preocupación. Por eso apuntamos a sacar de la leña el mejor rendimiento, no quemarla en una estufa de combustión abierta. Ahí ya hay un tema muy importante de sustentabilidad.

La rama metalúrgica ha perdido fuentes de trabajo y hay empresas en dificultades. ¿Cuáles son las causas para esa situación?

La metalúrgica está complicada en Uruguay. Veo seguido pasar talleres arriba de camiones que van a la fundición y se han perdido muchos puestos de trabajo. Hay una multiplicidad de razones para eso como la falta de mercado, sistemas de producción obsoletos. Otro tema: cuánto más podríamos producir nosotros si hubiera demanda. Si tuviéramos exportaciones podríamos vender mucho más y cuánta gente más podríamos tener trabajando... Nosotros tenemos en Peñarol un local en el que podrían trabajar 100 personas tranquilamente, tenemos un predio de una hectárea, un galpón con 900 metros construidos y maquinaria para generar más trabajo y ocupar mucho más los elementos que tenemos. Tenemos un autoelevador que cuando compramos unas cuantas chapas lo usamos para bajar paquetes, pero en una empresa que funcione (al máximo) hay una persona en el autoelevador que está cargando un camión y descargando otro. Hoy me cuestiono si se justifica el autoelevador... No lloro más (se ríe).

«Muchas destrezas del hombre son superadas por las máquinas»

La empresa corta chapas y planchas con brazos mecánicos activados por computadoras. Con ese avance de la tecnología, ¿qué relevancia tiene el personal en el sistema de producción?

Eso asusta. Muchas de las destrezas de un operario son superadas por las máquinas. Tenemos lámparas, mesas y sillones cortados por la computadora. Y todavía no hemos hecho algo que debemos, que es darle más protagonismo a esas máquinas. En realidad, deberían cortar todo.

Entonces, los trabajos para los operarios serían los de mayor complejidad y valor agregado...

Por ahora para el plotter de cortes se necesita que alguien lo maneje, por ejemplo. Además, siempre va a haber una participación (humana), porque se precisa diseño y dibujo. Me refiero al diseño de la idea y después el dibujo para que la máquina corte. Es un trabajo de mayor valor agregado. Pero a su vez necesitamos gente cada vez más capacitada. Hoy tenemos gente que quizás no está muy preparada para eso (los automatismos) pero que sí está muy en el tema de la colocación, que es algo muy importante y que a la gente le preocupa mucho.

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