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El adiós de Tevez, una oportunidad para Boca

Su pase al fútbol chino cosechó burlas y enojos entre los hinchas, visto desde el management deja una moraleja y una apuesta a futuro.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Shangai Shenua. El "Apache" firmó por dos temporadas a cambio de US$ 84 millones.

Carlos Tevez volvió a no pasar inadvertido en el mundo del fútbol. Primero por el festejo de la «gallinita» ante River en la Libertadores de 2004. Después por ser un argentino idolatrado en Brasil al jugar para el Corinthians. Luego por salvar del descenso al West Ham, por jugar en los dos clubes de Manchester en años consecutivos, por hacerle ganar casi todo a la Juventus y venir a Boca en su mejor momento, y ganando menos plata, porque le tiraban los colores. Tevez lo hizo otra vez, y de forma más impactante aún, pues ahora se fue a China por dos temporadas: 84 millones de razones lo justifican.

A primera vista, casi en caliente, mandé en mi muro de Facebook lo siguiente: «Vi tantos ‘memes’ hoy que me dieron ganas de hablar del pase de Carlitos. Saco el corazón del análisis y recurro a uno de los ‘mandamientos’ del método de Negociación de Harvard (el llamado Mejor Alternativa al Acuerdo Negociado, o simplemente MAAN) para decidir entre ‘intereses’ y ‘posiciones’. La posición sería pensar en mí sangre azul y oro, que tira obviamente para el ‘que se quede’. Pero si lo miro desde el lado del management, todos los caminos conducen a la conclusión de que Tevez tomó la mejor decisión, y por un par de razones: a) la oferta aparece en el techo de su año (luego de marcarle dos goles a River, ganarle tres clásicos, dejar a Boca puntero y cerrar con un final a toda orquesta contra Colón), y b) Boca no juega la Libertadores en 2017, su tesoro más preciado. Moraleja: tiene más para perder que para ganar».

Embajador xeneize

Muchos fanáticos criticaron la decisión de Tevez argumentando que el dinero lo motivaba. Pero en mi análisis sobre el tema ni siquiera puse el tema dinero, «los US$ 110.000 diarios que ganará o el grado de ego sano que debería darle ser el futbolista mejor pago», escribí en mi columna. Y argumenté: «No lo pongo en consideración pues nadie puede tenerle respeto profesional al diseñador de un ‘meme’ que hable de ‘pesetero’ cuando esa persona hubiera tomado la misma decisión que Tevez de haber estado en su lugar. Solo cabe una palabra: ENVIDIA, y no de la sana. A mí Carlitos ya me demostró que optaba por sus y mis colores cuando vino de la ‘Juve’».

Por otro lado, creo que hay una oportunidad que puede posicionar a Boca. «Lo que sí me gustaría (si ya no lo hizo) es que la dirigencia del club que soy socio fuera inteligente y nombrara a Carlos Tevez como ‘embajador de Boca Juniors’ en China. Todos los clubes grandes del mundo buscan conquistar a los miles de millones de habitantes orientales de distintas maneras. Aquí pensamos siempre la más simple y fácil: traigamos un ‘cuatro’ que hable mandarín. A la dirigencia de Boca le está pasando un tren bala por la puerta de la Bombonera. Su máximo ídolo vigente se va a jugar allá. Los medios chinos no tendrán que pagar a periodistas y camarógrafos pasajes a Ezeiza ni buscar apartamento para quedarse hasta que de la noticia. Con solo tomar un autobus, un tren o un taxi podrán hablar de Argentina... Y de Boca», escribí.

Y recuerdo que rematé con un «¿Se resistiría Tévez a tamaña distinción? Imposible. ¿Lo harán desde Brandsen 805 (sede del club Boca Juniors)? Ojalá ya lo estén haciendo, así me voy enterando».

Comprar historia

Esta bomba atómica con la que despidió el fútbol el año 2016 abre un debate. Desde que el 10 de junio de 1975 debutó Pelé en el Cosmos, países que no tienen raíces futbolísticas salieron a «comprar historia» con nombres rutilantes y billeteras abultadas. Ahora son los chinos, quienes no solo mandan la artillería a tentar jugadores sino que también aprovechan sus participaciones en clubes como Atlético Madrid, AC Milan, Inter y Manchester City, por dar algunos ejemplos.

Lo de Tevez abre un debate, decididamente. Las camisetas de clubes occidentales con inscripciones en mandarín en el pecho, la adaptación de horarios para que los partidos se vean en horas amigables para los 1.357 millones de chinos y ahora la «compra de historia» lleva a pensar dos cosas: a) no es simple intentar tapar el sol con las manos, y b) «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio», como dice Serrat en «Sinceramente tuyo».

* Periodista especializado en empresas y marketing deportivo.

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