MARKETING DEPORTIVO

Adidas y Nike apuestan al futuro de la NBA para dirimir su «guerra»

Rookies y jugadores en ascenso son un argumento de las marcas para tratar de conquistar mercado en la industria del calzado deportivo.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
New kids on the block. El letón Porzingis es la nueva figura de Adidas; Simmons, el número del Draft, fichó por Nike.

Una temporada le bastó para conquistar Nueva York y desde allí, el universo NBA. A sus 20 años, el letón Kristaps Porzingis se convirtió en una de las estrellas con más futuro de la liga de básquetbol más famosa del mundo. El año pasado, en su temporada de rookie (novato), cosechó números que invitaron a los fanáticos de los Knicks a ilusionarse: 14,7 puntos, 7,3 rebotes y 1,9 tapones de promedio por juego. Pero más sorprendente es otra estadística que lo encuentra cuarto en toda la liga: la venta de camisetas.

El furor por el ala-pivot en un mercado como Nueva York insinúa el inicio de un fenómeno comercial. Con buen olfato Adidas lo reclutó como nuevo embajador de marca a cambio de entre US$ 3 millones y US$ 6 millones anuales.

El «fichaje» agrega un nuevo capítulo a la saga que enfrenta a Adidas y Nike por el liderazgo en la industria deportiva. Es que hasta que estampó la firma y salieron las primeras fotos vestido con camiseta y championes con las tres tiras, Porzingis lucía la «pipa» de Nike.

Nueva camada

Reclutar a estrellas en ascenso es un recurso característico de los gigantes de la indumentaria deportiva, pero en los últimos años esa práctica se ha exacerbado. Las marcas ya no esperan a que los jugadores consoliden su rendimiento ni fama, sino que los fichan y se espera que produzcan incluso antes de debutar profesionalmente. Solo este año, Adidas se aseguró a los rookies Brandon Ingram (Los Angeles Lakers), Jaylen Brown (Boston Celtics), Dragan Bender (Phoenix Suns), Kriss Dunn (Minnesota Timberwolves) y Jamal Murray (Denver Nuggets). Ninguno había jugado un minuto en la NBA cuando la marca alemana anunció el acuerdo múltiple.

«Nuestra jugada es simple, asociarnos con los mejores jugadores y usar sus insights para cambiar el juego y conectar con los jóvenes atletas», señaló Chris Grancio, gerente general de Adidas Global Basketball, en un comunicado.

En Nike, el plan tiene la cara de Ben Simmons. El australiano, elegido número 1 en el último draft por los Philadelphia 76ers, es señalado como uno de los íconos de la liga para el futuro. Con esas credenciales, la marca resolvió pagar US$ 7,5 millones por tenerlo posando con sus productos. A su vez, Nike apuesta a otros promisorios talentos como Karl Anthony Towns (Minnesota Timberwolves) y D’Angelo Russell (Los Angeles Lakers).

La nueva camada —que ya protagoniza comerciales para cadenas de ropa, zapaterías y refrescos, entre otros productos— se proyecta como el relevo natural de las estrellas que han acaparado los reflectores en la última década, como LeBron James, Dwayne Wade o Carmelo Anthony.

Detrás de esta puja por apellidos no tan ilustres (al menos todavía) se esconde el verdadero botín que persiguen las marcas en esta «guerra», el jugoso negocio del calzado deportivo, valorado en US$ 55.000 millones en el mundo.

Nike posee el 90% de la categoría en EE.UU. —el principal mercado de la industria—, pero en los últimos años sufrió una caída en sus ingresos ante el ascenso meteórico de Under Armour, que viste a la popular estrella de los Golden State Warriors, Stephen Curry. Para recuperar el impulso perdido, Nike invertirá US$ 1.000 millones en vestir a todos los equipos de la NBA desde la próxima temporada mientras se cuece a fuego lento una nueva generación de talentos que rindan frutos en el parquet y en los negocios.

LeBron manda también en ventas

El astro de los Cleveland Cavaliers, LeBron James, es sinónimo de ventas y una fuente de ingresos para Nike. El basquetbolista lidera las ventas de calzados deportivos en EE.UU., donde su línea «LeBron» factura unos US$ 350 millones al año. La sociedad comenzó en 2003 con un contrato a siete años por una cifra sideral: US$ 90 millones. El año pasado, ambas partes alcanzaron un acuerdo de por vida que le retribuiría al jugador un cheque por US$ 40 millones anuales. La inversión está amortizada.

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