Tendencias - WOBI

Activistas del cambio

El economista francés Thomas Piketty y la periodista canadiense Naomi Klein escriben libros que desafían el statu quo y se convierten en best-sellers.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Impulsores de ideas. El economista Thomas Piketty y la periodista Naomi Klein. (Foto: Wobi)

Están conquistando al mundo con sus ideas. Inspiran y movilizan a millones de personas porque identifican problemas clave, como la inequidad y el cambio climático. Pero no se limitan a criticar; también proponen soluciones. Viajan permanentemente, hablan con políticos y dan cientos de entrevistas televisivas, que luego son compartidas en las redes sociales incontables veces.

Es el caso de Thomas Piketty (44), un economista francés, profesor en la Escuela de Economía de París, especialista en desigualdad económica y distribución de la renta. Autor de varios libros, con El capital en el siglo XXI, publicado en 2013, causó un revuelo global al probar, mediante una sólida investigación y muchos datos, que la inequidad en la distribución de la riqueza ha aumentado desde los años ’80, tanto en Europa como en EE.UU.

Al darle respaldo teórico a sus hipótesis, Piketty dio el puntapié inicial para que los políticos pasen a la acción. Cree que aún es temprano para saber si tendrá verdadera influencia en quienes toman decisiones, pero está convencido de que el poder de las ideas radica en los libros.

El suyo es de lectura accesible para cualquier interesado en el tema y registró récords de ventas, tanto en la versión original en francés como en la traducción al inglés. De hecho, en mayo de 2014 llegó al primer puesto en la lista de libros de no ficción del New York Times.

«En El capital en el siglo XXI relato la historia de los ingresos y la distribución de la riqueza de los últimos 250 años —explica—. Lo que hice fue reunir un montón de evidencia con el fin de fundamentar que la inequidad va en aumento, lo cual repercute en un sistema financiero más frágil para afrontar una crisis. La buena noticia es que todo depende de las instituciones y de las políticas que elijamos. De allí que sea importante la democratización, especialmente del conocimiento, que es lo que trato de difundir». A su juicio, «la democracia es más que elegir y votar». En esencia, está basada en lo que hacemos en nuestra vida, en cada forma de acción política y, sobre todo, en el acceso a la información.

Planteo y solución.

Piketty reconoce que la distribución de la riqueza siempre ha sido desigual, pero un siglo atrás había una clase media más robusta. Y sostiene que lo que realmente importa es que los diferentes estamentos de la sociedad —pobres, medios y ricos— crezcan de manera equiparada. Sin embargo, argumenta que el hecho de que en las últimas décadas los ricos hayan crecido a una tasa mucho mayor que el resto contribuyó a aumentar la brecha de inequidad. «Una situación delicada —afirma— porque, si la clase media siente que paga más impuestos que los ricos —quienes tienen la posibilidad de evadir impuestos migrando su dinero a paraísos fiscales—, lo que está en crisis es el modelo económico». Una crisis que, según Piketty, brinda una oportunidad para cambiarlo. Y propone como solución un sistema progresivo de pago de impuestos a escala global, de manera que los ricos no puedan «evadir» con consentimiento fiscal.

Pero el economista no pretende tener razón, ni que todos estén de acuerdo con sus ideas. Por el contrario, invita a abrir el debate, de modo que cada uno saque sus conclusiones. Porque en eso consiste la democracia: debatir sobre los temas importantes para todos.

Desde abajo.

A su vez, la periodista e investigadora canadiense Naomi Klein (45), de gran peso en el movimiento antiglobalización de principios de este siglo, también ve una posibilidad de dar vuelta el orden económico mundial, pero con el foco puesto en el cambio climático. En su nuevo libro, titulado Esto lo cambia todo: Capitalismo vs. Clima, sostiene que ese fenómeno, más allá de ser un desastre, presenta una oportunidad de exigir y construir un mundo mejor.

«No creo que la gente sea indiferente acerca del mundo que dejará a sus hijos y nietos. Pero el futuro es tan aterrador que la paraliza, y evita pensar en él para no tener que hacerse cargo de la realidad. Sin embargo, precisamente estos momentos de crisis son los que nos ponen a prueba y debemos prepararnos para hacerles frente», dice Klein.

«El actual sistema económico define éxito en función del crecimiento económico —añade—. Ergo, cuando la economía no crece sobreviene una crisis, y cualquier política es válida con tal de volver a crecer, aun si hay que sacrificar la estabilidad del planeta. Lo demuestra, entre otros, el caso de Grecia, un país al que quieren imponerle, como única salida a sus dificultades, esfuerzos para obtener gas y petróleo, lo cual conlleva un enorme riesgo para una economía que se basa en el turismo y la pesca».

Lo que Klein plantea es repensar el problema desafiando el modelo que ha divorciado el cambio climático de las demás preocupaciones. Y afirma que su libro pone de manifiesto que «el cambio climático se está desarrollando bajo el ala de un sistema capitalista concebido para exacerbar la crisis, en especial porque persigue un crecimiento a corto plazo».

Pero la cuestión más grave, según Klein, es que la sociedad ha dejado de creer en la capacidad del sistema de resolver problemas porque perdió la fe en los líderes políticos. Por eso, confía en que el clima pueda ser el disparador que impulse una coalición masiva capaz de dar contexto a la próxima economía.

Para solucionar el tema del cambio climático, su propuesta es invertir masivamente en una infraestructura que nos independice del petróleo. En otras palabras, generar nuevas fuentes de energía y transporte público que nos alejen de la cultura del automóvil.

«Alemania es un buen ejemplo —apunta—: en pocos años pasó de tener un 6% de energía renovable a alcanzar un 25%. Y el avance se debió a que los ciudadanos tomaron el control y votaron por el cambio que las empresas privadas no tenían apuro en hacer». Para Klein, este tipo de iniciativas locales son buenos indicadores porque incitan a otros a encarar acciones pequeñas, como enviar cartas al Parlamento, firmar peticiones, participar en protestas pacíficas. «Con ellas se gesta el verdadero cambio —explica—, porque los políticos son perezosos pero prestan atención al reclamo masivo». Y concluye: «El cambio debe venir de todos nosotros, de manera masiva y con acciones concretas. Aquellos que creen que lo generarán las élites poderosas, lo único que lograrán es sentirse defraudados. En cambio, quienes creen que el cambio es posible desde abajo están empezando a tener esperanza». (WOBI)

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)