OPINIÓN

Volvamos al foco

Los principales aspectos en que se deben concentrar las energías.

Foto: El País
Foto: El País

El pasado sábado 23 de enero, el Presidente de la República confirmó la llegada de una cantidad muy significativa de vacunas a partir de los acuerdos con los laboratorios Pfizer y Sinovac, a lo que se suman las vacunas que se obtendrán por el sistema COVAX. Se trata de una excelente noticia que permite comenzar a ver la luz al final del túnel. Quizás sea buen momento para volver a mirar todos aquellos problemas y tareas pendientes que parece que el COVID-19 opacó por completo.

Lamentablemente, no existe vacuna para los problemas económicos y sociales estructurales. Casi todos los problemas que nos aquejan, más allá del tema sanitario, ya estaban allí antes del COVID. Y van a seguir ahí cuando la pandemia se vaya. La pandemia solo agudizó los síntomas más dolorosos y sacó el foco de las reformas pendientes absolutamente imprescindibles. Llegó la hora de recuperar el foco. En las próximas líneas, comentaremos los dos principales focos sobre los que el gobierno debe concentrar sus energías.

La falta de dinamismo económico no lo trajo el COVID. La economía está básicamente estancada desde 2015. El problema de fondo es la pérdida de competitividad.

La mejora en la competitividad es urgente, tenemos una economía con niveles de inversión muy bajos, producto de su baja rentabilidad. Nos encarecimos sin compensarlo con una mayor productividad que lo justifique. Mejorar la competitividad es complejo y tiene muchos frentes. Implica reducir debilidades macro que han complicado la inflación y el tipo de cambio, reducir los costos logísticos, mejorar la preparación de la mano de obra y avanzar en la estancada agenda de inserción internacional. En este plano, las autoridades deberán redefinir el tamaño y eficiencia del gasto público. Se vuelve imprescindible que el Estado se vuelva financiable; nuestro país tiene el triste récord de tener la presión fiscal equivalente más alta de América Latina. Por último, pero no menos importante se debe dar una discusión seria sobre el futuro y sentido de las empresas públicas monopólicas.

Parece difícil abordar una agenda tan diversa con celeridad. Algunos de los temas implican soluciones de mediano y largo plazo. Sin embargo, es posible avanzar con decisión en, al menos, algunos temas como por ejemplo la inserción internacional, donde Uruguay está muy atrasado en comparación con países de la región y el mundo. Aproximadamente, el 63% de las exportaciones de bienes de nuestro país paga aranceles, en el otro extremo solamente el 13,9% de las exportaciones chilenas y el 12,2% de las exportaciones peruanas lo hacen. 320 millones de dólares de exportadores uruguayos, quedan todos los años en las aduanas del mundo. Las limitaciones para avanzar en este tema las conocemos todos, pero se hace imperioso sobreponernos a ellas, buscar alternativas creativas y lograr mejores condiciones para nuestros exportadores. Nuestros competidores siguen avanzando, no hacer nada es igual a retroceder.

El otro frente en el que se hace imprescindible acelerar la agenda de cambios es en lo social. En 2020, cerca de 100.000 personas cayeron bajo la línea de pobreza; fue el tercer año consecutivo de aumento de la pobreza monetaria. Sin embargo eso no es lo más grave; la fractura social y cultural en nuestro país se viene profundizando incluso desde cuando mejoraron las variables monetarias. Antes de comenzar la pandemia, teníamos muchas personas apenas por encima de la línea de pobreza, pero que eran pobres considerando otras características estructurales. La pandemia, además, aceleró los procesos de cambio tecnológico que agrandan la brecha entre trabajadores calificados y no calificados. De un lado, empleados insertados en las dinámicas económicas globales y, del otro, los demás, condenados a empleos precarios y de baja remuneración. Debemos reformular las políticas sociales en su sentido más amplio. Para que el crecimiento económico pueda ser aprovechado por la mayoría de la sociedad, es necesario que nuestra población tenga las competencias básicas necesarias. En este sentido, la reforma educativa jugará un rol central, no podemos permitir que aproximadamente el 60% de los jóvenes no terminen la educación secundaria en tiempo y forma.

En marzo se cumplirá un año de la llegada del coronavirus a nuestro país. Con un poco de suerte el segundo semestre de 2021 ya será con cierta normalidad. Es hora de volver al foco. Es hora de pisar el acelerador.

(*) Investigador Asociado, Centro de Estudios para el desarrollo (CED). En coautoría con Agustín Iturralde, Director Ejecutivo de CED.

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