Guillermo Dutra

¿Vendajes y ventosas robotizados?

Davos dejó una rotunda conclusión: "La principal razón por la cual han desaparecido más de la mitad de las empresas que desde el año 2000 integraban el listado de Fortune500 es: digital".

Estamos inmersos en una Revolución Industrial que por su escala y complejidad está implicando una transformación de tal magnitud que —lejos a lo que preveíamos en los años noventa— no registra antecedentes.

Y si bien es transversal a todos los sectores productivos, es la Salud uno de los que padece más su impacto. A modo de ilustración Dileep George, investigador en neurociencia de origen indio, manifestó en este foro: imaginen un robot capaz de tratar a los pacientes de Ébola o de hacer la limpieza de los residuos nucleares y en el mismo sentido coincidió la noruega campeona paraolímpica Birgit Skarstein: "a las personas con capacidades diferentes esta revolución industrial nos dará superpoderes".

En consecuencia, se nos disparan inquietudes en saber en qué consiste esta revolución, evaluar las capacidades para resistir tal impacto en Uruguay y así tener en claro, cómo finalmente se asumirán en casa las recetas de abuela durante nuestros próximos resfríos y dolores de estómago.

Trabajo.

Predicciones de un estudio presentado en Davos —y que incluyó México y Brasil— señalaron que estos cambios tecnológicos en los próximos 5 años van a eliminar unos 7,1 millones de puestos de trabajo y a la vez, crear dos millones de empleos. En esa misma oportunidad, expertos también señalaron: el 65% de los niños que están asistiendo a la escuela trabajarán en empleos que hoy no existen.

A través de la fusión de tecnologías y a una velocidad exponencial, esta revolución tecnológica traspasa fronteras hasta ahora infranqueables: on-line accedemos a nuestros análisis clínicos; software es utilizado para descubrir nuevos fármacos; gracias a un argentino emprendedor, ese país cuenta a partir de este año con una red de "Telemamografía" que permite a mujeres que viven en localidades lejanas hacerse un precoz test y recibir sus resultados por celular.

A su vez, médicos haciendo su residencia en un hospital local le sugerían a mi hijo —estudiante de electrónica— que diseñara una Apps a fin de instrumentar un mejor seguimiento de sus pacientes. En resumen, las posibilidades de miles de millones de personas conectadas por dispositivos móviles, con gran poder de procesamiento, capacidad de almacenamiento y acceso a información, son ilimitadas.

Talento.

En este contexto, será el talento humano el bien más preciado y la creatividad se convertirá en una de las habilidades que los ciudadanos, sin importar su situación laboral, van a necesitar para beneficiarse de estas transformaciones y, afortunadamente, poder diferenciarse de los robots. En aras del conocimiento pertinente y de calidad, con más fuerza se demandarán la modernización y apertura de los sistemas educativos así como la existencia de prácticas y mecanismos centralizados de certificación, que faciliten a los trabajadores de la salud la formación continua para conservar su empleo y a las empresas poder acompañar el cambio tecnológico que hoy aborda prácticas médicas, farmacológicas y de diagnóstico.

La salud.

Ahora bien, las reformas implementadas en Uruguay durante los últimos años en la Salud, no solo han implicado cambios importantes vinculados a la cobertura, financiamiento o prestación de servicios sino también en la gestión y demandas de calificaciones. Este sector, clave para el desarrollo sustentable del país, concentra más del 7,5% del empleo existente, emplea mayoritariamente mujeres (73%) y, superando estándares internacionales, la relación de profesionales (médicos, enfermeras y parteras) por cantidad de habitantes es de 63 cada 10.000.

Asimismo, crece la población estudiantil en universidades privadas, la migración de médicos hacia el interior del país y el multiempleo sigue omnipresente.

Interrogantes.

Sin perjuicio, de las polémicas —casi interminables— que generó el arribo del Robot Da Vinci y al déficit de $ 9.500 millones que para el Fonasa prevé el gobierno en 2019, oficialmente se reconoce que en la Salud la regulación y rectoría de los temas referidos a los trabajadores la tienen la negociación colectiva y el MTSS, y que los tópicos atinentes a la formación están bajo la égida de la UdelaR y el MEC. Contextualizar esto en razón de lo anterior provoca sus enigmas:

¿Cuáles son los dispositivos de formación continua que garantizarán a los trabajadores las calificaciones para gestionar el cambio? ¿Cómo se preservará el interés de los usuarios y el público en razón de esta innovación y desarrollo tecnológico? ¿Cómo se facilitará el acceso a servicios que hoy son pensados desde Apps, el uso de Emails, Webs, Dropbox, etc.? ¿Con qué flexibilidad cuentan las estructuras de gobernabilidad vigentes para asumir la inevitable transparencia que esto genera y a su vez, aprovechar inteligentemente las oportunidades que ofrece la articulación Público-Privada?

Por lo pronto, una cosa si es clara, así como dejamos de recibir las largas visitas a domicilio de nuestros médicos de cabecera, también se acabarán las esperas para ver un especialista; de lo contrario existe una alternativa exitosamente probada y es dar a las redes la misma utilidad que prestaron en la "primavera árabe".

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