PAUL KRUGMAN

Los valores progresistas

Esto es lo que pasa en cada ciclo electoral: los especialistas demandan que los políticos ofrezca nuevas ideas al país. Luego, cuando un candidato realmente propone políticas innovadoras, los medios de información prestan poca atención porque persiguen los escándalos o, con demasiada frecuencia, los aparentan.

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Clinton y Trump, el primer debate presidencial de estas elecciones.

¿Se acuerdan de la extensa cobertura del mes pasado, cuando Hillary Clinton expuso su ambiciosa agenda para la salud mental? Yo tampoco.

Si vamos al caso, hasta la exigencia de nuevas ideas es altamente cuestionable, ya que hay bastantes ideas viejas y buenas que no se han llevado a la práctica. La mayoría de los países avanzados implementaron alguna forma de cobertura sanitaria garantizada hace décadas, si no generaciones. ¿Significa esto que deberíamos desestimar el Obamacare como algo que no es la gran cosa porque solo se trató de implementar una agenda vieja y deslucida? Los 20 millones de estadounidenses que consiguieron la cobertura podrían no estar de acuerdo con eso.

No obstante, realmente hay algunas ideas nuevas e interesantes que están surgiendo de una de las campañas, y podría sostenerse que nos dicen mucho de cómo gobernaría Clinton. ¿Qué hay del otro lado? ¿Acaso los republicanos no están ofreciendo nuevas ideas? Bueno, supongo que proponer juntar y deportar a 11 millones de personas cuenta como una idea nueva. Y los republicanos en el Congreso parecen haber superado su tradición de proponer recortes fiscales que reportan la mayoría de los beneficios para los acaudalados. Ahora, en su lugar, están proponiendo reducciones fiscales que reporten todos los beneficios al uno por ciento.

De vuelta a Clinton: gran parte de su agenda política podría caracterizarse como una tercera parte de la gestión de Obama, construyendo sobre las políticas de centro izquierda de los últimos ocho años. Eso apenas si sería un asunto trivial. Por ejemplo, estimaciones independientes indican que con las mejoras que propone a la Ley de atención asequible se extendería la cobertura sanitaria a cerca de 10 millones más de personas, mientras que la derogación de la Ley que propone Donald Trump causaría que unas 20 millones de personas la perdieran.

Además de defender y extender los logros del presidente Barack Obama, Clinton está impulsando una agenda distintiva, centrada en torno al apoyo a los padres trabajadores.

Un punto de esa agenda implica 12 semanas de licencia de familia, con goce de sueldo, para cuidar a los niños recién nacidos, ayudar a parientes enfermos o recuperarse se alguna enfermedad o lesión. Oh, y por si se estaban preguntando, Trump, quien ha ofrecido su propia versión trillada de un plan de licencia por maternidad, mintió descaradamente cuando dijo que su oponente no tenía semejante plan. ¿Les sorprende?

Otro punto todavía más sorprendente implica ayudar en diversas formas a las familias con niños pequeños, en especial por medio del preescolar universal y los desembolsos públicos —subsidios y créditos fiscales— para reducir el costo de la atención infantil (la campaña establece un objetivo de no más de 10% del ingreso.)

Y todo lo que sabemos, tanto sobre los intereses de largo plazo de Clinton como de sus opciones actuales de asesores, indica que ella aprecia los temas centrados en la familia. Me impactó personalmente la opción del equipo de campaña de escoger a Heather Boushey, una destacada experta en temas de equilibrio de la fuerza de trabajo, como principal economista del equipo de transición de Clinton.

Sin embargo, ¿por qué ayudar a los padres que trabajan debería ser tal prioridad? A mí me parece que es un intento por centrarse en los problemas del Estados Unidos real, no el Estados Unidos blanco y rural de las fantasías de la derecha, sino el Estados Unidos real, en el que viven la mayoría de nuestros compatriotas. Y ese Estados Unidos es uno en el que los padres que trabajan son la norma, en el que las madres que se quedan en la casa son una minoría distintiva, y en el cual el problema de cómo cuidar a los hijos mientras que se trata de llegar a fin de mes es central en la vida de muchas personas.

Los números son asombrosos: 64% de las mujeres con hijos menores de seis años están en la fuerza laboral remunerada, en comparación con 39% en 1975. Sin duda que la mayoría de estas madres trabajadoras trabajan por necesidad económica y nosotros, como sociedad, necesitamos encontrar una forma de reconciliar esta realidad con la necesidad de criar bien a nuestros hijos.

Supongo que un purista del libre mercado podría cuestionar por qué necesitamos políticas gubernamentales para ayudar a lidiar con esta nueva realidad. Sin embargo, somos, después de todo, hablando del destino de los niños que, hasta cierto punto, una responsabilidad común. Más aún, la atención infantil se reduce al hecho de que estamos lidiando con personas, no con cosas, no podemos confiar en los mercados que no están regulados para que brinden un resultado decente.

Así es que quienquiera que se queje de que no hay ideas grandes y nuevas en esta campaña, simplemente no está prestando atención.

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