Fernando De Léon - Analista - MBA Babson College

El Uruguay que se viene

Hace poco más de un año tuve la oportunidad de exponer, en estas páginas, algunas reflexiones acerca de los desafíos y oportunidades con los que a mi juicio contaba el Uruguay en aquel entonces ("Provocateurs: diversidad e innovación", Economía & Mercado 27/10/2014).

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"Abrirnos al mundo como país es una necesidad".

Definitivamente, el mundo de hoy no es el mismo al de hace un año. El vecindario se presenta complejo con un Brasil en recesión, cuya performance nos retrotrae a los peores vaivenes históricos de ese país. Esta situación, agravada por la masiva pérdida de capital político del partido de gobierno, limita significativamente la capacidad del sistema en su conjunto de instrumentar las reformas necesarias tendientes a disminuir un malestar social creciente, y una situación económica preocupante.

Argentina refrendó en las urnas el sentir de una mayoría que expresó con su voto la necesidad de un cambio de formas y de rumbo, y de poner la casa en orden tras largos años de disfuncionalidades sistémicas. Así, la novel administración Macri promete enfocarse en la revisión profunda de no pocos aspectos otrora gestionados deficientemente, y que poseen impacto significativo en casi todo el quehacer nacional.

Si bien positivo en un amplio sentido, este cambio de funcionamiento agrega incertidumbres, al menos transitorias, principalmente en lo referente al valor relativo del peso argentino respecto al dólar que, por sentido común, debería tender a converger a valores más similares a los transados en los mercados paralelos.

Sin lugar a dudas, la normalización de los niveles de inflación, la adecuación del gasto público, y medidas de índole comercial como ser la revisión de la política de retenciones, entre muchas otras, tendrán incidencia en los flujos comerciales y financieros de la región. Esto, sumado a la drástica depreciación del Real en Brasil, posiblemente genere una mayor presión sobre la competitividad de Uruguay, si es que la evolución del valor de nuestra moneda continúa desacoplada de la tendencia regional y mundial, como lo ha venido estando hasta ahora.

El 2016 será un año de desafíos para Uruguay. La dicotomía existente entre inflación y depreciación está siendo, justificadamente, centro de atención de agentes económicos, y motivo de preocupación del gobierno. Presiones inflacionarias, necesidad de ir hacia un tipo de cambio más competitivo, reordenamiento de las cuentas públicas y cumplimiento del programa de gobierno, son el foco de una discusión presupuestal a la luz de una economía en desaceleración.

Además, y sin pretender ser exhaustivo, existen temas de importancia fundamental como ser la definición poco clara de Uruguay respecto a su inserción internacional. Hoy, a la luz de una visión afortunadamente más pragmática del Presidente Vázquez respecto a un "regionalismo abierto" que trascienda al Mercosur, se busca tender a corregir, o al menos subsanar, un aspecto que tuvo un lamentable cierre, en mi opinión en forma lastimosamente errónea, al decidir salirse de las conversaciones preliminares respecto del TISA. Este tema, a mi juicio de fundamental relevancia, podría llegar a encontrar en este nuevo contexto regional, la coherencia necesaria que finalmente anime al Uruguay a abrirse inteligentemente al mundo.

Volviendo a las reflexiones realizadas el año pasado en el artículo mencionado, reitero y enfatizo, básicamente, tres conceptos: en primer lugar, que el reacomodamiento de las economías regionales y mundiales constituye para el Uruguay una importante cantidad de desafíos y oportunidades. En segundo lugar, que el país, a pesar del ciclo actual, se encuentra intrínsecamente bien posicionado para campear la tormenta, principalmente si es capaz ,y aquí traigo a colación el tercer punto, de cambiar y adaptar a la realidad lo que no funciona bien, y de mejorar lo que sí lo hace. Y respecto a esto último, subrayo la importancia de saber capitalizar el momentum para implementar medidas correctivas y de mejora.

Ciclos de ralentización como el actual ponen de manifiesto la necesidad que tenemos como sociedad de discutir a conciencia el país que pretendemos, ponernos de acuerdo en ello, y tomar decisiones y ejecutarlas consistentemente. Y de esperar del sistema político liderazgos claros, sin titubeos, y con alineamientos consecuentes.

Escenarios tan dinámicos exigen que no podamos, ni debamos, retornar a discusiones anacrónicas y maniqueas, en las que se solía insistir en la validez de modelos de crecimiento autárquico. Abrirnos al mundo como país y como región, ya no es una opción, sino una necesidad. Otros ya lo están haciendo más, y mejor que nosotros.

Por tanto, aspiro expectante para los próximos tiempos, a la culminación de una discusión presupuestal y una conducción política y económica adogmática, pragmática, e inteligente, que reconozca y contemple la necesidad real de Uruguay de dejar atrás posturas que limitan la capacidad de los agentes de fomentar un ambiente atractivo a las inversiones genuinas, las cuales redundan en trabajo de calidad que, en última instancia, constituye la mejor política social. Bienvenido sea 2016.

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