OPINIÓN

Uruguay y su camino hacia el desarrollo

"Gastar mejor, priorizando la calidad, será un tema imprescindible en el camino hacia el desarrollo".

Foto: archivo El País
Foto: archivo El País

La economía de Uruguay es significativamente más saludable que hace 40 o 50 años. Desde la recuperación democrática se han procesado reformas significativas. Tenemos una economía mucho más abierta hoy que en la década de los años ´80, la pobreza ha bajado significativamente y nos hemos acostumbrado a inflaciones por debajo del 10% anual. Estas mejoras, sin duda, están en la base del crecimiento excepcional que tuvimos entre 2003 y 2014.

Una economía más razonable nos permitió aprovechar oportunidades que anteriormente nos pasaban por el costado. Sin embargo, quedan tareas pendientes si queremos ser un país desarrollado y no simplemente uno de los más prósperos de la región.

En algunas áreas, el país está bien o muy bien: libertades individuales e institucionalidad por ejemplo. Hay otras en las que los próximos gobiernos deberían enfocarse si quieren hacer posible un Uruguay desarrollado. En los próximos párrafos presentaremos cinco desafíos claves que nuestro país debe abordar: educación, fragmentación social, fiscalidad, inserción internacional y competitividad. Naturalmente no se trata de una lista taxativa ni exhaustiva.

Educación. Sobre la imprescindible reforma educativa es poco lo que se puede agregar. Organizaciones como Eduy21 han puesto propuestas concretas en la mesa. Hay indicadores educativos en los que estamos peor que varios vecinos mucho más pobres que nosotros. Menos jóvenes de entre 15 y 17 años tienen 9 años de educación completos en Uruguay que en Colombia, Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú, Argentina y Chile. Es difícil exagerar con respecto a la urgencia de realizar una profunda reforma educativa.

"Gastar mejor, priorizando la calidad, será un tema imprescindible en el camino hacia el desarrollo".

Agustín Iturralde
Agustín Iturralde*Analista invitado

SOCIEDAD.

En segundo lugar se hace imprescindible abordar la fragmentación social. Es indudable que la pobreza monetaria se redujo muy significativamente desde el fin de la dictadura hasta ahora desde un 46% en 1985 a menos de un 8% hoy en día. Sin embargo, esta significativa mejora en los ingresos de los hogares no parece tener correspondencia en otros indicadores sociales no monetarios.

La persistencia de los asentamientos o la explosión de la violencia son algunos de los elementos que nos hablan de problemas importantes de integración social. Desde el CED presentamos en 2018 la hipótesis de una divergencia sociocultural entre los barrios de la ciudad de Montevideo; este año 2019 vamos a seguir trabajando en propuestas concretas de política basadas en experiencias de ciudades que han experimentado desafíos similares y han logrado avanzar.

FRENTE FISCAL.

Hablar del tema fiscal es aburrido para la mayoría, sin embargo la evidencia lo pone como un elemento crítico para lograr un crecimiento sostenible. Nuestro país, mejoró mucho su manejo fiscal en las últimas décadas sin embargo restan desafíos importantes, en particular dos.

Primero controlar la pro ciclicidad del gasto; los gobiernos siguen gastando de más en las fases altas del ciclo y como contracara se recurre a ajustes bruscos en fases bajas. Es necesario establecer algún tipo de regla fiscal que limite la discrecionalidad de los gobiernos para aumentar el gasto.

En segundo lugar, debemos abordar con seriedad una mejora de la calidad del gasto público. La discusión y asignación de recursos debe actualizarse priorizando la asignación por resultados y no la simple discusión del monto. Gastar mejor será parte imprescindible en el camino al desarrollo. También en este sentido estamos trabajando en el CED junto a la Academia Nacional de Economía, FCEA y CPA.

APERTURA. 

En cuarto lugar, debemos avanzar con mayor agresividad en materia de inserción internacional. No existen experiencias de economías pequeñas, cerradas y prósperas. La prosperidad de un mercado de 3 millones de personas depende necesariamente de su integración a mercados mayores. Se avanzó hasta fines de los años ´90, pero luego nos estancamos. El IVC (Índice de Vulnerabilidad comercial) publicado en 2018 por el CED, muestra que en la última década, países como Chile, Nueva Zelanda o Australia mejoraron significativamente su acceso preferencial a mercados, mientras que nosotros estamos básicamente estancados.

COMPETITIVIDAD. 

Finalmente, mencionar un tema amplio: la mejora de la competitividad del país. Hay dos formas de ser competitivo, tener costos bajos o productividad alta. Quienes queremos un país desarrollado debemos apostar fuerte a lo segundo, un país de alta productividad que pueda financiar buenos salarios y servicios públicos. Claro que esto requiere reformas, inversión en infraestructura, un tipo de cambio competitivo y relaciones laborales modernas que incorporan la productividad entre otros temas.

Uruguay puede ser un país desarrollado, no hay ninguna razón para conformarse con menos que eso. El camino no es simple y puede incluir reformas con dolores. Pero es el camino maduro hacia una sociedad más próspera, justa y libre.

(*) Director académico del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED).

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