GUILLERMO DUTRA

¿Tú también, Unesco?

La Unesco ha priorizado —quizás para algunos, tal cual Brutus en los idus de marzo— la Educación Técnica y la Formación Profesional (ETFP) con miras a apoyar la aspiración global de alcanzar el desarrollo sostenible para 2030.

Su tradicional agenda que ponía énfasis en la alfabetización, el cuidado del "Patrimonio de la Humanidad" y últimamente los temas ambientales, consolidó una estrategia para el período 2016- 2021 en un tema bien crítico para esta región y Uruguay.

En esto se incluye la enseñanza, la formación y la adquisición de destrezas relativas a una gran variedad de sectores ocupacionales, actividades de producción, servicios y medios de subsistencia. La ETFP puede así impartirse en los niveles secundario, postsecundario y superior, abarca también el aprendizaje en el trabajo y la formación permanente y el desarrollo profesional que pueden conducir a la obtención de certificaciones. Definitivamente, el pilar que asegurará el desarrollo sostenible —de la otrora ciudad Estado— es la formación a lo largo de toda la vida de los ciudadanos.

Los móviles aducidos por esta Agencia Especializada de Naciones Unidas —en temas de educación más que laborales— están vinculados, nada más ni nada menos, que con las posibilidades de promover el empleo en una economía cada vez más basada en el conocimiento y el cambio tecnológico. Previendo un escenario global nada fácil, llamó la atención de sus Estados miembros haciéndoles ver que será preciso crear al menos 475 millones de nuevos puestos de trabajo en la próxima década para absorber a los 73 millones de jóvenes actualmente desempleados y a los 40 millones que ingresan por año al mercado de trabajo. Al mismo tiempo, retomando las encuestas de la OCDE, ha indicado que tanto los empleadores como los jóvenes, consideran que una mayoría importante de graduados están insuficientemente preparados para el mundo laboral. En muchos países el sector informal y el de la economía rural tradicional siguen siendo una fuente importante de empleo. En la actualidad hay en todo el mundo 1.440 millones de trabajadores en situación laboral vulnerable. Asimismo, las tecnologías digitales se han expandido rápidamente y repercutido en todas las disciplinas, economías e industrias y en el mundo del trabajo.

El valor estratégico que se le ha dado a la ETFP parte en reconocer su capacidad para dotar a los jóvenes —futuros legionarios del trabajo— con las competencias necesarias, incluidas aquellas vinculadas con el emprendedurismo. Lo expuesto contempla cambiante demanda de calificaciones de las empresas y "aumentar la productividad y los niveles salariales". Clara constancia se ha dejado además, que tales propósitos en ningún momento implicarán descuidar aquellos valores de la República que buscan la inclusión de personas poco cualificadas, subempleadas o desempleadas, o jóvenes desertores del sistema educativo o que no trabajan ni estudian.

Admitamos que esta estrategia nada ajena resulta para estos territorios marcados por la desconexión entre la formación que ofrece el sistema educativo y las competencias que demanda el mundo productivo. Ésta es la región que mayores dificultades registra, con un 36% de empresas del sector formal que declara tener problemas para encontrar una fuerza laboral adecuadamente formada. Resultado que contrasta con el 21% del promedio mundial y un 15% en los países de la OCDE. Las empresas con procesos productivos intensivos en competencias son las que enfrentarían las mayores dificultades, en particular las pertenecientes a sectores con mayor grado de sofisticación, conectividad y complejidad dentro del conjunto de industrias transables. Lo expuesto resulta desafiante, considerando que estos sectores pueden ser clave para el proceso de transformación estructural hacia una matriz productiva con industrias de mayor valor agregado y mejor productividad.

Con el objetivo de maximizar resultados, la Unesco ha previsto apoyo para que los países realicen análisis de sus cambiantes contextos económicos, sociales y ambientales, y prevean las necesidades para sustentar las políticas y programas de ETFP. En ello se inscribe la creación de plataformas regionales y sectoriales encaminadas a facilitar la participación del sector privado.

Mirando hacia Uruguay con esta agenda en mano, y sintiendo el peso de la lejanía que —al igual que con Roma— hoy se tiene con la Unesco, hay un factor que se suma y nos presiona en materia de productividad: en dos décadas se iniciará una etapa de "progresivo envejecimiento de la población" que determinará la desaceleración continua del crecimiento y finalización de nuestro "bono demográfico". Con estas proyecciones y los malos resultados que venimos acumulando en la educación, la ETFP aquí y ahora no tiene otra escapatoria que dar mejores respuestas a los estándares de productividad que se requieren. Ahora bien, ¿en la evaluación de impacto de la ETFP se incluye la mejora de la productividad de las empresas, el aumento de su capacidad para innovar y el crecimiento económico? Todo indica que el registro histórico que tendrán las actuales políticas públicas será bien diferente al alcanzado por los romanos. Finalmente, ¿quién será nuestro Julio César que se atreva a cruzar el Rubicón?

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