NÉSTOR GANDELMAN

El trilema de políticas

El verano, alejado de las preocupaciones coyunturales, parece un tiempo adecuado para considerar algún tema clásico de economía. De paso, nos ayuda a entender el marco internacional en el que vivimos, algunas decisiones de política que por acción o inacción marcan nuestro futuro y el reciente debate sobre las tradicionales predicciones económicas de fin de año.

Este artículo se basa en conceptos hoy ya consideradas clásicos que se desprenden de variantes del llamado modelo de Mundell-Fleming. Los artículos originales de Robert Mundell y Marcus Fleming fueron publicados a comienzos de los sesenta. La relevancia teórica y práctica de estos ha llevado a que se diga que el área de economía internacional puede reducirse a entender que los gobiernos enfrentan un trilema de políticas. El trilema también es conocido como la trinidad imposible o la trinidad inconsistente de Mundell-Fleming.

Dos de tres.

El trilema establece que un país (esencialmente su banco central) debe optar entre (a) permitir libre movilidad de capitales, (b) aislar su tipo de cambio de shocks externos y (c) mantener autonomía monetaria. No es posible lograr los tres, se debe optar por dos y relegar el tercero.

La necesidad por optar por dos de los tres objetivos, deja en manos de las autoridades tres posibles combinaciones de políticas. En primer lugar, un país podría querer fijar el valor de su moneda en relación al resto del mundo (objetivo b) y tener una política de tasas de interés exenta de influencias del resto del mundo (objetivo c). En ese caso no podrá permitir la libre movilidad de capitales a través de sus fronteras (objetivo a). Esto se debe a que si la combinación de tasas de interés y tipo de cambio determina una rentabilidad mayor a las tasas internacionales se generará una tendencia al ingreso de capitales. O se controla esta entrada de capitales o se permite que los mismos presionen sobre la demanda de moneda nacional y por ende que terminen afectando el tipo de cambio.

Una segunda alternativa de políticas es un tipo de cambio estable, controlado por la autoridad monetaria según su voluntad de mantener el tipo de cambio real, y libre movilidad de capitales. En este caso, no es posible tener una política monetaria independiente que fije una tasa de interés diferente de la tasa internacional. Se pierde de esta manera la capacidad de, mediante política monetaria, intentar moderar vaivenes en el ciclo económico.

Una tercera alternativa es una política monetaria independiente y un tipo de cambio controlado lo que implicaría restringir la libre movilidad de capitales. En caso que se considere que las barreras al libre flujo de capital son indeseables o difíciles de llevar a la práctica la tercera alternativa no es tal y el trilema se reduce a un dilema. El gobierno debe optar por tener política monetaria independiente y tipo de cambio flotante o por controlar el tipo de cambio y subordinar la política monetaria.

Uruguay y más.

Durante el 2016 hemos visto como el BCU ha cambiado sus prioridades en este punto. La política monetaria contractiva que se llevó adelante para atacar la inflación (que había pasado los dos dígitos al terminar el primer trimestre) fue en la práctica una forma de priorizar política monetaria independiente (objetivo c) sobre la evolución del tipo de cambio (objetivo b). En definitiva, este cambio de prioridades políticas es lo que provocó que las predicciones del tipo de cambio de diciembre 2015 para fin del 2016 hayan estado muy por encima del valor al que efectivamente cotizó. Los escenarios considerados por los colegas se construyeron sobre la base de una serie de prioridades banco-centralistas que sus autoridades revisaron en el correr del año. Permítanme recalcar que el objetivo de esta nota no es justificar a mis colegas que bien pueden hacerlo por si mismos ni defender a la profesión de la necesidad de hacer una autocrítica como algunos actores políticos solicitaron. Por el contrario, la teoría económica cierra perfectamente con la evolución de la economía nacional. Lo que debemos saber es en que vértice del trilema estamos. De fondo subyace el tema de credibilidad de políticas.

Más lejos del país, pero no del trilema, los países de la Unión Europea han realizado también una opción al respecto. Sin establecer barreras al flujo de capitales entre ellos y manteniendo una forma extrema de tipo de cambio fijo en su moneda única, no tienen posibilidad de hacer política monetaria independiente. Esta subordinación de la política monetaria es más tolerable para los países cuyos ciclos económicos son más parecidos a los de Alemania como principal potencia regional. España y Grecia por otro lado han pagado el costo de no tener independencia monetaria con tasas de interés demasiado bajas durante años de boom y muy escaso margen de maniobra en los años de crisis.

Finalmente, la crisis del peso mexicano (1994-1995), la crisis asiática (1997-1998) y la argentina (2001-2002) son casos en que los responsables de política no tomaron en consideración las limitantes del trilema. Temporalmente y en marcos internacionales propicios creyeron e hicieron a muchos creer que superaban sus restricciones, pero conocemos el final de estas historias. A veces, tener más objetivos que los que se pueden lograr no es señal de una sana ambición sino de soberbia, y según como se den las circunstancias puede terminar en descalabros mayúsculos.

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