OPINIÓN

Tres claves para el desarrollo en Uruguay

Las cosas pueden ocurrir “porque sí”, por el simple paso del tiempo, por costumbre, por innovación y disrupción aislada, o pueden ocurrir de forma planificada, diseñadas estratégicamente para aprovechar mejor nuestras fortalezas y oportunidades. 

Foto: Pixabay
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¿Cuál de estas dos visiones logrará maximizar resultados? Indudablemente, la gran mayoría optará por responder que cuanto más planificadas y analizadas las iniciativas puestas en marcha, se obtendrán mejores beneficios y retornos. 

Aplica también para el desarrollo productivo de los países y en particular para el nuestro. Por supuesto que este tipo de análisis debe ser dinámico. Las formas de producir cambian, la tecnología evoluciona y las personas sienten mayor afinidad o sensibilidad para dedicarse a tal o cual tarea.

Por tanto, estas líneas son una invitación a realizar una pausa en la vorágine electoral. Para pensarnos y repensarnos, de por dónde pasan las claves productivas que nos acercarán al desarrollo. En tiempos y geografías que se caracterizan por cierta escasez de recursos fiscales, la priorización y selectividad pasan a ser decisivas en la consecución de objetivos. Esta limitante nos lleva a la primera interrogante: ¿A qué sectores productivos debemos priorizar?

Otra característica de nuestro tiempo es, más allá de retrocesos internacionales de tipo coyuntural, la apertura económica y comercial de los países. Esto provoca inequívocamente que las diversas naciones deban concentrarse en producir aquellos bienes o servicios para los que son eficientes y adquirir del resto del mundo aquellos bienes o servicios para los cuales no se es eficiente o directamente se carece.

Forzar la máquina de la ineficiencia, por un aparente beneficio presente, es asumir irresponsablemente costos futuros. Para no hacer mención a cuestiones de tipo local o regional, pensemos en el sistema de protección de producción agrícola europeo, el costo de su protección excede el costo económico de afrontarlo. Pone en juego negociaciones con terceros bloques o países y coloca al viejo continente en un extraño pero frecuente síndrome de “haz lo que yo digo pero no lo que yo hago”. En suma, este análisis nos lleva a la siguiente pregunta: ¿Para qué somos buenos? ¿En qué sectores encontramos eficiencias o ventajas comparativas?

Además, a la hora de pensar en donde colocar énfasis de promoción, debemos tener en cuenta otros dos grandes factores. Que lo producido sea realmente demandado y apreciado (podemos ser muy buenos en algo pero que carece de valor) y a la vez que genere la mayor cantidad de empleo posible. Porque si bien este punto ha quedado para el final en el criterio de análisis, es el objetivo subyacente de toda planificación productiva nacional: la creación de empleo genuino como medio de vida y realización de la persona.

Llegado este punto, propongo sin pretender agotar aquí el análisis, intentar responder las interrogantes expuestas a través de lo que creo, son las tres claves a priorizar para avanzar hacia el desarrollo.

La primera es aprovechar nuestros recursos naturales para continuar produciendo alimentos. Hemos probado que no solo sabemos producir alimentos de buena calidad, sino que también conseguimos rendimientos eficientes de los recursos. Este factor debe actuar de forma integrada con otros sectores de actividad nacional. Hoy no se concibe la producción agropecuaria sin la intervención de servicios profesionales, sin investigación y desarrollo y sin la incorporación de tecnología. Aquí tres tipos de productos por su impacto en el empleo sectorial, y arraigo social rural deberían ser prioridad: carne, lácteos y arroz. En un mundo que evoluciona, la aparición de nuevas formas de producir, incluso de generar proteínas de probeta, seguramente hagan valorizar a través del tiempo al producto natural, alimentado a pastura, 100% trazable, sin hormonas, ni antibióticos ni otras proteínas de origen animal (Never Ever 3). Además de atributos diferenciadores como una “Marca País”.

Una segunda clave es el desarrollo de eslabones productivos de tipo industrial de ciertas cadenas globales o regionales de valor. Por nuestra escala y condiciones, difícilmente podamos desarrollar el concepto de industria total; posiblemente arriesgar recursos con este fin termine por forzar la máquina de la ineficiencia. Por el contrario, debemos identificar e intentar posicionarnos en la fabricación de partes de algún proceso industrial en el que podamos ser particularmente buenos o encontremos ventajas competitivas. A modo de ejemplo, nuestro vecino, Argentina tiene la reserva de litio más importante del planeta, seguramente sea el “petróleo” de las próximas décadas. Hay trabajo de especialización para transformar ese recurso natural en energía consumible (baterías) e investigación para realizar una utilización cada vez más eficiente de ese recurso. Tenemos desafíos concretos para identificar clusters industriales en los cuales poder aportar nuestro eslabón productivo.

La tercera clave está los servicios. El comercio mundial de servicios se ha comportado mucho más dinámico que el de bienes. En general, es capaz de generar mayores oportunidades y con mejor remuneración. El valor en el mundo migra desde lo hard a lo soft, desde la propiedad al uso, desde los bienes a los servicios. Uruguay viene demostrando que tiene condiciones para destacarse en la materia. Hoy ya nuestro principal ítem de exportación no es un bien, es un servicio y se llama turismo. Pero no solo turismo, los servicios en sentido amplio y, en particular, los vinculados con el uso de la informática y la tecnología. En estos días, Yahoo Finance destacaba las condiciones de nuestro país para el desarrollo de estas actividades, algo sumamente compartible.

En fin, como quizás se habrá notado, hay dos ingredientes que serán condición necesaria para poder avanzar en este sentido: no es viable nuestro desarrollo productivo sin inserción internacional. La que debe ser diversa, inteligente y útil. Y el segundo, es la formación y educación, a riesgo de no pode avanzar por carencia de calificación.

El futuro ya llega, el mundo no nos espera, pero estamos a tiempo.

(*) Director de la Maestría en Dirección de Empresas de la UCU Business School

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