Paul Krugman

Tres casos que son un buen ejemplo

Punto 1: El CEO de Volkswagen ha renunciado tras revelaciones de que su empresa cometió un fraude de magnitud épica, instalando software en sus automóviles a diesel que detectaba cuando sus emisiones estaban siendo sometidas a pruebas, y producía resultados engañosamente bajos.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
No hay señales de que políticos alemanes estuvieran al tanto que VW manipulaba pruebas. Foto: Reuters

Punto 2: El ex presidente de una empresa de cacahuates fue condenado a 28 años de prisión por haber enviado a sabiendas productos contaminados que mataron más tarde a nueve personas y enfermaron a 700.

Punto 3: Los derechos sobre un fármaco empleado para tratar infecciones parasitarias fueron adquiridos por Turing Pharmaceuticals, que no se especializa en el desarrollo de nuevos medicamentos sino en comprar fármacos existentes y subirles el precio. En este caso, el precio pasó de 13.50 dólares por tableta a 750 dólares.

En otras palabras, han sido unos cuantos días buenos para conocedores de depredadores de negocios.

Sin duda que, como cualquiera que destaque lapsos éticos por parte de algunas empresas, me acusarán de satanizar a los negocios. Sin embargo, yo no estoy alegando que todos los hombres de negocios son demonios, solo que algunos de ellos no son ángeles.

Resulta que hay gente en el mundo corporativo que hará lo que sea necesario, incluyendo fraude que mata a personas, a fin de ganarse un dólar. Además, nos hace falta normas efectivas para vigilar ese tipo de mala conducta, no en menor medida para que empresarios éticos no estén en desventaja cuando compitan con tipos menos escrupulosos. Pero, sabíamos eso, ¿cierto?

Bien, solíamos saberlo, gracias a los aireadores de escándalos y reformistas de la Era Progresista. Sin embargo, el Presidente Ronald Reagan insistió en que el gobierno siempre es el problema, nunca la solución, y esto se ha convertido en dogma de la derecha. Debido a esto, una importante parte de la clase política de Estados Unidos ha declarado la guerra incluso en contra de las regulaciones más claramente necesarias. En efecto, demasiados actores de importancia argumentan que los negocios no pueden hacer mal alguno y que no corresponde al gobierno de manera alguna limitar la mala conducta.

Un buen ejemplo de esto: esta semana Jeb Bush, quien tiene un asombroso talento para la mala sincronía, optó por publicar un artículo de opinión en The Wall Street Journal denunciando a la administración Obama por emitir "una ola de reglas que mata a la creatividad y asesina empleos". Pasemos por alto el mal uso que él hace de estadísticas elegidas especialmente, o el hecho que el empleo en el sector privado ha crecido mucho más rápidamente bajo las políticas "asesinas de empleos" del Presidente Barack Obama que comparado con la administración del hermano de Bush.

¿Cuáles son las regulaciones terribles, injustificadas, que Bush se propone eliminar?

La normatividad sobre el carbono debe desaparecer, por supuesto, ya que no hacer nada con respecto al cambio climático se ha convertido en una parte esencial de la identidad republicana. Lo mismo va para el sistema de salud conocido como Obamacare.

Sin embargo, Bush también propone deshacerse de reglas con respecto a la disposición de ceniza de carbón, producto derivado de plantas generadores de electricidad que queman carbón que contiene mercurio, arsénico y otros contaminantes que pueden causar problemas de salud, si se filtran a los mantos freáticos o son dispersados en el aire como polvo. ¿Acaso el intento por limitar estos riesgos suena como una acción arbitraria y carente de sentido?

Después está la educación con fines de lucro, industria destruida por el fraude —ya que es muy difícil para los estudiantes evaluar lo que están recibiendo— que deja a muchos jóvenes con onerosas deudas y ninguna perspectiva real de mejores empleos. Sin embargo, Bush denuncia los intentos por una limpieza. ¡Ah!, y denuncia a la administración por "regular internet como una empresa de servicio público", lo cual puede sonar raro hasta que uno se percata de que lo que está siendo regulado realmente son los proveedores de servicio de internet, quienes enfrentan poca o ninguna competencia en muchos mercados locales. ¿Mencioné que en Europa, donde se requiere que los proveedores de internet se adapten a la competencia, la banda ancha es mucho más rápida y mucho más barata de lo que es aquí?

Finalmente, pero no por eso de menor importancia, Bush se pronuncia por una reducción de la normatividad financiera, repitiendo el argumento totalmente desacreditado en el sentido que la ley Dodd-Frank efectivamente fomenta que los bancos se vuelvan demasiado grandes para fracasar. (Los mercados no están de acuerdo: a juzgar por sus costos de endeudamiento, los grandes bancos han perdido, no ganado, desde que la ley Dodd-Frank entró en vigor.)

La cuestión es que Bush no está equivocado al sugerir que se ha dado un movimiento hacia atrás, hacia más regulación, bajo Obama, movimiento que probablemente continúe si un demócrata gana el próximo año. Después de todo, Hillary Clinton dio a conocer un plan enfocado a limitar precios de fármacos al mismo tiempo que Bush estaba desatando su diatriba en contra de la regulación.

Sin embargo, el repunte regulador está teniendo lugar por una razón. Quizá tuvimos demasiada normatividad en los años setenta, pero ya hemos pasado 35 años confiando en que los negocios hagan lo correcto con mínima supervisión… y no ha funcionado.

Así que lo que ha estado ocurriendo en últimas fechas es un intento por rectificar ese desequilibrio, por reemplazar la oposición automática a la regulación con el juicioso uso de regulación donde hay buenas razones para creer que los negocios pudieran actuar de maneras destructivas. ¿Veremos la continuación de este esfuerzo? Lo dirá la elección del año próximo.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)