ANÁLISIS

Trato hecho

Los ganadores también toman más riesgo como si la oferta recibida del tesorero fuera de dinero que en algún sentido es menos suyo.

Apretón de manos. Foto: Shutterstock
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Buena parte de las decisiones humanas se toman en marcos inciertos. El abanico de teorías sobre elección riesgosa va desde la teoría de utilidad esperada de von Neumann y Morgenstern a la teoría prospectiva de Kahneman y Tversky.

Testearlas empíricamente no ha sido fácil debido a que no se puede observar las preferencias efectivas de las personas. En la mayor parte de los problemas reales no se conoce la probabilidad objetiva de los distintos escenarios ni lo que las personas creen sobre ellos (problema de conjunción de hipótesis). La popularización de la investigación experimental en Economía ofreció un camino esperanzador. Sin embargo, por razones presupuestales, los trabajos en laboratorios suelen implicar decisiones con montos relativamente bajos de dinero.

Una alternativa innovadora fue la utilización de datos que surgen de programas televisivos en los que se toman decisiones por montos sustantivos, en forma repetida y en un marco controlado. Dentro de otros, lo hizo Metrick en 1995 con datos de Jeopardy y Hartley, Lanot y Walker en 2013 con ¿Quién quiere ser Millonario?

Trato hecho fue uno de los sucesos televisivos del 2019 en Uruguay. Lo que vimos fue la implementación local de una franquicia televisiva mundialmente exitosa. El programa fue desarrollado por la compañía holandesa Endemol y estuvo al aire por primera vez en el 2002. Rápidamente, el formato ganó popularidad y fue exportado a una larga lista de países. En un trabajo publicado en el 2008 en el American Economic Review, Richard Thaler (premio nobel de Economía 2017) junto con Thierry Post, Marijn van den Assem y Guido Baltussen analizaron las emisiones holandesa, alemana y norteamericana.

En el formato original cada episodio consiste de dos partes. Primero, suele haber un juego de eliminación entre el público asistente. Quien gana pasa a la segunda fase. En Uruguay, no se realizó este juego inicial y la selección de participantes fue realizada por la producción del programa.

En la segunda etapa, un participante enfrenta veintiséis maletines, cada uno con sumas de dinero asignadas al azar. En Uruguay los montos van de $1 a $1.000.000. En la versión holandesa el máximo era €5.000.000, en la alemana €250.000 y en la americana U$S1.000.000. El jugador elige un maletín que pasa a ser suyo sin que se revele su contenido. La probabilidad que allí esté el premio máximo es 1 en 26 (3.85%). Igual probabilidad tiene que allí esté cualquiera de los otros montos posibles.

El programa se juega a lo largo de nueve rondas en los que el concursante solicita se muestre el contenido de algunos de los veinticinco maletines que no escogió para sí. En la primera ronda, debe de abrir seis maletines, en la siguiente cinco y así sucesivamente. Al final de cada ronda, el participante recibe una oferta “del tesorero” para comprarle su maletín. Esta es la decisión riesgosa a estudiar. Por un lado, el tesorero ofrece una suma que depende de los montos que aún puede el participante ganar. Una vez ofrecida, se transforma en un monto seguro con el que el jugador puede retirarse. Por otro lado, el participante puede seguir adelante revelando portafolios. En cada momento del juego tanto él como los televidentes saben cuántos y cuáles maletines siguen sin descubrirse, por lo que saben la distribución real de probabilidades para cada escenario, incluyendo cuál es el valor máximo, mínimo y promedio que se podría obtener.

Thaler y sus coautores encuentran que las decisiones tomadas por los participantes son afectadas en gran medida por los resultados de rondas pasadas del juego. La aversión al riesgo estimada decrece, tanto luego de desilusiones provocadas por aperturas de maletines con valores altos como luego de recibir buenas noticias por la apertura de maletines de monto bajo. Esto lo asocian respectivamente a un efecto de break-even y a un efecto de house-money. Ambas son formas de contabilidad mental. En la primera, hay un valor de referencia al que se pretende acercar para tratar de empardar-recuperar y se arriesga más en su procura. House-money refiere a cuando la gente toma más riesgo con las ganancias obtenidas que con su capital inicial. El nombre es tomado de los casinos. De un jugador que luego de ganar en la ruleta continúa con apuestas aún más arriesgadas que antes, se dice que está jugando con house-money, dinero ganado por él pero que previamente era del casino. Ambos son conceptos con aplicación en finanzas.

La interpretación ortodoxa de la teoría de la utilidad esperada sugiere que las preferencias por el riesgo dependen de los valores en juego y la probabilidad de cada uno de ellos. Los eventos pasados no tienen lugar en ella. Debido a ello, los autores proponen una refinación de la teoría prospectiva en la que los perdedores (quienes recibieron malas noticias de los maletines abiertos) tratan de recuperar a expensas de tomar más riesgo y los ganadores (quienes recibieron buenas noticias) también toman más riesgo como si la oferta recibida del tesorero fuera de dinero que en algún sentido es menos suyo.

Permítanme al cerrar la nota “levantar un centro”. ¿Habrá algún estudiante de maestría interesado en utilizar los datos del programa uruguayo, hacer un estudio de replicación y chequear diferencias y similitudes con la de decenas de otros países donde se adaptó esta franquicia?

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