FIEL A SU ESTRATEGIA DE ESTADO, CHILE FUE MOTOR PRINCIPAL PARA LA CONCRECIÓN DEL ACUERDO TPP11

Tratado con nueva agenda en busca de más comercio

Chile, Perú y México firmaron con países de la región Asia-Pacífico el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, con la inclusión de una "nueva agenda" que agrega más valor a la oferta de bienes y servicios que tendrán una importante desgravación arancelaria en el mediano plazo.

Felipe Lopeandía. Foto: El País
Felipe Lopeandía. Foto: El País

Felipe Lopeandía, Jefe del equipo negociador de Chile en el TPP 11, defiende los objetivos comerciales que persigue el ambicioso acuerdo "que favorecerá a Estados, productores y trabajadores", dice. El acuerdo incorpora nuevas temáticas en materia de Pymes, género, anticorrupción, competitividad y desarrollo. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuáles son los aspectos que considera más beneficiosos del acuerdo?

—En un primer plano, está la señal política potente que se está enviando al mundo y al sistema de comercio internacional con la suscripción de este tratado. Claramente estamos atravesando momentos difíciles en el comercio internacional, con medidas proteccionistas en distintos lugares, y en ese sentido la buena noticia que implica la firma de un acuerdo de esta naturaleza, viene de alguna manera a ratificar lo bueno que es el compromiso con el libre comercio, la integración y también de resistencia al proteccionismo. Por otro lado, para Chile, poder ser parte de un acuerdo que va a ser protagonista en el comercio internacional una vez que entre en vigor, nos traerá beneficios concretos a nuestra economía y nuestro comercio.

—¿Qué implica el término "Progresista" incluido en la denominación del tratado?

—Esto tiene que ver con un conjunto de elementos que se han ido posicionando en la agenda de comercio internacional de parte de algunos países, y además en las discusiones de ciertos foros internacionales. Todo aquello que apunta a asegurar que los beneficios del libre comercio finalmente puedan ser percibidos, puedan alcanzar a todos los ciudadanos por igual. Por eso hay particular interés en esta agenda progresista por avanzar en mayor inclusión, que la pequeña y mediana empresa se beneficie del acuerdo, de avanzar en los temas de desarrollo sustentable, de responsabilidad social empresarial, con adecuados estándares de protección ambiental y laboral. Este acuerdo da cuenta de la evolución existente en la agenda global. Hay que responder con hechos a las críticas a la globalización y el libre comercio.

—Chile ya tiene acuerdos comerciales con todos los países que integran en nuevo acuerdo. ¿Por dónde pasan los beneficios?

—Sin perjuicio de los temas que hablábamos antes, también hay beneficios en los términos más tradicionales. Estamos mejorando las condiciones de ingreso de nuestra oferta exportadora, en particular en cuatro mercados; Japón, Malasia, Vietnam y Canadá, para unos 3.000 productos. Junto con eso, también una mejor disciplina para enfrentar las barreras arancelarias, una mayor transparencia y objetividad a la hora de adoptar ese tipo de regulaciones, así como mejores normas para la facilitación del comercio y un régimen de acumulación de origen que debería generar muchas oportunidades a nuestros operadores comerciales.

—El mecanismo de desgravación arancelaria implica un proceso gradual; hábleme sobre prioridades y plazos...

—Hablamos de once países con asimetrías respecto de su situación económica y regulaciones, por tanto no todos los países ponen de igual manera su desgravación arancelaria a cero a partir de la activación del tratado. Un ejemplo de ello es Vietnam. Hay plazos de entre 5 y 15 años, pero en promedio, el 90% del comercio consolidado de los 11 países tendrá una muy alta desgravación arancelaria a partir del día uno de aplicación del acuerdo. Hay situaciones particulares, muy específicas, en las que habrá excepciones, pero son muy pocas. Chile tiene el 98% de su oferta comercial al máximo de desgravación. Solamente un par de productos del sector agrícola mantendrán algún grado de excepción.

—¿Y cuál sería el ejemplo de un sector ampliamente beneficiado por la apertura?

—Un ejemplo claro se da en el intercambio con Japón. Estamos mejorando la situación para unos 900 productos. Fundamentalmente carne de cerdo, ave, lácteos, algunos cítricos, que mejorarán sustantivamente. Estamos hablando de productos que en algunos casos tienen sobretasas de entre 40 y 50% y que verán bajar dramáticamente esos aranceles con este acuerdo.

—Sobre la inclusión de cláusulas de resolución de disputas, los críticos dicen que refuerzan la posición de las multinacionales sobre los gobiernos; ¿es así?

—Tenemos amplia experiencia con la utilización de este tipo de mecanismos en los acuerdos comerciales. Y la experiencia es positiva; nunca fue un impedimento para impedir reformas importantes que se pretendan hacer por parte de los gobiernos, contrariamente a lo que sostienen los críticos. Y en particular en el caso de este tratado, tiene mecanismos específicos que permiten atender las preocupaciones que pueden haberse despertado por parte de algunos integrantes de la sociedad civil. Por la vía de hacer mucho más explícito, en el texto del tratado, la protección del derecho a regular por parte del Estado en la consecución de políticas públicas. Esos derechos, en áreas como salud pública o medioambiente, quedan claramente protegidos respecto de la posibilidad de que algún inversionista extranjero pueda utilizar para cuestionar algún tipo de medida que el Estado adopte en ese sentido.

—¿Qué novedades se incluyen en materia regulatoria?

—Se asume que muchas de las decisiones ya no se juegan en el ámbito de los aranceles, sino en el de las regulaciones que se toman, muchas veces con fines proteccionistas; por lo tanto, el acuerdo también se hace cargo de esa problemática, introduciendo mayores niveles de transparencia a los procesos destinados a la adopción de medidas sanitarias, fitosanitarias o normas técnicas. Pero además, mecanismos que permitan asegurarnos que las decisiones se adopten sobre base científica, objetivas, reduciendo la posibilidad de que un Estado lo haga con otros fines.

—Se abre la participación a empresas de los demás países a licitaciones convocadas por el Estado. ¿Cuál es el impacto en el plano local?

—Existen normas específicas que apuntan a que haya iguales oportunidades para todos. Pero además se ha definido en qué sectores de la actividad pública se abre la participación de oferentes privados en los procesos de licitación tanto de bienes como de servicios. Esto apunta a respetar cierta sensibilidad de algunos de los países parte.

—La presencia de capítulos de "la nueva agenda", plantea nuevos desafíos…

—Hay temas nuevos que significan un importante avance, nivelando la cancha en aplicación de normativas y regulaciones en materia medioambiental. Destacaría todo lo que tiene que ver con la pesca ilegal, fundamental para Chile. También cabe destacar la remisión al mecanismo de solución de controversias Estado a Estado contenido en el acuerdo, los problemas de índole ambiental, con posibilidad incluso de aplicar sanciones comerciales en caso de incumplimiento reiterado de parte de alguno de los miembros. Lo mismo ocurre en el capítulo laboral.

—¿De qué forma se va a plantear ante la sociedad chilena este acuerdo, de modo de aclarar las controversias y lograr mayor base de apoyo?

—Lo hemos ido manejando durante toda la negociación, en un diálogo permanente con la sociedad civil. Fuimos informando paso a paso respecto a la evolución de la negociación. Adicionalmente a eso, cuando se cerró el PPT original ya habíamos desarrollado un proceso muy amplio de difusión de los contenidos, poniendo sobre la mesa los impactos y los beneficios que el tratado puede generar en las distintas regiones y sectores de la economía. Ahora pretendemos desarrollar algo similar, porque debemos apuntalar el trabajo que también desarrollaremos en el Congreso que deberá aprobar este tratado firmado por los países. Es fundamental ese proceso y responder todas las dudas de la sociedad civil.

—Ante la retirada de EE.UU. del acuerdo, ¿qué modificaciones se produje ron en el documento suscripto?

—Pusimos énfasis en que no debíamos entrar en una renegociación del TPP original, lo que habría hecho inviable el proceso. Sobre ese postulado, definimos entre los doce países que teníamos que recalibrar el balance que se había alcanzado en el TPP original, y eso pasó por dejar de lado veinte disposiciones del tratado original, temas que habían sido especialmente de interés prioritario de EE.UU. Y sobre esa base fuimos negociando y construyendo la nueva lista.

El TLC entre Chile y Uruguay es parte de la misma "generación"

—¿De qué se puede beneficiar Uruguay como socio de Chile ante esta nueva configuración?

—Puede ser interesante que, una vez que entre en vigencia el acuerdo que suscribimos hace tiempo entre Uruguay y Chile, el hecho de que Chile sea parte de un esquema como el que firmamos con otros diez países, se abra la posibilidad de generar nuevos dinamismos al comercio bilateral. Ya sea como parte del dinamismo económico que vaya mostrando Chile como parte de este acuerdo multilateral, junto con el que se genere en el ámbito bilateral, seguramente exista una sinergia que les permita a ambos favorecerse de este nuevo esquema de integración (TPP11). Lo mismo puede ocurrir en cuando a nuevas oportunidades en el ámbito de las inversiones. Lo consideramos algo muy prometedor. Cuanto antes entre en vigencia nuestro acuerdo bilateral, mejor podremos ambos países aprovechar los beneficios que genera esta expansión a la que se sumó Chile.

—¿El formato previsto para el TLC con Uruguay tiene puntos de contacto con el TPP11?

—Hay varios temas que se repiten en ambos acuerdos, con un enfoque bastante similar. En lo sustantivo, la orientación es la misma. Eso creo que puede ser importante también; poner las relaciones entre Uruguay y Chile en sintonía con un acuerdo más moderno, que se hace cargo de los desafíos que enfrenta el comercio internacional. Esa coincidencia temática coloca el tratado bilateral en una posición expectante y muy positiva.

PERFIL
Felipe Lopeandía. Foto: El País
Felipe Lopeandía
Licenciado en Ciencias Jurídicas, Uni versidad Diego Portales. Jefe Nego-ciador del Tratado Integral y Progre-sista de Asociación Transpacífico, en representación de la Dirección Gene ral de Relaciones Económicas Inter- nacionales del MRREE de Chile.
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