ENTREVISTA

TLC con Chile no justifica tensiones ni debates ideológicos

Mientras el Mercosur asumió con seriedad las negociaciones con Europa, la UE no le asigna prioridad.

Sergio Abreu. Foto: Ariel Colmegna
Sergio Abreu. Foto: Ariel Colmegna

Las tensiones internas en el Frente Amplio en torno a los temas de inserción internacional están dejando al país, a juicio del ex canciller Sergio Abreu, en una posición muy incómoda. Afirmó que no hay motivos para no aprobar un TLC con Chile que no genera mayores compromisos, al tiempo de considerar que la mayor oportunidad a nivel global está en poder avanzar en negociaciones con China. En ese contexto, dijo ser pesimista sobre un tratado comercial Mercosur-Unión Europea. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Al momento de la entrevista, se esperaba la resolución del Plenario del Frente Amplio sobre la inserción internacional, incluido el TLC con Chile...

—Da la impresión que no va a tener éxito. Y no es bueno que el país tenga un Poder Ejecutivo que firme un documento y su fuerza política no lo acompañe. Esto debilita no solo este acuerdo, sino la reputación del país ante cualquier otra situación con otras contraparte.

Uno de los temas que más diferencias genera es el de la propiedad intelectual y en ese contexto, el acuerdo sobre patentes. No es más que un compromiso, de algo que ocurre en cualquier negociación. Dar las garantías a quienes, como los laboratorios, ostentan la patente de un producto.

—Otro tema que genera resistencia son las denominadas listas negativas...

—Están presentes en todos los nuevos modelos de acuerdo. Hay cosas difíciles de prever. Cuando firmamos el Mercosur, no tomamos medidas de protección con el sector panificados. Y después llegaron varias multinacionales del sector. Puede pasar, sí. Con el tiempo podría considerarse que cometimos un error, pero hay cosas que no son sencillas de prever.

Brasil no quería incluir rubros vinculados con la tecnología e informática, y no tuvo más remedio que ir cediendo. Nosotros no somos dueños de los precios internacionales, ni de las decisiones que se toman en el mundo, ni de los avances tecnológicos que marcan el rumbo.

—¿Cuál será el futuro, a su juicio, de este proyecto?

—En el Parlamento contaría con votos suficientes de la oposición, pero claramente no es un camino cómodo para el gobierno.

Hay otro camino que tiene el Frente Amplio para superar por lo menos esta etapa: si bien los proyectos de acuerdo son cerrados, es decir, se aprueban o desaprueban pero sin poder modificarlos, existe una posibilidad de establecer algún punto adicional, no al tratado, sino a la resolución por la que se aprueba. Se puede aprobar, y en ese punto adicional se puede establecer que se seguirá analizando determinados puntos. No se rechaza, y abre espacio para seguir negociando.

El TLC con Chile debería salir. Realmente no ofrece grandes problemas, es un "saludo a la bandera". Tenemos acuerdos avanzados con Chile, lo que se incluye ahora son asuntos de la nueva agenda en los que debemos avanzar porque son los que están en todas las negociaciones del mundo.

—El debate interno en el Frente Amplio va más allá del acuerdo con Chile. ¿Qué expectativas tiene?

—Lo que está en juego es la definición de una estrategia de inserción internacional. Pero yo veo que el país ha perdido la capacidad de propuesta. Con divisiones internas en el propio gobierno, donde a veces parece ser que la oposición estuviera en su interior; eso nos paraliza. Tengo muchas coincidencias con el canciller Nin Novoa, seguramente algunas más que las que él tiene con otros integrantes de su fuerza política, y este es un problema muy delicado.

Hay oposición a temas incluidos en los acuerdos que hoy se realizan a nivel mundial que no permiten avanzar. ¿Qué hacemos, creamos una nueva agenda global para nosotros? No nos queda otra que avanzar para no seguir perdiendo terreno. A la larga, asuntos como las inversiones, telecomunicaciones, propiedad intelectual, son temas que nos van a pasar por arriba.

Dos tercios del comercio mundial hoy son intrafirma; el 60% corresponde a bienes semi terminados. A eso le debemos incluir las nuevas formas en que se desarrollan los servicios. La agenda ya es otra. Y en momentos en que los más grandes se ven tentados por aplicar medidas proteccionistas, los más chicos debemos aprovechar la oportunidad. No nos queda otra.

—¿Qué opinión le merece la marcha de las negociaciones con la Unión Europea?

—Yo tengo mis dudas sobre la concreción de este acuerdo y la importancia que realmente le está dando Europa. Hay un rebrote nacionalista muy fuerte en el viejo continente, coincidentemente con el proteccionismo que impulsa Trump en Estados Unidos. Ahí comienza a verse una falta de respuesta a la necesidad de apertura comercial que tiene el mundo. Y como Europa está políticamente frágil, todavía no ha logrado un consenso que les permita definir prioridades acerca de con quién avanzar en un proceso de integración.

Claramente la UE está haciendo una oferta muy limitada, inclusive utilizando una metodología poco adecuada, donde le pide al Mercosur que haga su propuesta y su oferta, ante lo que Europa responde. No es la forma de establecer una relación de este tipo, donde hay un concepto de asimetría que no está siendo administrado debidamente.

Por otra parte, en la medida que la UE fue sumando integrantes, los nuevos socios son países exportadores y competidores de la misma estructura de productos agrícolas que ofrecemos en el Mercosur. De eso también se agarra Francia, un país con el que es muy difícil negociar. Por otro lado, el sector industrial brasileño ejerce una gran resistencia, sobre todo en el sector automotor.

Entiendo que las conversaciones van a un ritmo muy lento, y en un proceso donde llamativamente no aparecen muy involucrados los Jefes de Estado, y eso no deja de ser una señal. Ojalá me equivoque, pero no tengo muchas expectativas de que se logre un avance a corto plazo.

—A su juicio, ¿el Mercosur ha hecho todo lo posible para avanzar en esta negociación?

—Entiendo que sí, y hay decisiones políticas muy claras. Argentina lo ha hecho explícito, Paraguay también, y lo mismo sucede con Uruguay, a pesar que la cuota que ofrecen para la carne no es la mejor. Y Brasil, más allá de los problemas del etanol y del sector automotor, estimo que termina sumándose. Mercosur no debe cejar en su empeño por avanzar, aunque Europa no le ponga la misma voluntad.

—¿Cuáles son las opciones, en este contexto?

—El único que está abierto realmente a avanzar en negociaciones en la actualidad es China.

Es el primer exportador de bienes, el tercero de servicios. Ha crecido a tasas muy altas durante mucho tiempo, tiene su propia estructura de financiamiento, acuerdos comerciales de todo tipo, y una estrategia de sumar asociaciones. No hay arancel que se le ponga adelante. Y va a seguir avanzando.

El Mercosur debería prepararse internamente, teniendo en cuenta, por ejemplo, que Paraguay tiene relaciones diplomáticas con Taiwán y eso resulta un impedimento para los chinos. Necesitamos en forma urgente ampliar nuestro universo de acuerdos, aunque es cierto que no debemos permitir tampoco que nos vendan espejitos de colores.

—¿A qué se refiere?

—A acuerdos que nos ofrezcan, por ejemplo, solamente complementación de origen. Lo que nosotros necesitamos es exportar desde acá, directamente, productos uruguayos. Yo no hablo de una apertura indiscriminada; hay que prestar atención a los temas más sensibles. Pero es claro que si Uruguay no desarrolla acuerdos comerciales más profundos, dentro y fuera del Mercosur, la red de contención que tendrá el país ante violaciones o alteraciones de la rondas globales, va a ser muy endeble.

—El Canciller Nin Novoa ha mantenido contactos con la oposición sobre la marcha de las distintas negociaciones...

—Es cierto. Y está bien. Estos son asuntos que se deben tomar seriamente, para los que hay que juntarse todos, gobierno, partido y oposición, sin cobrarse cuentas, evitando salir a la opinión pública con conceptos que tienen un efecto sicológico importante, pero que no hacen a la realidad, como puede ser la pérdida de soberanía.

Nadie gana o pierde una elección con los temas de integración. Pero es imprescindible ponerlo en los primeros lugares de la agenda. Nos va nuestro futuro.

Pero realmente, teniendo en cuenta a la altura del mandato de gobierno en que estamos, temo que los tiempos electorales y la urgencia de lo inmediato, vuelva a dejar en suspenso asuntos que nos son muy caros.

Un buen proceso de integración debe dejar de lado el dogmatismo

—Usted ha dicho en otras oportunidades que tenemos una agenda desactualizada. ¿A qué se refiere?

—El mundo en el que está inserto Chile, por ejemplo, a través de los acuerdos de nueva generación que ha firmado, pone más énfasis en las regulaciones que en los aranceles. Temas como las compras gubernamentales, propiedad intelectual, todos asuntos que resultan bastante resistidos en Uruguay. Acá se teme, desde diversos sectores, que esos acuerdos abran indiscriminadamente la puerta a inversiones externas, por encima de todos los derechos.

Es ahí que tenemos que definir de una buena vez por todas cuál es el concepto de apertura que realmente queremos adoptar. Con un Mercosur imperfecto desde los mecanismos y con tantos temores en Uruguay, es muy difícil avanzar. Y hay otras señales que no ayudan...

—¿Cómo cuáles?

—Argentina en su momento instauró las detracciones. Ahora Uruguay incrementó la tasa consular. Son malas señales, puntos en contra desde el punto de vista normativo. Eso nos debilita a la hora de defender nuestra postura.

Una estrategia acertada debería ser, definir primero qué estamos dispuestos a abrir a la competencia en un proceso de negociación. Luego definir el modelo de relacionamiento. Esto tiene tres aspectos: la relación bilateral, la regional y el multilateralismo. Y sobre esas bases, encarar un proceso que debe estar exento de posturas ideológicas y dogmatismos.

PERFIL
Sergio Abreu. Foto: Ariel Colmegna
Sergio Abreu
Ex Canciller. Presidió la Ronda Uru-guay del GATT y la Conferencia Mi nisterial que dio origen a la OMC. Abogado por la UdelaR, con estudios de posgrado en la Universi-dad del Sur (California), Universi-dad de Texas y La Haya.
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