Hay que asumir que el que no se mueve se va quedando atrás

El TISA no va contra servicios estatales

Actualmente son 262 los acuerdos de preferencias comerciales bilaterales en vigor y hay otros 114 en negociación.

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Dr. Guillermo Valles. Foto: Archivo El País

Las negociaciones que se llevan a cabo a través del TISA para liberalizar el comercio de servicios, en el caso de Uruguay buscaría fundamentalmente consolidar la situación actual, que no discrimina entre inversores locales y extranjeros, explicó el embajador Guillermo Valles, quien ocupa un alto cargo en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por su sigla en inglés).

El diplomático uruguayo dice que no necesariamente se debe suponer como un riesgo para los monopolios existentes y mucho menos en de los servicios prestados por empresas estatales. Valles remarcó la importancia de la actual agenda del gobierno, más agresiva que en los anteriores en cuanto a una agenda de competitividad interna y la búsqueda más agresiva de mercados. Enfatizó sobre el "riesgo" de estar fuera de los acuerdos bilaterales entre bloques o países que se están llevando a cabo, ante el fracaso del multilateralismo. Ubicó en 262 el número de acuerdos comerciales preferenciales en vigencia, y dijo que se están negociando otros 114 más. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuál es su opinión sobre el TISA?

—El TISA es ante todo una negociación en curso, no un tratado. Esta negociación no tiene aún fecha para su finalización y según entiendo es susceptible de continuar por lo menos un año mas. Abarca 25 países que representan algo mas del 70% del comercio internacional de servicios, siendo ellos Australia, Canadá, Chile, Taipéi Chino, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Hong Kong China, Islandia, Israel, Japón, Corea, Liechtenstein, Mauricio, México, Nueva Zelanda, Noruega, Pakistán, Panamá, Paraguay, Perú, Suiza, Turquía, Unión Europea, y Uruguay. China está solicitando entrar. Una vez concluida la negociación, como todo convenio internacional, deberá ser sometido a la aprobación parlamentaria. Es una iniciativa para consolidar las normas aplicables al comercio de servicios brindado así mayor previsibilidad a los actores privados y las inversiones.

—Por buscar la liberalización de servicios, ¿considera que pone en riesgo algunos de los monopolios o servicios estatales que se brindan en el país?

—Depende del contenido de lo que se acuerde. En principio un acuerdo de servicios no supone la necesaria desaparición de los monopolios y mucho menos de los servicios prestados por empresas estatales en condiciones de competencia. Si no fuera así, China no estaría solicitando entrar en las conversaciones. Un acuerdo de servicios tampoco necesariamente supone la pérdida de la capacidad regulatoria del Estado en el sector de servicios. Lo que básicamente se busca en este tipo de acuerdos es que no se discrimine entre el tratamiento ofrecido a los productores locales y a los productores extranjeros de servicios. En el caso de países como Uruguay, que tienen una economía bastante abierta y que no discrimina entre inversores locales y extranjeros, lo que se buscaría es más que nada consolidar la situación actual. Pero insisto esto depende del contenido final al que se pueda arribar.

—Por la contraria, si se expande la firma del TISA, que podría sucedernos quedándonos fuera?

—Dependerá del contenido de los compromisos específicos de los miembros, pero existiría un riesgo de ser discriminado en el acceso a mercado de servicios o luego tener que adoptar las normas que otros negociaron entre ellos, sin capacidad alguna de influir.

Competencia.

—Tomando en cuenta que Uruguay forma parte del Mercosur y, por tanto, tiene ciertos lineamientos que seguir, ¿puede afirmarse que hay una pérdida de nuestra capacidad de competencia por los acuerdos alcanzados en los últimos años por nuestros competidores o por las preferencias otorgadas por nuestros clientes?

—En este momento el mundo va, lamentablemente diría yo, hacia los acuerdos comerciales bilaterales o por grupos de países. A nivel global las ventajas económicas de este tipo de acuerdos, son menores que si negociara entre todos y multilateralmente. Pero el multilateralismo está trancado y al día de hoy hay 262 acuerdos comerciales preferenciales en vigor. Y se están negociando otros 114 más.

Esta es la realidad que tenemos que asumir. El que no se mueve se va quedando atrás, porque el mundo avanza creciente y rápidamente hacia los acuerdos bilaterales o regionales. Si queremos combatir la pobreza, desarrollarnos y generar puestos de trabajo tenemos que seguir creciendo a las tasas que lo hicimos estos años. Para ello hay que negociar y abrir nuevos mercados.

—¿Nuestro país ha perdido capacidad de acceso en los últimos años? ¿Hay una tendencia que se acrecienta en ese sentido?

—El comercio ha sido uno de los principales factores de nuestro crecimiento económico. Nuestros principales mercados de bienes, a parte del Mercosur, son China, la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, México, Chile y Perú. Todos nuestros mercados están negociando acuerdos bilaterales, dándoles preferencias a otros países, incluyendo competidores nuestros como Nueva Zelandia, Australia, Chile, etc. China tiene 16 acuerdos, la Unión Europea mas de 40 y está negociando 10 más, los Estados Unidos más de 15. Los productos que exportamos son de base agropecuaria y son los que cuentan con mayor protección. Las escasas mejoras que se están logrando en reducción de aranceles y ampliación de cuotas, se están dando por la vía de estos acuerdos bilaterales, de los cuales no formamos parte. Pero además de la desventaja arancelaria en que nos pone, estos acuerdos generan otro tipo de sinergias, de cooperación regulatoria, de promoción de inversiones, de todo lo cual estamos ajenos.

Estrategias.

—¿Qué estrategia debería tomar Uruguay hoy, con las cartas a la vista?

—Yo veo muy bien intencionado al gobierno, en el sentido de encarar una agenda de competitividad en lo interno y una agenda de búsqueda más agresiva de mercados. Uruguay en el último decenio aumentó mucho el volumen y muchísimo mas aún el valor de sus exportaciones, debido sobre todo al aumento de los precios internacionales. Esto último esta acabándose.

Por otra parte, Uruguay no ha tenido el mismo buen desempeño en el agregado de valor a sus materias primas y en la diversificación del perfil exportador. Asimismo Uruguay tiene que asumir plenamente que hoy en día la producción de bienes no es vertical sino fragmentada internacionalmente y que lo importante es participar en estas cadenas de valor, sean regionales como globales. Por último a nivel nacional se requiere concretar una efectiva política de competencia que asegure mercados funcionando efectivamente y que sea capaz de neutralizar las prácticas anticompetitivas, el abuso de posición dominante y los acuerdos de precios a nivel nacional.

—¿Con qué países y/o bloques Uruguay debe buscar acuerdos comerciales?

—Estas negociaciones son muy demandantes en términos de coordinación interna, a nivel político y técnico, y exigen buenos equipos y tiempo. Por lo tanto, el orden y la secuencia son cruciales. Empezaría por aquellos países más relevantes desde el punto del tamaño e importancia de su mercado, así como de la capacidad de proveer a Uruguay de tecnología e inversiones. El desafío que tendrá que enfrentar Uruguay es que dichos países no lo están esperando para negociar. En el caso de la Unión Europea, negociación que tuve el honor de comenzar, la misma debe ser concluida a la mayor brevedad.

Las trabas.

—El argumento esgrimido por parte de los integrantes del bloque a los acuerdos bilaterales es la decisión 32/00. ¿Es la gran barrera que hay para negociar con otros bloques? ¿Cuál es su interpretación?

—Creo que existen muy fuertes argumentos jurídicos para demostrar que dicha decisión ministerial no es un impedimento. Pero el fondo del asunto no es legal, sino de orden económico, político y lógico. A ninguno de los países del Mercosur individualmente, ni al Mercosur en su conjunto, le conviene ignorar la realidad. Para lograr una Unión Aduanera se exige un grado de supranacionalidad, de coordinación macroeconómica, de integración de mercados, de coherencia y constancia política muy difícil de alcanzar, particularmente con economías muy asimétricas. Por ello es un modelo muy poco seguido. Solo el 10% de los acuerdos comerciales son uniones aduaneras y la historia del mundo muestra muchos fracasos de las mismas. Esto no quiere para nada decir que se deba abandonar la integración regional e inclusive apuntar a formas de integración económica y social más profundas y viables.

—¿Uruguay puede tomar la decisión de hacer movimientos comerciales aunque no sea acompañado por los socios mayores del Mercosur?

—Quiero pensar que Uruguay es un país soberano y que además es un buen vecino, solidario y respetuoso. Por otra parte no es necesario abandonar ningún principio integracionista, ni latinoamericanista, como nuestra Constitución nos impone.

Otro enfoque.

—Parecería que hay consenso para que los países del Mercosur busquen mecanismos para negociar acuerdos comerciales bilaterales fuera del grupo, un cambio histórico para el bloque. ¿Le parece que es una medida que tendrá una definición favorable, teniendo en cuenta que Brasil ya le dio el visto bueno?

—No estoy al tanto de ningún proceso formal, ni estaría en condiciones de especular. Por otra parte insisto en que este no es un tema de resolución juridicista, sino de lógica económica. Veo a Brasil hace ya muchos meses reflexionando seriamente sobre este punto. Por ejemplo un análisis muy serio realizado el año pasado por el Instituto de Investigación Económica Aplicada, vinculado a la Secretaría de Planificación Estratégica de la Presidencia Brasileña, muestra que Brasil tendría muchas ganancias si pudiera participar en los mega acuerdos del TPP (acuerdo transpacífico) y el TTIP (acuerdo Estados Unidos y UE). Es la realidad la que llama a la puerta.

Cambios.

—Usted tuvo activa participación en las negociaciones diplomáticas del Mercosur entre 1992 y 1996. ¿Por dónde pasan los mayores cambios dentro del bloque —tanto positivos como negativos—, de aquel entonces a hoy?

—Una respuesta completa excedería en mucho el contexto de esta entrevista. Permítame decirle simplemente que a lo largo de los veinte últimos años, he visto etapas de Merco-optimismo, Merco-idealismo, Merco-escepticismo y ahora comienzo a vislumbrar una suerte de Merco-realismo, muy sano. Me parece que se está apuntando a reforzar la credibilidad del proyecto de integración, a través de una visión pragmática y realista. Esto es una excelente novedad porque los actores económicos, en particular los inversores, necesitan creer en el proyecto para sostenerlo.

—Podría concretar más esa definición "Merco-realismo"?

—Me parece que particularmente Brasil, Paraguay y Uruguay están considerando en forma concreta cómo avanzar en la integración de forma pragmática, sin dejar de lado la ambición, pero concentrándose en temas al alcance de la voluntad política actual. Por ejemplo me parece que hay un interés prioritario en consolidar el mercado interno del Mercosur y también de avanzar concretamente con la Unión Europea.

Hace más de diez años que el multilateralismo no logra avances.

—¿Hay posibilidades de recobrar el multilateralismo, de reabrir la Ronda de Doha?

—El multilateralismo está enfrentado grandes dificultades en todos los ámbitos, no solo el comercial.

¿Cuándo fue el último gran convenio internacional? Si no me equivoco tendríamos que ir más de diez años hacia atrás para ver por ejemplo la Convención sobre el Tabaco o antes aún la Convención sobre Minas anti-personales, pero en los últimos años no se ha visto una convención o tratado de envergadura como la Convención del Mar o la Ronda Uruguay del GATT que culminó en la creación de la OMC.

Una señal positiva la tuvimos si hace dos años, con el acuerdo sobre facilitación de comercio, que básicamente se refiere a cooperación aduanera y medidas que los estados pueden tomar unilateralmente para reducir los costos del comercio internacional, pero sustantivamente no se han reducido los subsidios agrícolas y a la pesca, ni se han abierto nuevos mercados. Los miembros de la OMC intentarán salvar algo en su próxima reunión ministerial de diciembre, en Kenia, Nairobi, pero creo que estamos muy lejos de cumplir con las expectativas que se albergaron al comienzo de esta negociación en el año 2001.

—El cambio del multilateralismo a los bilateralismos, ¿llegó para quedarse?

—El bilateralismo y los acuerdos plurilaterales no son nada nuevo. Desde la segunda postguerra se intentó crear el sistema multilateral y en paralelo se iba avanzando con iniciativas con menos socios. Los mejores ejemplos fueron las Comunidades Europeas a fines del 50 y la propia ALALC en 1960, que aparecieron como acuerdos regionales, mientras en paralelo había negociaciones multilaterales en el marco del GATT. El problema que ahora tenemos, no es que hayamos ido hacia las acuerdos bilaterales, que siempre existieron, el problema es que ademas el sistema multilateral está esencialmente bloqueado.

—¿Dónde encuentra usted las mayores dificultades para ello?

—Viendo las cosas en retrospectiva, creo que tuvimos una falla esencial cuando largamos la negociación multilateral de Doha en 2001. En primer lugar, tenemos demasiados temas sobre la mesa. En segundo lugar son temas esencialmente de carácter regulatorio no son ya simples aranceles.

La política comercial en consecuencia es hoy mucho mas compleja, requiere muchísima mas coordinación interna y abarca a muchísimos interlocutores nacionales. En tercer lugar a esta complejidad se suma el hecho que en la OMC las decisiones no se toman como en las NN.UU. por votación, sino que la misma avanza en función del consenso. Usted imaginará que arribar al consenso con cerca de 180 países, no es cosa fácil. Si a ello le sumamos la complejidad técnica de los temas en negociación, nos daremos cuenta que el éxito es extremadamente difícil de lograr.

Ficha técnica

El embajador Guillermo Valles es funcionario diplomático con más de 35 años de carrera. Ingresó al Servicio Exterior por concurso público en 1976. Desempeñó cargos diplomáticos en Japón y Argentina. Fue el primer embajador de Uruguay en China, y luego embajador ante la Unión Europea, Bélgica, Luxemburgo, las Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio. Hoy se desempeña como Director de Comercio Internacional de Bienes, Servicios y Materias Primas de la Unctad (ONU).

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