JUAN A. CUARTERO

En tiempos de ralentización

En los dos últimos años, la ralentización económica que han sufrido gran parte el mundo, y también los latinoamericanos, supuso, por desgracia, una ralentización de las inversiones en infraestructuras.

Ante los menores ingresos fiscales, los gobiernos decidieron cuadrar los presupuestos por la vía más rápida: retrasando proyectos de infraestructuras. Y esta política está comenzando a tener consecuencias. Como muestra el sub-ranking sobre calidad de infraestructuras, publicado por el World Economic Forum, del que se puede extraer varias conclusiones.

La primera es que hay una correlación fuerte entre renta per cápita de los países y calidad de sus infraestructuras. Cuanto más ricos mejores infraestructuras, y viceversa. Cuanto mejores sean las infraestructuras, más aumenta la riqueza del país a largo plazo. Y en un plazo más corto, a medio tiempo, se facilita el crecimiento económico ya que actúan como dinamizadores de los territorios.

La segunda, no por ser menos comentada, es muy importante. La calidad de las infraestructuras en la mayor parte de los países de la región recibe cada vez una menor puntuación, lo que tampoco contribuye a impulsar el dinamismo de los territorios. De los diecisiete países analizados, el puntaje de sus infraestructuras ha disminuido en quince. El informe WEF de competitividad la califica de 0 (muy mala) a 7 (perfectas). Pues bien, si hace dos años la mayor parte de los países se ubicada en el entorno de 3,5 a 4,0 en la última edición de su Informe Global de Competitividad la región en su conjunto ha bajado al rango de 3,0 a 3,5.

Una señal de alerta porque a la baja de la calidad de las infraestructuras locales hay que añadir que otras regiones del mundo mejoran, en una competición global en la que América Latina parece hacerse quedado algo rezagada. Eso explica, y sería la tercera conclusión que podemos extraer de este ranking, que excepto Chile, Panamá y México, las naciones latinoamericana estén en la parte baja de este ranking de calidad de infraestructuras, es decir por debajo de la posición 70 de los 128 países analizados.

Es muy importante que la construcción de infraestructuras como metros, carreteras, aeropuertos, energéticas, etc…, vaya siempre acompañando la demanda, y con una lógica previsión a largo plazo, para que obras recién inauguradas no queden colapsadas en pocos años y, al mismo tiempo, poniendo un ojo en las economías más modernas e innovadoras del mundo con las que competimos por la inversión y la producción. El crecimiento demográfico y económico de la región, que aunque no tan acelerado como en la década anterior, sigue siendo positivo, hace de las nuevas infraestructuras no solo una necesitad, sino sobre toda una oportunidad para crecer y contribuir de forma determinante al desarrollo de la región.

(*) Director General de Negocio de Structuralia, España

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