OPINIÓM

Tensión política y revisión de metas económicas en Brasil

La recuperación no es homogénea y las proyecciones de crecimiento se ajustaron a la baja.

Foto: Getty Images
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El avance de la vacunación contra COVID-19 y el impacto relativamente contenido de la variante Delta en Brasil, hasta ahora han permitido la continuación del proceso de relajación gradual de las restricciones a las actividades económicas presenciales. Como resultado, la economía debería estar en plena recuperación, con tasas de crecimiento trimestrales relativamente altas y una recuperación más fuerte del empleo.

De hecho, eso está sucediendo en el sector de los servicios, donde el nivel de actividad ya ha superado en un 3% el registro previo al inicio de la pandemia. Sin embargo, existe una gran heterogeneidad en su interior. Los servicios relacionados con las tecnologías de la información y los servicios técnicos profesionales —ambos generalmente prestados a empresas y, por tanto, menos afectados por restricciones sanitarias— se encuentran un 28,6% y un 19,2%, respectivamente, por encima de la prepandémica. Por el contrario, los servicios prestados a las familias, como alojamiento y alimentación, cultura, ocio y otros, siguen estando un 23,4% por debajo de ese nivel. Este segmento es particularmente importante desde el punto de vista del empleo, y su reciente recuperación explica el fuerte aumento de la ocupación informal.

La heterogeneidad también se manifiesta entre sectores: la industria, la construcción civil y la agricultura han frustrado las expectativas. En el caso de la agricultura, las condiciones climáticas adversas (sequía prolongada y frío severo) afectaron negativamente la producción de cultivos importantes, como el maíz y el café. Sin embargo, como los precios internacionales siguen siendo favorables y el tipo de cambio está relativamente depreciado, los ingresos rurales seguirán siendo elevados. La industria extractiva, en cambio, debería sentir el impacto de la crisis del grupo chino Evergrande en la actividad de la construcción en China y sus reflejos en la demanda de mineral de hierro, cuyos precios internacionales ya han caído alrededor de un 45% desde julio, aunque todavía están por encima de los niveles previos a la pandemia.

La producción industrial se ha visto afectada negativamente por la falta de insumos, piezas y componentes y una importante presión de costes. En la industria automotriz, por ejemplo, la producción cayó, en términos desestacionalizados, de 250 mil vehículos/mes a principios de año a 150 mil vehículos/mes en agosto. Ante esto, las proyecciones de crecimiento del PIB se han revisado a la baja, situándose en torno al 5% para este año y al 1,6% para 2022, tras alcanzar el 5,3% y el 2,4%, respectivamente, hace unos meses.

Al mismo tiempo, las proyecciones de inflación han aumentado continuamente desde principios de año: para 2021 pasaron de 3,5% (por debajo de la meta del Banco Central de 3.75%) a 8,3% ahora; los de 2022 pasaron del 3,5% (objetivo para el próximo año) al 4,1%. Este empeoramiento de las expectativas refleja la aceleración de la inflación desde el segundo semestre del año pasado, habiendo alcanzado el 9,7% anual en agosto. La reacción del Banco Central fue acelerar la tasa de alza de la tasa Selic, que ya está en 6,25% anual y con perspectiva de llegar a 8,5% a fin de año, muy superior a lo esperado a principios de año.

Si bien el choque de precios de las materias primas del segundo semestre de 2020 demostró ser más duradero de lo esperado hasta principios de año, otros factores contribuyeron a la revisión al alza de la inflación esperada. La sequía prolongada, combinada con las políticas equivocadas del pasado para el sector eléctrico, redujo los embalses de las principales centrales hidroeléctricas del país a niveles históricamente bajos, abriendo la perspectiva concreta de problemas de suministro de energía en los próximos meses. Si bien el racionamiento aún no parece inevitable, esta posibilidad ha afectado las decisiones de producción y, especialmente, la inversión, lo que también ha provocado revisiones para el crecimiento. Con el fin de reducir la demanda de energía eléctrica y fomentar su uso más eficiente, se impulsó un fuerte aumento de tarifas, que a nivel de consumidor ya acumula un incremento de más del 20% en 12 meses, con perspectiva de aceleración.

La mencionada devaluación del real también ha ejercido presión sobre la inflación en los últimos meses. Como resultado, los combustibles acumularon una variación de 41% en 12 meses, mientras que los precios de los bienes industriales también se aceleraron, de una variación anual de 3,2% a fines de 2020 a 10% en agosto. Lo sorprendente en este escenario es la subvaluación del real, a pesar del marco externo aún favorable, tanto en el precio de las materias primas como en los flujos de capital hacia los países emergentes. Ni siquiera la fuerte suba de los tipos de interés para combatir la inflación y devolverla al objetivo no ha podido hacer reaccionar el real. La explicación parece estar por la percepción de que el riesgo país se ha incrementado como resultado de las incertidumbres en el ámbito fiscal y, más recientemente, también en el ámbito político-institucional.

La política fiscal se abordó en la última columna que publicamos en Economía & Mercado (30/08/2021). Los conflictos en el ámbito político-institucional, sin embargo, nunca han sido analizados en este espacio, aunque se hayan producido de forma esporádica desde el inicio del mandato del actual gobierno. Sin embargo, nunca antes alcanzaron la intensidad observada en las manifestaciones del 7 de septiembre (fecha conmemorativa de la independencia brasileña) convocadas por simpatizantes del presidente de la república y en las que este, en su discurso, se enfrentó directamente al Tribunal Supremo Federal. Si hasta entonces la tensión político-institucional latente afectaba a la economía principalmente a través de la dimensión fiscal, en las últimas semanas, ante la escalada del enfrentamiento entre poderes, se puso en jaque la propia estabilidad político-institucional y el tema de la democracia. La retractación del presidente de su postura de confrontación no elimina por completo la revisión a la baja de las expectativas.

Según las encuestas de opinión, la aprobación del presidente ya era baja debido a su enfoque equivocado para luchar contra el COVID-19. Con las recientes manifestaciones, el aislamiento parece haber aumentado y el riesgo es que, para recuperar su popularidad y mantener su presencia en el Congreso, recurra a políticas populistas que ponen en riesgo el ya frágil marco fiscal. Las instituciones han demostrado ser capaces de absorber estos choques, pero la incertidumbre parece conspirar contra una reanudación más fuerte del crecimiento.

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