JAVIER DE HAEDO

Temas que importan a varias puntas

Terminaba mi columna de hace dos lunes, titulada "Triple importancia de lo fiscal", señalando que "hasta ahora, la sucesión de "cuotas" del ajuste fiscal en curso, apenas ha servido para evitar que (la situación fiscal) empeore todavía más, desde la magnitud heredada".

Precisamente, los datos conocidos a fin de octubre, muestran que el déficit fiscal registrado en los 12 meses a septiembre es idéntico al de 2014, 3,4% del producto. Y no hay perspectivas de que esta cifra vaya a mejorar en lo que resta del actual período de gobierno, por más que en enero entre en vigencia la última cuota (hasta ahora) del ajuste fiscal en proceso, con aumentos explícitos de impuestos.

¿Por qué? Porque también está previsto que el año próximo se reabra la discusión presupuestal, tal como prometió el ministro Astori en 2015, en el marco de una construcción presupuestal a dos años. Claro está que para que tal reapertura se procesara, sería necesario que la economía estuviera mejor que lo previsto entonces, lo que es claro que no va a suceder. Pero las continuadas aceptaciones de flexibilizaciones de políticas por parte del ministro no permiten esperar que en esa instancia él muestre la firmeza de la que ha venido careciendo, por ejemplo en materia de política salarial. En todo caso, el año que viene es el del medio en el período de gobierno, y la experiencia muestra que es habitualmente el mejor año fiscal, luego del cual hay sendos deterioros en los dos años siguientes. Vale recordar una vez más que la única excepción a esta regla, desde el retorno de la democracia, se dio en la presidencia de Jorge Batlle.

Pero hay otros temas relevantes en la coyuntura sobre los que vale la pena detenerse.

Salarios y empleo.

Hace unos meses, se revisó una de las pautas salariales dictadas el año pasado y se subieron las variaciones nominales admitidas en los Consejos de Salarios, entre un punto porcentual y un punto y medio. Ello ocurrió cuando se empezaba a dar una firme caída en la inflación, que había flirteado con el 11%. Ahora, cuando la inflación se ubica en las inmediaciones del 8,5%, se da una nueva "flexibilización" de aquellas pautas, según el léxico eufemístico del ministro Astori: se permite ajustar los salarios si hubiere desvíos con relación a la inflación, al cabo de un año de vigencia del convenio en vez de a los dos años. De este modo, la indexación y el mantenimiento del salario real, que aunque evidentes, muchos no veían en las pautas del año pasado, ahora saltan a la vista de todos.

No se quiere entender que con la economía planchada (lo está desde hace un año y medio, si bien hay una incipiente levantada desde el trimestre pasado), un aumento del salario real tiende a dar lugar a una reducción equivalente en el empleo. Y el empleo está cayendo, si bien los datos del tercer trimestre mostraron una fuerte moderación de la caída. La tasa de empleo ha vuelto a los niveles de 2010, hace seis años. Y si el desempleo no es mayor al que reflejan los datos del INE, se debe a que desde finales de 2014 la tasa de actividad ha caído en un punto, porque muchas personas se han retirado del mercado de trabajo.

Dólar e inflación.

Como tantas veces, en los últimos meses se apeló al reiterado recurso de bajar el precio del dólar para que la inflación ceda. En el curso de ese proceso, el precio del dólar en nuestro país se divorció de cualquier canasta de monedas relevantes que se quiera considerar, y ese divorcio se expresa en varios pesos uruguayos por dólar. Se lo hizo por medio de una política monetaria extremadamente contractiva y a destiempo, con el agregado monetario relevante creciendo entre 1% y 3% anual. Y manteniéndose esa meta para este cuarto trimestre en el que será imposible de ser cumplida, por más que se apriete: parecería que el BCU no estuviera viendo la desaceleración que se viene dando con firmeza desde hace varios meses en la velocidad de circulación del dinero.

Entre marzo y octubre el dólar bajó 12,5% mientras que la inflación subyacente se redujo en 2,8 puntos porcentuales. El fuerte deterioro del tipo de cambio real es el precio que se está pagando por reducir la inflación de este modo, con políticas inconsistentes entre sí y con el signo opuesto al que deberían tener. En esos siete meses se perdió en materia de tipo de cambio real con fuera de la región, lo mismo que se había ganado en tres años.

Cuenta corriente.

Mientras tanto, el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos se reduce a pasos agigantados, ubicándose actualmente en torno a 1% del producto. Con el déficit fiscal estabilizado en los últimos dos años, todo el esfuerzo del ajuste ha sido del sector privado, que de desahorrar ha pasado a ahorrar significativamente. Y este panorama de ahorro privado positivo podría revertirse de mantenerse previsible la debilidad del dólar. Con el dólar a 28 pesos, los ingresos son más altos en dólares que con el dólar a 33 y de ese modo se abaratan en términos del ingreso, los bienes importados y en particular los durables (autos, electrodomésticos).

Sin embargo, ello no ocurriría si los consumidores no vieran como permanente la debilidad del dólar. Lo sucedido con éste tras el triunfo electoral de Trump, parece abonar esta idea, lo que sería, de concretarse, una amenaza sobre la "primaverita" que se estaba empezando a disfrutar.

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