OPINIÓN

Temas para una agenda de crecimiento

Con la urgencia de reciclar la piedra fundamental de la estructura económica, corregir el tema fiscal adquiere relevancia prioritaria y es tema de todos.

Foto: Pixabay
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Reflexionando en cómo retomar una senda de crecimiento más robusta y menos volátil entiendo que se destacan tres temas interconectados. Estos son la rebaja del déficit fiscal, el aumento de la productividad de la economia y una nueva inserción internacional adecuada a los tiempos actuales.

Esta trilogía se justifica por el escenario actual delineado por un déficit fiscal insostenible en el tiempo, inflación alta y desempleo creciente con destrucción permanente de puestos de trabajo. Por detrás de esos indicadores rige una estructura economica con productividad baja que erosiona la competencia externa en un mundo cada vez menos amigable. Por último, su inserción internacional es proclive a resaltar ese estado de cosas, pues por razones diversas hemos tenido conductas reñidas con nuestra historia, que desperdició oportunidades y profundizó nuestra dependencia al ciclo económico regional.

En materia fiscal prácticamente nadie se anima a contradecir que tenemos un problema que es necesario corregir a la brevedad. Hay algunas diferencias -naturales- en cuáles son sus correctivos pero es innegable que 5% es indefendible, más cuando el nivel de deuda bruta roza el 70% del PIB. Al gobierno saliente, esto se le escapo de las manos por dos razones básicas. Primero porque se financiaron gastos permanentes con ingresos transitorios ligados al ciclo economico y otros debido a la displicencia natural que generan enfoques de gobierno propensos al gasto. En los últimos años el gasto público en términos reales creció más que el Producto.

Aunada a esta realidad apareció el peso creciente de la Seguridad Social alimentado por razones demográficas, y también administrativas. Se vive más tiempo y con mejor calidad de vida, hecho positivo, con una tasa de crecimiento demográfico estancada. Por tanto, el sistema se desfinanció estructuralmente, lo cual requiere actualizarlo actuarialmente aumentando edades de retiro o con otras medidas de efecto equivalente. Por vía administrativa, reformas introducidas a fines de la decada pasada profundizaron el desequilibrio estructural del sistema al permitir el ingreso importante de beneficiarios al sistema usando prácticas que se pensaban desterradas como el uso de testigos para reconocer años de trabajo, causal de incapacidad médica dudosa por el número de beneficiarios amparados con el nuevo régimen, con el beneficio adicional de una tasa de remplazo mayor que el resto.

En resumen, sin el peligro de una crisis inmediata pero con la urgencia que aplica la necesidad de recimentar la piedra fundamental de la estructura economica del país, corregir el tema fiscal adquiere relevancia prioritaria y ayudar a resolverlo es tema de todos.

Hay consenso generalizado que aumentar la productividad es clave para acelerar el crecimiento económico. Lograrlo es el desvelo de toda sociedad pues depende de factores diferentes que van desde la calidad de las instituciones, el nivel educativo, el grado de apertura de la economia y la inversion. Es una categoría que se va leudando por generaciones, que se alimenta por vías diversas, que puede tener avances o retrocesos por hechos inesperados, pero hay ciertos hilos conductores básicos donde el estado debe estar presente. En definitiva, es una suerte de bien público que beneficia a todos acelerando el ritmo de crecimiento económico, facilitando el cierre del déficit fiscal y el ingreso medio ciudadano.

Lograrlo implica muchas cosas. Solo nos referiremos al tema de los incentivos a la inversión y la racionalización de la de índole publica. Parece un contrasentido en momentos de hablar de un cierr e fiscal, plantear un fortalecimiento de la inversión pública, pero hay que hacerlo. Aquí entramos en el terreno de discriminar entre gasto corriente e inversión pública. Si la inversión tiene un retorno superior al de su costo (tasa de interés), la inversión debe llevarse adelante más si esta contribuye al aumento de la productividad global. Esta es una de las críticas al gobierno saliente que utilizó los espacios fiscales extraordinarios de la bonanza externa para aumentos del gasto corriente y no en inversión para potenciar incrementos de productividad permanentes. Se intentó recuperar el tiempo perdido en el último bienio, pero fue tarde e insuficiente. Es un tema para tratar en profundidad en otras columnas, pero vale la pena ya advertirlo como una de las carencias a subsanar.

El encarrilamiento de la postura internacional de país en su acepción más amplia es un tema que no se puede desligar de lo anterior.

Si tomamos como punto de partida arbitrario los finales de la última gran posguerra nos encontramos con un país que siempre militó del lado de las grandes causas mundiales. Fue miembro fundador de todos los organismos surgidos en aquel entonces, como Naciones Unidas, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, y GATT. Ciudadanos destacados ocuparon cargos de relevancia internacional como el embajador Lacarte Muró en el GATT o el Cr. Enrique Iglesias en la CEPAL, presidiendo la ronda Uruguay del GATT y luego el BID. Y otros muchos más ocuparon posiciones de jerarquía que mostraron más allá de las personas el reconocimiento hacia la actitud del Uruguay. Si bien el mundo ha cambiado, también cambió la postura de nuestro país caracterizada históricamente por una conducta internacionalista afincada en valores democráticos, hacia una cargada de visiones ideológicas. La postura ante la crisis venezolana y la pertenencia a ejes de pocos paises afines ideológicamente es el mejor ejemplo. En lo más cercano, nuestra aproximación al Mercosur fue adquiriendo ese carácter limitando nuestro accionar en otros frentes comerciales o politicos. El postulado “más y mejor Mercosur” quedó en una categoría hueca cuando se constata que Brasil le da la espalda y Argentina hace lo mismo a su manera aplicando políticas cambiarias y medidas para arancelarias reñidas con las reglas de un acuerdo de este tipo. Una de sus consecuencias perniciosas es que ha profundizado sobre nuestro ciclo los efectos de su volatilidad económica. También nos ha encerrado con su alto arancel externo, impidiéndonos recibir los aires frescos de la apertura económica que siempre traen inversión externa y con ella aumentos de productividad.

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