JAVIER DE HAEDO

Tabaré Vázquez y un cuarto de su mandato

Afines de mayo se cumplieron 15 meses del mandato presidencial en curso, un cuarto de la duración de los gobiernos en nuestro país. 15 meses en los que el presidente debió lidiar con la herencia de su antecesor sin poder ser muy explícito al respecto por razones obvias de gobernabilidad.

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Tabaré Vázquez en Tacuarembó. Foto: Presidencia de la República

Y, además, con un contexto externo deteriorado con relación al excepcional prevaleciente desde 2003. No obstante, lo que considero más importante está por el lado de las expectativas al inicio de la gestión, tras esa década extraordinaria de progresos generalizados a partir de los cuales se esperaba continuar avanzando. Los resultados de sucesivas encuestas sobre la aprobación presidencial dan cuenta del choque de esas expectativas con una realidad que ya no es la misma.

Alivio externo.

Pero la cosa podría ser peor: el contexto externo ha venido mejorando y contribuyendo a mitigar la necesidad de introducir ajustes, si bien esta situación relativamente positiva luce transitoria y como positiva, debe ser asumida como transitoria por la conducción del país. Entre Yellen, Macri, Brasil y la soja, el panorama externo ha venido mejorando en los últimos meses: ¿quién iba a imaginar que a esta altura del año la tasa americana siga donde está, que el dólar en Argentina haya flirteado con los $13,70 (estuvo en 15,50 en octubre) y en Brasil con los R$ 3,40 (estuvo en 4,17 en enero) y que la soja haya aumentado en un tercio su valor desde febrero?

No voy abundar sobre temas ajenos a la macro, pero suele decirse que la primera etapa de los gobiernos ha de ser la más productiva en cuanto a iniciativas y cambios relevantes. Pues bien, no parece haber sido el caso en esta oportunidad ya que ella ha transcurrido sin pena ni gloria, en temas importantes como la enseñanza pública, donde los dos referentes principales volaron a los pocos meses, y como la infraestructura, donde del plan original de 12 billones es poco lo que se ha venido concretando. Veamos qué nos dejó esta primera cuarta parte del período de gobierno en curso en materia de resultados macroeconómicos.

¿Recesión?

Primero, la actividad económica permanece planchada desde finales de 2014. El PIB del primer trimestre de 2016 es casi igual al del cuarto trimestre de 2014 y en los 12 meses finalizados en marzo es casi igual al de los 12 anteriores. Sin contar a la UTE, que por el estado del tiempo ha venido teniendo un comportamiento muy volátil, llevamos cuatro trimestres con el PIB en caída. Si bien técnicamente no hay recesión, la situación tiene todas las características de una, al menos en la parte privada del PIB.

Segundo, los tres motores de la economía están apagados. En los 12 meses a marzo frente a los 12 anteriores, el consumo privado cayó 0,7%, las exportaciones 3,1% y la inversión se desplomó un 13,9%. En conjunto, los tres componentes referidos de la demanda global cayeron 3,6%. Salvo las perspectivas excelentes para la próxima temporada de turismo gracias a lo cara que está Argentina, no se vislumbra por dónde puede haber una recuperación y una salida de esta situación.

Tercero, la caída en la demanda interna tiende a mejorar el balance externo, y ello ocurre por un mayor ahorro privado y a pesar de un menor ahorro público. Al mismo tiempo que mejora la cuenta corriente, empeora la inversión extranjera directa. Cuarto, en materia de empleo, el año pasado se perdieron 33 mil puestos de trabajo, en el primer trimestre de este año otros seis mil y en abril hubo casi 20 mil menos que en el promedio del primer trimestre. Con un PIB privado en caída, ese es el resultado esperado en la medida en que el salario real privado siguió creciendo (casi 2% en 2015 y algo menos en el comienzo del año actual).

Quinto, la inflación alcanzó al 11,0%, lo que se veía venir a partir de la evolución de la inflación subyacente. Inflación firme con economía estancada. Y sexto, una vez más, la luz ámbar en materia de inflación activó un ajuste contractivo en la política monetaria que tuvo como efecto hacer caer dos pesos el precio del dólar desde comienzos de marzo. La recuperación gradual del tipo de cambio real que se venía procesando, fue de interrumpida (con Brasil) y revertida (con fuera de la región) desde entonces, mientras que ha seguido mejorando con Argentina, donde el encarecimiento en dólares es considerable.

Más déficit y deuda.

Séptimo, el déficit fiscal ha subido desde el 3,6% del PIB en 2014 y ahora el gobierno estima llegar al 4,3% del PIB este año. La mejoría registrada en las finanzas de las empresas estatales no ha sido bastante como para compensar el firme deterioro en el gobierno central, donde el gasto está mayoritariamente indexado y donde el peor desempeño de la economía pega en los ingresos tributarios.

Con ese marco fiscal no sorprende que la deuda pública haya seguido creciendo más allá de lo previsto y que ya existan noticias negativas desde el lado de las calificadoras de riesgo. Una deuda que crece y que está desandando el camino de desdolarización de los años pasados, ante la menor demanda por riesgo en moneda nacional de economías emergentes, lo que potencia el deterioro de algunos indicadores relevantes en la materia.

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