China asume la actual coyuntura como algo esperable

Son cuatro las reformas en marcha, en plena transición

China no es una moda temporal, vino para quedarse, aseguró el Doctor en Derecho Nicolás Santo, funcionario de un gobierno local en China. El experto asegura que el gobierno chino está dispuesto a intervenir todo lo que resulte necesario para evitar movimientos bruscos en la economía, asumiendo que se pasa por una coyuntura compleja.

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Nicolás Santo. Foto: Archivo El País

Sin embargo, esta etapa es tomada como algo que estaba dentro de lo posible, en una economía en plena transformación. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuáles son las previsiones para este y el próximo año?

—China ha ingresado desde hace un tiempo en una fase a la que sus líderes se refieren como "el nuevo normal", es decir, una etapa de crecimiento en la que, si bien éste continuará siendo importante (para este año se estima girará en torno al 7%), ya no será de dos dígitos como en la década anterior. Creo que esto era totalmente esperable, ya que China tiene muchos desafíos que enfrentar —incluido el ambiental— e imperiosamente necesita apostar al crecimiento cualitativo más que al cuantitativo. A su vez, cabe resaltar que, incluso si este año China creciera al 5%, contribuiría más a la economía global que lo que contribuyó en 2007, cuando el crecimiento fue del 14%. Por tanto, estimo que proyecciones como las de The Economist, que en su edición de hace algunas semanas titulaba "la gran caída de China", son algo exageradas. Habrá tropezones importantes, pero China como potencia económica no es una moda temporal.

—¿Qué condicionantes entran en juego para esa valoración?

—Hay algo de aquello de "demasiado grande para caer". Respecto de la situación puntual que se vive por estos días, habrá que ver cómo afecta la economía real. Será clave prestar atención a cómo una posible disminución de las importaciones chinas afecta a Estados Unidos y la Unión Europea especialmente y si esto genera, a su vez, desaceleraciones en las exportaciones chinas hacia esos mercados. Finalmente, está el tema de la credibilidad en el gobierno. Durante los últimos 20 años, los mercados globales parecían creer que los tecnócratas que manejaban la economía eran omnipotentes y ahora queda a la vista que se han cometido errores gruesos, como incitar a invertir en acciones que estaban sobrevaluadas.

—¿Cuáles son los aspectos que resultan determinantes para esta situación?

—En los 12 meses previos a la crisis, la Bolsa de Shanghai operó al alza, con un acumulado de casi 150%. Sin embargo, esto no condecía con las previsiones de analistas que observaban las cifras de la economía real. Clara indicación de que los precios de las acciones estaban sobrevaluados. Además, gracias a las modificaciones en el marco regulatorio, un enorme número de inversores de pequeña escala había ingresado al mercado, contribuyendo a inflar aún más los valores. Cuando la situación fue evidente, los inversores se desprendieron de sus acciones a toda velocidad. El resto ya lo conocemos.

—La devaluación del yuan, ¿fue algo sorpresivo o se veía venir?

—El 11 de agosto de 2015 quedará marcado como el día que el yuan se devaluó un 2%. Sorprendió porque algo así no ocurría desde 1994. Según el gobierno, esta medida apunta a que el mercado tenga un rol más importante a la hora de determinar la cotización del yuan y tiene por objetivo último avanzar en la estrategia de convertir al yuan en una moneda de reserva global, aunque falte mucho tiempo para que esto ocurra. Todavía no hay masa crítica para evaluar cómo repercutirá la medida sobre la economía real. Se espera que contribuya a incrementar las exportaciones. Asimismo, cabe la posibilidad de que la medida resienta las importaciones, aunque los chinos que este año se sumarán a la clase media pueden contribuir al rescate si su aporte ayuda a aumentar el consumo.

—¿Cuál es la estrategia para salir adelante en medio de este desaceleración?

—El gobierno ha optado por un recorte de las tasas de interés y por la compra masiva de acciones a través de la Corporación China de Valores Financieros. También buscó brindarle mayor liquidez al sistema bancario, mediante la reducción de los encajes. Desde una perspectiva de mediano y largo plazo, China apostará a nuevos motores de crecimiento para impulsar su economía, con mucho énfasis en la innovación. Lo que es claro es que el gobierno chino está dispuesto a intervenir todo lo que resulte necesario para evitar movimientos bruscos en la economía, siendo la creación de más puestos de trabajo su mayor preocupación, en tanto esto se encuentra íntimamente ligado a la estabilidad social.

—¿Qué reformas se esperan?

—Puede decirse que hoy China se está planteando cuatro grandes reformas. La primera, transitar hacia una economía en la que el consumo y el sector terciario tengan mayor preponderancia. Hoy en China el consumo representa aproximadamente un 50% de la actividad económica, mientras que en Estados Unidos representa un 70%. La segunda, generar una matriz industrial inteligente con el objetivo de dar un salto cualitativo, lo cual se refleja en políticas impulsadas desde el gobierno central como "Hecho en China 2025" e "Internet+". La tercera, facilitar la proliferación de instituciones financieras privadas, incluidas las extranjeras. Y la cuarta, crear mecanismos de apoyo a pequeñas y medianas empresas —se creó un fondo de US$ 10.000 millones para ello— y al mismo tiempo lograr que un mayor porcentaje de las ganancias de las empresas de mayor escala provenga del exterior.

—¿Existe preocupación ante el menor crecimiento o dentro de su economía "planificada" es considerado una etapa más?

—Los hechos de los últimos meses confirman que la transición de una economía planificada hacia una en la que el mercado tenga un mayor protagonismo está plagada de imponderables, que escapan al control de las intenciones de quienes dirigen la política económica del país. Son muchos frentes al mismo tiempo. Gobiernos locales con necesidad de acceso al crédito pero que no son tan disciplinados a la hora del gasto, una población que en los próximos años envejecerá y, además, un mercado inmobiliario saturado, a pesar que personas influyentes como Wang Jianlin (director del Grupo Wanda) expresaron su confianza en que los chinos, por cuestiones culturales, seguirán invirtiendo en el sector. Por tanto, para los líderes chinos esta etapa de menor crecimiento es tomada como algo que estaba dentro de lo posible, en una economía en plena transformación.

—¿Qué ha pasado con la inversión y las expectativas?

—Todavía es temprano para medirlo. Pero en conversaciones con empresarios y operadores económicos uno puede concluir que los chinos tienen una enorme confianza en su economía. Sí, entienden que vivimos en la era de las turbulencias. Pero cuando se trata de evaluar el futuro son optimistas, especialmente porque son conscientes de que China es un mercado al que ningún inversor querrá renunciar, por lo que los negocios seguirán marchando. Por otra parte, las empresas chinas viven una época dorada. En Uruguay y la región no hemos visto aún ni la punta del iceberg. Recientemente, por ejemplo, visité Envision, una empresa privada que se ha convertido en la segunda más importante del país en materia de turbinas eólicas, y sus perspectivas de expansión —tanto en China como en el exterior— asombran. De todos modos, desde hace un tiempo ya hay preocupación en la comunidad extranjera por la situación económica, aunque esto es independiente de lo ocurrido en los últimos meses. La Cámara de Comercio de la UE, por ejemplo, habla del fin de la época de oro para multinacionales extranjeras en China. Sin embargo, simultáneamente, se abren miles de oportunidades para pequeñas y medianas empresas.

—¿El crecimiento del nivel de vida, también se desacelera?

—A decir verdad, lo que uno ve en el día a día —y lo que indican las decisiones tomadas por muchas empresas extranjeras como Amazon, por ejemplo— es que los chinos seguirán consumiendo. Cada vez son más las opciones de compra y entretenimiento, y la tendencia no parece detenerse, especialmente tomando en cuenta que las nuevas generaciones tienen un fuerte deseo de acceder a nuevos bienes y servicios. Un factor importante a tomar en cuenta, de todos modos, es que en China existe una cultura del ahorro muy fuerte. Si la situación de incertidumbre se prolonga, no sería extraño que los chinos decidan contraer el gasto. Por último, se da la paradoja de que son cada vez más los chinos que prefieren consumir en el exterior antes que en territorio chino. Nótese que los turistas de nacionalidad china son los que más gastan, según reflejan las estadísticas. Esta fuerza no debe subestimarse. Ya ha demostrado que tiene capacidad para afectar el consumo doméstico a la baja.

Desde el gobierno hace tiempo que se piensa como jugador global

—Las dificultades internas, ¿le hacen modificar su estrategia de inserción internacional?

—La internacionalización de China es un proceso que no tiene vuelta atrás y resulta independiente de las crisis que puedan presentarse. Estamos hablando de un país con más de US$ 3.500 trillones en reservas. Prueba de esto es que durante la Asamblea General de las Naciones Unidas el presidente Xi Jinping anunció la creación de un fondo de apoyo a la organización de US$ 1.000 millones.

Tampoco debemos olvidarnos de las sumas que China destinará a proyectos como el AIIB, el Banco de Desarrollo de los BRICS, la iniciativa "One Belt, One Road" y la creación de la nueva ruta de la seda. Por tanto, si bien las turbulencias de los últimos meses son un importante llamado de atención, China ya piensa como jugador global y cualquier medida que su gobierno tome para enfrentar situaciones adversas a nivel doméstico, indudablemente contemplará sus necesidades de inserción internacional.

PERFIL.

Nicolás Santo.

Consultor en promoción de inversiones internacionales del gobierno de Foshan, provincia de Guangdong, República Popular China. Doctor en Leyes por la Universidad de Montevideo, Máster en Derecho chino en la Universidad Tsinghua. Es, además, investigador invitado de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos.

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