EL ANÁLISIS

Sigue habiendo una pérdida de plazas laborales

Tasa de desempleo del primer trimestre fue del 8,8%, la más alta en la última década.

En enero hubo 28.837 personas desocupadas más que el mes previo. Foto: D. Borrelli
Foto: D. Borrelli

Las estadísticas que aparecen sobre el primer trimestre del año no están dando señales de que la economía haya tenido mucho vigor. Más bien confirman que, si hay algo de crecimiento del nivel de actividad, este es muy pobre en comparación con la tendencia de largo plazo. En el mercado laboral el impacto es más crudo porque la realidad indica que se generan cada vez menos puestos de trabajo. Esta caída en el empleo provoca una suba de la desocupación que se encuentra en el promedio anual en un nivel del 8% desde 2016, pero en el último dato con una tendencia a empeorar.

En efecto, el primer trimestre del 2018 estuvo marcado por una tasa de desempleo de 8,8% de la población activa que es el nivel más alto en los diez últimos años y representa aproximadamente 156.500 personas que deseaban trabajar y no lo consiguieron. Esta cifra es superior a la observada en el mismo período el año pasado, por lo que en forma gradual hay un leve deterioro en el número absoluto de personas que tienen dificultades para conseguir trabajo.

Cuando se habla de tasa de desempleo, se refiere al cociente entre las personas desempleadas y las personas de más de 14 años de edad que están dispuestas a trabajar, por lo que constituyen la población económicamente activa de la sociedad. Este conjunto depende de la voluntad de la gente por ingresar en la fuerza de trabajo y tiene variaciones con el tiempo y las condiciones de mercado.

En particular, en los tres últimos años hay una tendencia a la baja en la que al ver los promedios de doce meses se observa que son aproximadamente unas 12.000 personas menos las que tienen deseo de trabajar.

Esta evolución hace que la suba en el desempleo tenga como explicación la pérdida de puestos de trabajo. No es dramática y se encuentra lejos de lo observado en períodos de crisis, pero hay una tendencia descendente que preocupa.

Profundizando en la preocupación por la tendencia del empleo, hay que considerar que esta caída ocurre con un PIB que está subiendo y sin grandes impactos negativos desde el exterior. Se trata de la interpretación de los datos para el primer trimestre que, si se compara con lo que queda para el resto del año, se puede considerar que fue bueno. Para los siguientes trimestres, hay que tomar en cuenta que aparecen situaciones críticas, como la pérdida de buena parte de la cosecha de soja, el impacto adverso del clima sobre la ganadería, el enlentecimiento de Brasil y la volatilidad extrema de Argentina.

Hace tres años se estimaba un total de 1.674.000 puestos de trabajo, mientras que para el promedio de doce meses a marzo del 2018, la cantidad estimada es de 1.642.500. Se perdieron poco más de 30.000 posiciones laborales en muy poco tiempo, de las cuales 4.000 ocurrieron en los últimos doce meses.

El desempleo comienza a presentar alguna arista preocupante en cuanto al tipo de situaciones que se empiezan a vivir en la sociedad. Hay un leve aumento de la tasa específica de desempleo de los jefes de hogar. Esta variable siempre es crítica porque cuando se trata de otro integrante, por ejemplo cuando se trata de un hijo que pierde el trabajo, hay menos ingreso disponible pero la dificultad no está en el principal pilar del hogar.

En el gráfico superior en el cuadro adjunto, se presenta la tasa específica de desempleo de los jefes de hogar. Esta tasa surge de dividir el total de jefes de hogar que están desocupados entre el total de jefes de hogar que surgen de la encuesta de hogares. Es una tasa que baja del 3,5% al 2,7% cuando se mira hasta los doce meses a marzo del 2012. Desde ese entonces aumentó, llegando en el año terminado en el primer trimestre del 2018 en el 4,0%.

Si bien son tasas bajas, hay que considerar que pequeñas subas de estos porcentajes implican problemas muy grandes para varios hogares. A su vez hay que considerar que el empleo juvenil mostró en los tres últimos años un fuerte retroceso y por lo tanto es altamente probable que los próximos ajustes que hagan las empresas también involucren a los mayores de 25 años de edad.

En el gráfico de la izquierda en la zona media del cuadro se muestra la evolución del empleo de los jóvenes y el de los mayores en un mismo gráfico, partiendo de un valor 100, ambos en el promedio del año 2013. En cinco años el empleo de los jóvenes perdió el 17% y el de los mayores tan solo el 1%.

Cuando se hacen otros cortes del empleo no se observan cambios tan drásticos como en este que es por edad. Por ejemplo, si se hace la evolución partiendo del mismo punto para el empleo en Montevideo y en el Interior se observan trayectorias muy similares, tal como se ilustra en el gráfico de la derecha en la zona media.

Lo que hay que considerar cuando se analiza el empleo en Montevideo y en el Interior es que buena parte de la actividad en la capital nacional depende del nivel de actividad en el resto del país. Por lo tanto, hay un rezago en los impactos. Los buenos y los malos momentos en el Interior terminan generando subas o bajas en el empleo en Montevideo. De cara al próximo año es claro que las dificultades en la producción primaria de este primer semestre, van a generar una presión a la baja en la demanda del lado de las empresas y el Estado para el resto del año y comienzos del que viene.

Cuando se miran los indicadores de calidad del empleo aparece una señal positiva del lado de la formalización de los puestos de trabajo y una señal negativa para la insuficiencia de trabajo ofrecida a la gente. En el primer trimestre del año, el porcentaje de las personas que están ocupadas pero no están registradas bajó -5%. Mientras que las personas que se consideran sub-ocupadas crecieron 4%.

Finalmente, vale la pena analizar la realidad del desempleo de nuestro país en el contexto regional, tomando como referencia el total de Brasil y su zona sur. Durante el período de expansión nuestra economía mostró una evolución similar a la que tenía uno de los actores relevantes en el crecimiento previo a 2008, y la tasa de desempleo bajó en los dos países a niveles cercanos al 6%. Desde 2013 el desempleo en Uruguay subió 2,5 puntos porcentuales pero en Brasil lo hizo en 6,9 puntos, mostrando en la actualidad una tasa entrada en los dos dígitos (13,1% de la población activa).

Pero Brasil tiene el tamaño del continente y encierra realidades muy diferentes. Cuando se mira la evolución de la región sur del vecino país, se observa un comportamiento más parecido al de Uruguay, acorde a que la estructura productiva es la que tiene mayores similitudes. En el promedio de los doce meses a marzo del 2018, el desempleo en la zona sur fue del 8,1% cuando en Uruguay fue del 8,0%.

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