OPINIÓN

Sigue el desborde fiscal y monetario en Argentina 

No es descartable un default o reprogramación de la deuda en pesos considerando el volumen de vencimientos que se avecinan.

Foto: Getty Images
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En el informe monetario diario del BCRA de la primera semana de junio aparece un dato sorprendente al 31 de mayo: el Tesoro le cancela al BCRA $ 322.449 millones en concepto de Adelantos Transitorios, la cuenta que utiliza el BCRA para financiar con emisión monetaria el déficit fiscal. Al cancelarse esa deuda, se contrae la base monetaria en $ 322.449 pero, al mismo tiempo, se expande por el mismo monto por compra de divisas que el BCRA le hace al Tesoro. Obviamente, el Tesoro le entregó al BCRA los Derechos especiales de giro (DEG) que le dio el FMI, DEG que serán utilizados para cancelar deuda con el Fondo Monetario.

En definitiva, lo que está haciendo el gobierno es usar los DEG para cancelar deuda con el BCRA y luego el BCRA cancelará deuda con el Fondo con los DEG recibidos del Tesoro. Pero el dato fundamental es que el BCRA queda con vía libre para volver a emitir moneda para financiar el déficit fiscal, utilizando la cuenta Adelantos Transitorios sin violar la carta orgánica del BCRA. Esta misma maniobra ya la había hecho a principios de año, cuando llegó a un acuerdo con el FMI.

Dicha maniobra hace pensar que en los próximos meses, el BCRA volverá a emitir intensamente para financiar al tesoro poniéndole un piso a la tasa de inflación.

Y efectivamente fue eso lo que ocurrió. Pasaron solo 3 días y el BCRA volvió a emitir para financiar al tesoro $ 122.400 millones, es decir, casi el 39% de los adelantos transitorios que había cancelado 3 días antes, volvió a usarlos.

El descontrol fiscal y monetario, producto del populismo del gobierno, ya hizo que este gobierno tuviera la tasa de inflación anual más alta desde la salida de la convertibilidad, superando el pico de inflación que tuvo Macri en mayo del 2019, con el 57%.

Es más, Alberto Fernández viene acumulando la tasa promedio mensual más alta comparada con la de sus antecesores.

Alberto Fernández tiene una tasa promedio de inflación mensual durante su presidencia del 3,4%, Macri tuvo una tasa promedio mensual del 2,9%, en el primer mandato Cristina Kirchner tuvo una tasa promedio mensual de inflación del 1,6% y en el segundo mandato del 2,2%.

Pero sobre estas tasas promedio de inflación hay que hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, los dos períodos de inflación promedio mensual de CF tienen precios de los servicios públicos congelados, ya que los subsidios para mantenerlos artificialmente bajos comenzaron en 2006, además el tipo de cambio oficial también se atrasó al punto que a los pocos días de asumir su segunda presidencia puso el cepo cambiario, porque el BCRA agonizaba de reservas. Y, en tercer lugar, la inflación que tomo para los dos períodos de Cristina Kirchner es la inflación Congreso, porque en ese momento el Indec tenía distorsionado el IPC por intervención del gobierno.

En el caso de Macri, la inflación da más alta porque se ajustaron las tarifas de los servicios públicos, lo cual dio lugar a internas en el gobierno en ese momento.

Finalmente, la inflación más alta de Alberto Fernández se configura a pesar del atraso de las tarifas de los servicios públicos y del tipo de cambio oficial, lo cual deja en claro que hay una inflación reprimida que en algún momento se disparará y llegaremos a una inflación de 3 dígitos anuales.

En definitiva, la inflación acumulada en los primeros 5 meses del año del 29,3% da un promedio mensual del 5,27%, tasa que elevada a la 12, proyecta una inflación del 85,3% sin haber ajustado todavía las tarifas de los servicios públicos y manteniendo una caída en términos reales del tipo de cambio oficial. Corregir esas dos variables a partir del 85,3% determina como muy probable una inflación de 3 dígitos anuales.

El problema inflacionario se potencia más cuando se ven los vencimientos de bonos ajustables por inflación en el segundo semestre del año y en particular en septiembre, mes en el que vence casi $ 1 billón en bonos en pesos, sin que el gobierno disponga de fondos para enfrentarlos y con un mercado financiero que ya no absorbe tantos bonos del gobierno.

No es descartable un default o reprogramación de la deuda en pesos considerando el volumen de vencimientos que se avecinan.

Por otro lado, el anticipo de los números fiscales de mayo muestra que no cede el aumento del déficit fiscal. Aun incluyendo los ingresos por rentas de la propiedad, el déficit fiscal primario aumentó un 188% respecto a mayo de 2021 y el 360% comparando los primeros 5 meses de este año con igual período 2021.

El gasto corriente crece a un ritmo anual del 70% en mayo, con fuerte aumento de las prestaciones sociales.

El gobierno sigue pagando el costo político de una alta inflación, pero no tiene el beneficio político de estar licuando el gasto público. Es decir, el gasto público crece en términos reales creando un enorme problema fiscal hacia el futuro.

En síntesis, si bien la inflación de mayo fue menor a la de abril, se sabe que el piso sigue siendo muy alto y es a partir de ese piso alto que habrá que ajustar las tarifas de los servicios públicos y el tipo de cambio oficial.

En paralelo, la falta de reservas está afectando la producción, porque el gobierno tiene que destinar más dólares a importar gas y gasoil por la distorsión de precios relativos que introdujo en ese mercado. Esa mayor cantidad de dólares destinada a importar energía, le resta dólares para importar otros insumos, complicando la producción y tendiendo a frenar la actividad económica en un contexto de alta inflación. Es decir, recesión con inflación es lo que puede venir en los próximos meses o, en el mejor de los casos, estancamiento con inflación.

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