HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Siete trimestres sin que crezca la economía

Conducta de empresarios y consumidores revela expectativas que son desfavorables.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La obras prevén que comiencen una vez terminada la feria de la construcción. Foto: A. Colmegna

El dato recientemente divulgado sobre el desempeño de la economía uruguaya en el primer trimestre del año no sorprendió ya que volvió a mostrar una economía estancada. Hace casi dos años que el nivel de actividad no crece, más allá de algún trimestre puntual en el que por algún factor extraordinario haya mostrado cierto dinamismo.

Se puede decir que el freno coincide con el fin del ciclo de precios elevados de los commodities y el cambio en las expectativas respecto a la tasa de interés internacional, que en última instancia son las variables que marcan la fase del ciclo por el que atraviesa la economía. En un escenario global menos favorable, la economía uruguaya pasa a ser más dependiente de la región.

Tanto por el lado de la producción como por el del gasto, la mayoría de sus distintos componentes evolucionan a la baja y no se auguran repuntes sustanciales en el futuro inmediato, máxime cuando el contexto regional no muestra signos de recuperación en el corto plazo. Es más, dada la situación regional aumentan las probabilidades de que la economía uruguaya muestre tasas negativas de crecimiento en los próximos trimestres.

En el primer trimestre del presente año la economía cayó 0,5% comparada con el nivel registrado un año atrás. En términos desestacionalizados creció 0,1% en relación al último trimestre de 2015. El análisis del PIB desestacionalizado muestra que a partir del segundo trimestre de 2014 la economía uruguaya ingresó en una etapa de estancamiento, tal cual se muestra en el gráfico alargado que aparece en la parte superior del cuadro que acompaña la nota. Desde entonces ha fluctuado levemente, afectada por fenómenos puntuales por ejemplo una buena temporada turística en el primer trimestre de 2015, los fenómenos climáticos que según haya o no lluvias contribuyen a la suba o baja del PIB a través de la generación eléctrica. En los últimos trimestres hay que considerar a su vez el efecto Montes del Plata. En primera instancia por la magnitud de la obra y su impacto en la construcción. Posteriormente por la propia puesta en funcionamiento de la planta y su impacto en la industria manufacturera.

Pero más allá de estos fenómenos puntuales, el gráfico muestra claramente que a lo largo de los últimos siete trimestres la economía prácticamente no creció.

Imagen Página 10, LUNES by ElPaisUy

El gráfico chico de la izquierda es complementario del anterior y muestra no sólo el estancamiento, sino lo brusco del freno. Se muestra allí el crecimiento acumulado del PIB a lo largo de períodos consecutivos de siete trimestres (el tiempo transcurrido desde que la economía se estancó). Se ve claramente que en los distintos períodos de siete trimestres entre el cuarto trimestre de 2003 y el segundo de 2014 la economía creció en promedio 9,5%. Ello determina una tasa promedio anual del 5,3%. Pero en los últimos siete trimestres la economía apenas creció 0,5%, una tasa anualizada del 0,3%. Como aproximadamente esa es la tasa de crecimiento de la población, esto quiere decir que el PIB per cápita no aumenta.

El PIB se puede medir por el lado de la producción (producción total de bienes y servicios finales de la economía), por el lado del gasto o como el valor agregado de la economía. Desde esta última óptica muestra los ingresos totales que se generaron en el período analizado. En tal sentido, otra forma de ver el estancamiento es señalando que el ingreso promedio per cápita de los uruguayos hace siete trimestres que dejó de crecer.

Esto tiene implicancias muy importantes en momentos actuales en que se están llevando a cabo negociaciones en varios Consejos de Salarios, que abarcan a más de la mitad de los trabajadores del país. No tenerlo presente puede desembocar en un deterioro mayor al que ya está mostrando el mercado de trabajo.

De alguna manera los consumidores están incorporando estos peligros potenciales en sus expectativas, lo que se ve reflejado en la evolución del gasto, tal cual se muestra en el gráfico alargado de abajo. Por su propio peso relativo, en el entorno al 70% del PIB, el consumo privado no puede tener una evolución diferente a la de aquél. Y el gráfico lo muestra; a partir del año 2014 comienza a desacelerarse, hasta disminuir en las últimas mediciones.

El desempeño de los dos últimos años contrasta con el freno registrado a raíz de la crisis bancaria en Estados Unidos en el año 2008. En aquel momento el freno en el consumo fue abrupto (los consumidores se vieron sorprendidos por la crisis), y transitoria al mejorar rápidamente el mundo relevante para el país aquel momento (China), por los aumentos salariales otorgados, que en términos reales fueron los mayores de la última década y por la apreciación del peso en un contexto de deflación mundial en dólares.

En el contexto actual el deterioro ha sido gradual y más prolongado. El contexto internacional cambió y fundamentalmente, el peso se depreció. Eso encareció el consumo importado, fundamentalmente el de automóviles y bienes duraderos, que tienen un peso muy elevado en el consumo global. El deterioro del mercado laboral aportó lo suyo, y en consecuencia el consumo se deterioró.

En el último trimestre se dio una circunstancia particular que contribuyó a deteriorar aún más el consumo. En la última temporada turística, Brasil resultó muy barato para los uruguayos, y muchos optaron por veranear allí. A partir del segundo trimestre la relación de precios cambió y el país norteño ya no es tan barato. De todas formas, ese gasto en el exterior que pudo haberse efectuado en el país no cambia la tendencia global del consumo privado, ya que sus determinantes fundamentales son los que lo impulsan a la prudencia.

Esa misma prudencia, en el caso de los empresarios, se ve reflejada en la caída de la inversión. A nivel privado la formación bruta de capital disminuyó 21,5% en el primer trimestre del año respecto a igual período de 2015. Se trata del octavo trimestre consecutivo en que cayó la inversión privada, que en los dos últimos trimestres se vio acompañada de un descenso de la variación de existencias. Una parte importante de esta caída, que es a su vez la contracara de la suba registrada anteriormente, es la finalización de las obras de Montes del Plata. En la actualidad, los flujos de inversión son similares a los registrados a comienzos del año 2012, el efecto Montes del Plata y otros emprendimientos llevó a que los flujos de inversión se incrementasen más de un 20% en los dos años siguientes, disminuyendo desde entonces.

Aquí influye las expectativas poco favorables de los empresarios, la incertidumbre de todo proceso electoral, el elevado costo de los activos medidos en dólares (precio de la tierra, inmuebles) y hasta el propio costo de la mano de obra. Los cambios tributarios anunciados tampoco ayudan.

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