Opinión

Shock emprendedor

A los “baby boomers” nos enseñaron que Uruguay era un país de desarrollo relativo; siendo ahora padres de “millenials” nos ha tocado asumir que el resto del mundo nos califique como “de renta alta”. 

Foto: Pixabay
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 Sin embargo, durante toda esa transición nunca dejaron de estar presentes brechas estructurales que no nos han permitido superar el estadio de “economía emergente”.

Sin duda, los uruguayos hemos sabido mantener pendiente el “salto cualitativo” hacia el desarrollo pleno. En parte eso ha tenido que ver con nuestra cultura emprendedora y cuánto de ello se tradujo efectivamente en empresas sustentables. Es decir, ¿hasta qué punto hemos sabido valorar el espíritu emprendedor como factor de desarrollo y reconocer a los ciudadanos que así se comportan como aquellos que dan forma a la innovación y aceleran los cambios en la economía?

En el contexto de la Industria 4.0, tal perspectiva no sólo ha adquirido creciente relevancia sino que le está exigiendo a las políticas públicas marcos de regulación que fomenten la inversión, garanticen la igualdad de oportunidades y faciliten herramientas acordes.

Hay datos que nos hacen dar de bruces con la realidad. Un estudio de la CAF demostró que entre 2005 y 2015 el 5% del crecimiento del PIB regional fue gracias a la economía digital y que ello significó la creación de un millón de empleos. Por su parte, en 2018 Deloitte anunció que estamos siendo testigos de cambios sísmicos en la organización del trabajo y con base en una encuesta global a 11.000 líderes empresariales, registró que apenas el 30% de los encuestados preveía un crecimiento de su plantilla para el 2020, mientras un 37% de ellos proyectaba un aumento en sus contratistas y el restante 33% lo mismo respecto de sus trabajadores autónomos.

En lo que a Uruguay atañe el Global Report del Entrepreneurship Monitor señala tres factores que limitan la expansión de nuestro ecosistema emprendedor: falta de políticas públicas de promoción y apoyo, una educación pertinente y dificultades de acceso al crédito.

En este marco, la Cámara de Representantes aprobó por unanimidad un proyecto de ley que apunta a provocar un “Shock” en el imaginario colectivo, con miras a:

• Diseminar en el sistema educativo (primaria, secundaria, técnico-profesional y universitaria) la cultura emprendedora para que los estudiantes adquieran habilidades orientadas a la creatividad, la cooperación y el riesgo. En ello se inscriben también la formación docente y el diseño de currículas acordes.

• Habilitar incentivos fiscales para estimular la inversión vinculada a proyectos de promoción y fomento.

• Poner en funcionamiento una Comisión Nacional de Empendedurismo como instancia de asesoramiento y coordinación de las políticas orientadas a estimular emprendimientos. A su vez, posicionará al país internacionalmente a través de la marca Startup-Uruguay.

• Regular un nuevo tipo societario: las Sociedades por Acciones Simplificadas con el propósito de facilitar a los individuos modalidades de asociación más funcionales (que las Sociedades Anónimas o SRL) a la nueva economía.

• Crear un régimen especial para el acceso al capital mediante el Financiamiento Colectivo (crowdfounding) resultado de la intermediación, a través de una plataforma web o digital, entre un promotor de un proyecto y una multiplicidad de inversores con fines de lucro.

Con una intervención pública de este perfil se estaría yendo bastante más allá que analizar el rediseño de empleos o la automatización de tareas rutinarias; apunta a flexibilizar la “arquitectura misma del trabajo” y a sumar talento y recursos externos.

Siendo fiel a los valores que provocan mi personal adhesión a la Economía Digital y a las lecciones aprendidas en estas tierras desde el 2005 a la fecha, quiero destacar algunos riesgos en la futura aplicación de esta iniciativa relacionados con:

• Mantener el efectivo liderazgo del Sector Privado en todos sus niveles de acción (planificación, gestión y evaluación). Es en este universo donde está el principal know – how y en donde se debe dejar huella. Serán estos agentes quienes, aprovechando el rol subsidiario del Estado, deberán realizar las coordinaciones necesarias y construir las alianzas virtuosas entre el ecosistema tecnológico y emprendedor.

• Cuidar el financiamiento sustentable tanto de los soportes institucionales que por la misma se crean como de las actividades que se decidan implementar en cada uno de sus componentes.

• Asegurar la existencia de un riguroso sistema de monitoreo y evaluación de resultados, explotando las oportunidades que brinda el Gobierno Electrónico. Es esto lo que dará credibilidad a estas políticas y transparencia a la ciudadanía, habilitará la incorporación de correctivos y garantizará impacto. Entre otros indicadores, no podrían faltar los vinculados al empleo, la digitalización, la productividad, la innovación e internacionalización.

Esta iniciativa parte de entender al emprendedor como “un protagonista del desarrollo, de la diversificación productiva y de los incrementos en la productividad que conducen a la larga a disminuciones en los costos unitarios de producción”. El estándar de desempeño que se está marcando es alto y por incomodo que nos resulte cumplirlo, sólo su planteo motiva expectativas que superan al mero texto normativo o las buenas intenciones.

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