Tema de análisis

Séptimo trimestre de caída de la industria

El IVF actual está en niveles similares a mediados del año 2014, cuando todavía no estaba funcionando la segunda planta de celulosa. 

Foto: El País
Foto: El País

Los problemas que arrastra el sector productivo repercuten en el nivel de actividad. La industria manufacturera no es ajena a ello. Por el contrario, es un reflejo de la economía, ya que coexisten en su interior diferentes ramas que, en mayor o menor grado, reflejan al resto de las actividades que se llevan a cabo en el país.

Agroindustrias exportadoras que dependen de las materias primas que les provee el agro, fabricantes de insumos para la construcción que dependen de la suerte de ese sector, industrias de consumo volcadas al mercado interno que responden al salario y exportadoras que dependen de la demanda externa, pero también de los costos internos. Asociado a este último punto, la evolución de los precios relativos es un tema crucial, que impacta directamente en la competitividad del sector

Se pueden resumir los problemas del sector en la falta de competitividad, concepto amplio que va mucho más allá de la cotización puntual del dólar, pero que en el corto plazo está muy asociado al valor de la divisa estadounidense y su evolución respecto a los restantes precios de la economía.

Esa evolución no ha sido favorable al sector, al punto tal que los últimos datos divulgados sobre el comportamiento del índice de volumen físico (IVF) de producción sin considerar la refinería registraron por séptimo trimestre consecutivo una caída, tal cual se muestra en el gráfico que aparece en la parte alta del cuadro que ilustra la nota.

Se muestra allí una evolución larga del IVF, donde sobresalen algunos momentos favorables al sector, como por ejemplo los saltos de 2007 y 2014, que respondieron a la puesta en funcionamiento de las plantas de celulosa, o el crecimiento entre 2010 y 2012, con una región en expansión que demandaba nuestros productos. Pero también aparecen momentos no tan buenos, como por ejemplo el cierre del mercado argentino a partir de 2012 o, más acá en el tiempo, los últimos siete trimestres consecutivos de descenso en la producción.

Es interesante analizar este último período, que pone claramente de manifiesto las dificultades por las que atraviesa el sector, las que prácticamente se extienden a todas las ramas que lo conforman.

De la observación del gráfico se constata que el nivel actual de producción industrial está en niveles similares a los registrados a mediados del año 2014, cuando todavía no había comenzado a operar la planta de Montes del Plata.

Podría decirse entonces que el salto en el IVF manufacturero que generó la puesta en marcha de la segunda planta de celulosa, que fue muy importante, se fue diluyendo lentamente en los últimos trimestres. El nivel de actividad industrial en el año inmediato posterior a la puesta en marcha de esa planta creció 6,5%, pero si se le descuenta el impacto de la celulosa, apenas lo hizo en 0,2%. Ese salto —que fue por una única vez y se volvería a dar si se concreta la construcción de una tercera planta una vez que entre en funcionamiento— es el que se perdió en los últimos trimestres debido a las dificultades que enfrenta el resto del sector.

Ello se puede apreciar en el gráfico que aparece a la izquierda en la parte media del cuadro. Se ilustra allí la evolución trimestral de la manufactura discriminando por grandes sectores industriales, los exportadores de base primaria, los de base industrial y los volcados fundamentalmente al mercado interno.

Se ve claramente que en todos ellos el IVF está cayendo desde mediados de 2017, aunque en el último trimestre aumentó la producción de las industrias exportadoras de base industrial. El aumento se centra en la fabricación de concentrados para la producción de bebidas refrescantes en zona franca, actividad que experimentó una caída importante el pasado año y se está recuperando en la actualidad. En el resto de las ramas la tendencia general no es positiva, insinuándose algún atisbo de recuperación en ramas vinculadas a la construcción. Esto puede estar vinculado al ciclo electoral de la inversión pública.

Esta evolución impacta en las expectativas empresariales, las que se ilustran en el gráfico que aparece en el medio a la derecha. Se refleja allí el porcentaje neto de respuestas positivas y negativas de los empresarios del sector a la encuesta que realiza la Cámara de Industrias (CIU), donde se les pregunta, entre otras cosas, qué expectativas tienen sobre la marcha de la economía y de su empresa en los próximos seis meses.

Como se puede apreciar, a lo largo de los dos últimos años las expectativas han sido desfavorables respecto a la marcha de la economía; con respecto a su propia empresa, también se deterioraron a lo largo de 2018.

Ante este humor no debe sorprender que en la encuesta de la CIU sobre proyecciones de inversión para el presente año, la estimación sea de un descenso del 7% en dólares corrientes de los montos que los industriales planean invertir. Es un monto relativamente bajo, ya que los niveles de inversión de 2018 fueron similares a los de 2010.

La debilidad de la demanda interna y la baja rentabilidad de los proyectos frente al nivel de riesgo, son los principales obstáculos que mencionan los empresarios al momento de tomar una decisión. A su vez, la incertidumbre en cuanto a cambios en las relaciones laborales es otro factor que tienen en cuenta los empresarios.

Muy vinculado al tema laboral y a la rentabilidad empresarial, está el tema de los salarios que paga el sector. Si éstos evolucionan a un ritmo superior que el del nivel de actividad corregido por las mejoras de productividad y los precios de venta, tarde o temprano se verán reflejados en una caída del empleo.

Eso es lo que acontece en el sector, donde el empleo no deja de caer. El máximo de ocupación se dio en el año 2008 y los números recientemente divulgados del primer semestre del presente año señalan que el personal ocupado cayó 5% respecto a igual período de 2017. Comparado con el nivel máximo, el número de trabajadores actual es un 23% inferior.

Este comportamiento, en buena medida tiene que ver con los costos. En el gráfico que aparece en la parte baja del cuadro se muestra la evolución de la masa salarial real que paga el sector y se la compara con el IVF (excluida la refinería y las plantas de celulosa). La masa salarial fue calculada como el producto de las horas totales trabajadas y el salario real del sector.
Se ve claramente que siguen un comportamiento casi paralelo. La interpretación es que el costo salarial sigue al nivel de actividad. Y como el salario real creció a un ritmo superior, las empresas ajustaron por cantidad, es decir apelando a menos horas contratadas de mano de obra. Lo que está en concordancia con la evolución del empleo en el sector.

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