OPINIÓN

Separar la paja del trigo

El viernes 13 de marzo se diagnosticaban oficialmente los primeros cuatro casos de COVID-19 en nuestro país.

Foto: Pixabay
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A partir de ese día, todas las fuerzas del gobierno y de la sociedad se concentraron en derrotar al nuevo enemigo invisible; sin embargo, la mayoría de las fortalezas y debilidades de nuestro país ya estaban ahí.

Trataremos de hacer un estado de situación de nuestra economía previo a la llegada de la pandemia. Como todos sabemos, el manejo de la crisis sanitaria en nuestro país ha sido exitoso hasta el momento. Este éxito ha sido valorado por la opinión pública nacional e internacional e incluso jugó un rol indudable, pero difícil de cuantificar, en la muy buena colocación de deuda reciente.

Es claro que algunas fortalezas que ya tenía el país, como el sistema de salud universal, colaboraron decididamente para obtener estos resultados. En el período post dictadura el país ha cultivado un conjunto de consensos y políticas públicas que en menor o mayor sentido se han mantenido hasta la actualidad. Por el lado de las fortalezas, cabe destacar el elevado grado de certidumbre política, donde el sistema político de nuestro país se ha comportado de una manera ejemplar. Pese a las diferencias naturales y esperables entre Gobierno y oposición, todos los agentes acompañaron y apoyaron las medidas tomadas por el oficialismo desde el primer día. Es en estos momentos donde se visualiza por qué somos unas de las 15 democracias plenas del Mundo.

Metiéndonos en el plano económico, en primer lugar cabe destacar el histórico buen manejo de la deuda externa. Uruguay honra sus compromisos, incluso en situaciones límites como lo fue la crisis del 2002 y la consiguiente renegociación de deuda que es caso de estudio en muchos países del mundo. Lo anterior ha llevado al reconocimiento por parte de los mercados internacionales de capitales y se manifiesta en dos hechos concretos: la obtención del grado inversor para nuestros títulos de deuda y la reciente colocación de deuda pública a la tasa de interés más baja de la historia, en un contexto de pandemia y crisis económica mundial.

Sin embargo, debemos decir que muchos de los problemas que hoy nos golpean con fuerza ya se venían dando antes de la llegada del COVID-19. La economía viene sufriendo un estancamiento pronunciado que se ha transformado en recesión a la luz de los últimos datos de actividad económica publicados por el Banco Central. La llegada de la crisis sanitaria solamente ha acelerado un proceso que ya se venía dando de estancamiento y recesión económica.

La rentabilidad y la competitividad del sector privado viene en franco declive desde hace años y esto se reflejó claramente en los datos de empleo y más recientemente en los de ingresos de los hogares y pobreza.

Sin lugar a duda, la cara más dramática del deterioro económico es el aumento de la pobreza, proceso que se viene dando desde 2019. Al mismo tiempo, se acelera un proceso sostenido de destrucción del empleo, hecho se viene constantando desde 2015 y en febrero de este año teníamos una tasa de desempleo de 10,5%.

En términos de desequilibrios macroeconómicos, cabe resaltar el sostenido aumento del déficit fiscal, que llegó en el 2019 a un valor máximo de 5% del PIB, el más alto de los últimos 30 años. La consecuencia directa de tantos años de déficits elevados ha sido el considerable y peligroso aumento de la deuda pública. Todo esto a pesar del gran crecimiento de la presión fiscal, llegando a tener el valor más alto de América Latina.

Este proceso de expansión desmedida del sector público no ha hecho otra cosa que golpear directamente en la rentabilidad y competitividad del sector privado.

A nuestro país le toca enfrentar la pandemia con una economía que ya había entrado en recesión y que viene destruyendo empleo del sector privado. Sin embargo, creemos que nuestras fortalezas plantean un escenario base muy positivo para realizar las reformas necesarias y retomar rápidamente la senda del crecimiento nuevamente.

El buen manejo de la crisis sanitaria nos ha posicionado en un lugar de destaque mundial, los grandes medios de todo el mundo ponen la lupa en nuestro país reforzando nuestra imagen positiva. La pandemia necesariamente pasará, si el Uruguay logra procesar exitosamente todas las reformas procrecimiento tendremos mucho para ganar. Una sociedad pacífica, con un sistema político maduro, insertada globalmente y con gran potencial de crecimiento será más que atractiva en el mundo post COVID-19.

(*) Economista, investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED)

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