Opinión

Seis semanas después

Hace seis semanas señalé en una columna que mis proyecciones macroeconómicas eran preocupantes por el lado de la actividad y por el de la inflación.

Verduras: el temporal en Salto el mes pasado provocó una suba de varios productos de granja. Foto: Reuters
Foto: Reuters

Las razones de ello eran la tendencia declinante de la confianza de los consumidores y la de otros indicadores de actividad y empleo en sectores como el industrial, la construcción, el comercio y el agro. Agregaba además, la existencia de expectativa creciente de inflación. Por esos datos concluí que "inflación más alta y muy bajo nivel de actividad o recesión son dos desequilibrios macroeconómicos que no se pueden descartar en el corto plazo".

Hoy, 3 de setiembre, me animo a proyectar una etapa recesiva de la actividad que durará bastante tiempo y una tendencia al alza de la inflación que la ubicará en breve, bien por encima del límite superior de la banda objetivo del BCU.

Nuevas causas.

La crisis cambiaria que ocurre en Argentina vuelve a afectar a la economía uruguaya. Aunque las causas de esta crisis no son las que sacudieran a nuestro país desde fines de 2001 y a lo largo de 2002, el golpe que nos da es sumamente duro. Y así se aleja aquella creencia de que cualquiera sea la situación de nuestros vecinos —incluyendo a Brasil— Uruguay no la sentirá por estar "desacoplado" del entorno económico regional. Uruguay no es Suiza, que pese a lo que ocurra en Estados Unidos o en la propia Eurozona, tiene su economía al margen de lo que ocurra —económica o financieramente— en esos países. Uruguay es dependiente de lo que ocurra en la región y si en algún momento pareció tener una economía desligada de la situación económica y financiera de sus socios fronterizos fue porque la variable central del sistema capitalista mundial, la tasa de interés de referencia de la política monetaria de EE.UU., ha sido nula o prácticamente cero en los últimos diez años. Ello permitió un ingreso de capitales por diferencial de tasas de interés que nos favoreció tanto por la inversión extranjera y la local como por el consumo privado que ha tenido una expansión tan grande como imposible será ahora, de aquí en más, detener su reversión.

Es por esa relación de "fraternidad económica" que vivimos con Argentina y Brasil, que lo que viene ocurriendo allá tiene y seguirá teniendo fuertes repercusiones sobre nuestra economía. Limitándonos solo a lo que ocurre en Argentina, los spillover effects sobre Uruguay se deben a sus serios problemas macroeconómicos: recesión alta tras un primer trimestre muy bueno; inflación en alza tras un lapso de contracción y un muy serio desequilibrio del sector externo con pérdida significativa de reservas internacionales del Banco Central (BCRA). Lo que digo tal vez no refleje enteramente la gravedad de la situación, pero con el paso del tiempo nos iremos dando cuenta de su profundidad. La reducción del déficit por fuerte disminución del gasto público, la implantación y aumento de retenciones a las exportaciones y la probable autorización del FMI a utilizar las reservas que prestara para aumentar la oferta de dólares del BCRA al enfrentar la demanda de un mercado con poca confianza, pueden ser en cierto modo un límite a lo que viene ocurriendo en el mercado de cambios. Pero es difícil pensar que inmediatamente se revierta la situación, sobre todo la del tipo de cambio que no se contraerá al punto de devolver competitividad a la producción uruguaya tanto de bienes como de servicios.

Efectos.

Las consecuencias sobre nuestra economía seguirán siendo, primeramente, sobre el tipo de cambio y las elecciones de cartera de los inversores privados, individuales e institucionales. Y sobre todo sobre el nivel de actividad y la inflación. En la última semana se ha visto un cambio de expectativas sobre la rentabilidad esperada de los títulos de deuda y en particular de los denominados en pesos. Los tenedores de letras de regulación monetaria, títulos que emite a corto plazo el Banco Central, han preferido, a su vencimiento, no renovar enteramente y volcarse a la moneda norteamericana. Ello ha obligado al Banco Central a intervenir en el mercado de cambios vendiendo reservas, lo que aplacó la suba del dólar. Pero esa reacción de los inversores continuará y seguirá provocando aumentos del tipo de cambio que aunque puedan ser atenuados por la acción del Banco Central, serán de todos modos importantes en su golpe a la inflación y también sobre el consumo y la inversión.

Tanto el consumo como la inversión dependen mayoritariamente —a nivel de la economía— del ingreso, de la tasa de interés y de la riqueza, y todos esos factores vienen en caída. El ingreso por la presión tributaria, la inflación y el ya bajo nivel de actividad; las tasas de interés porque necesariamente van a subir a medida que aumenta la demanda por dólares y baja la demanda por activos en pesos, y la riqueza porque los activos financieros en pesos —en particular las letras de regulación monetaria— han reducido su valor de arbitraje. En este último caso por ejemplo, está la caída del valor de los fondos de las AFAP y de las posiciones en pesos de los bancos. Menor ingreso, menor riqueza y tasas de interés más altas sacuden al consumo y a la inversión en un contexto de política fiscal restrictiva. La recesión es inevitable.

Pero si para mí la recesión es inevitable, ¿cuánto tiempo durará? No menos de dos años. En dos años nos vemos y me critican, me "bochan" o me reconocen la audacia de decir, dos años antes, lo que les estoy anticipando.

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