Opinión

Seguimos ignorando el contexto

La economía no suele tener grandes misterios; es una ciencia social que, por un lado estudia el comportamiento humano ante los incentivos que recibe -sus reglas-, de allí su relevancia en el diseño de buenas políticas que luego se plasman en el ordenamiento jurídico.

Exportaciones: descenso leve en el acumulado del año. Foto: EFE
Exportaciones. Foto: EFE

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Incentivos correctos dan como resultado crecimiento y mejora en los niveles de vida de la población; incentivos incorrectos, lo contrario. Por otro lado, enseña cómo son las políticas fiscal y monetaria correctas, los determinantes del crecimiento, cómo enfrentar los shocks, etc. Lo vemos a diario y ejemplos en ambos sentidos sobran.

Una cosa es clara: querer ir contra las reglas, esto es, diseñando un sistema de sanciones y recompensas contra la lógica y contra sus enseñanzas, es como desconocer la ley de la gravedad. Su consecuencia, “un gran porrazo”, que aumenta cuanto más alejado de la superficie se esté.

El cuadro que acompaña esta columna muestra las variaciones promedio anuales de algunas variables, medidas en dólares, de los últimos 4 años. Para el 2018, la mayoría de los datos son previos, pero cercanos, a su cierre. De todos modos, al ser promedio de 12 meses, poca será su variación final y, por ende, cualitativamente, las conclusiones no cambiarán.

Siendo un país pequeño las exportaciones son las que nos “marcan el ritmo”. El dato objetivo es que las exportaciones totales, incluyendo las de zonas francas y el resultado neto de las operaciones de trading, que caen 15.9%, refleja que hoy exportamos unos US$ 2.200 MM al año menos que cuatro años atrás.

Cuadro

La cuenta de servicios, básicamente los derivados del turismo mejoraron unos US$ 400 (seguramente algo menos al cierre del año), pero ellos derivaron del atraso cambiario argentino, de cuya reversión recién ahora estamos sintiendo el impacto y aún no disponemos de cifras concretas, pero todo indica que la marcha atrás será total.

Sobre setiembre de 2014, respecto a la situación de exuberancia que vivimos durante una década, comenzamos a recibir un shock negativo. Si la comparación se hiciera respecto a nuestra historia, en lugar de shock negativo se diría que la situación externa es muy favorable. Dicho shock lo ignoramos, ayudados por Argentina que también lo ignoró y, a nuestros efectos, en algo lo compensó. Desde abril-mayo de 2018, Argentina debió internalizarlo.

Para tener certeza de lo que hablamos, comparemos los precios promedio anuales de exportación, con base 100 en 2005, cuando ya se habían recuperado y mucho de sus ridículos niveles de la segunda mitad de los ‘90 hasta 2003. Luego de un largo período de subas, se estabilizan en niveles 72.5% superiores a la base entre junio de 2012 y setiembre de 2014, cuando comenzaron a bajar.

En diciembre de 2017, estos precios eran 33,6% mayores a la base, pero 22,5% inferiores a tres años antes. A partir de allí vuelven a aumentar y, en el último trimestre del año pasado, su nivel era 43% mayor que la base. Es decir, aun hoy los precios que recibimos por la venta de nuestros bienes en el exterior son 43% superiores a los del 2005, los que, es su momento, consideramos una maravilla. Por eso, afirmo que, si bien recibimos un shock, este resulta muy menor frente a las situaciones que solíamos enfrentar.

Dicho lo anterior, de todas maneras las variables deben de acomodarse. Si nuestros ingresos en dólares caen 16%, lo natural es que las demás variables tengan un comportamiento acorde. Ello no quiere decir que todas deban evolucionar al unísono y en los mismos porcentajes pero, siendo la exportación el verdadero y único motor del lado de la demanda para una economía tan pequeña como la nuestra, al menos, del signo de la variación no deberíamos apartarnos. Pues bien, lo hicimos y ¡de qué manera!

"Querer ir contra las reglas diseñando un sistema de sanciones y recompensas contra la lógica y contra sus enseñanzas, es como desconocer la ley de la gravedad"

Isaac Alfie grande bien
Isaac AlfieEconomista

Entonces, mientras la generación de divisas cae cerca de 16%, el gasto público global, medido en dólares, creció 9,1%, con disímil comportamiento interno; el corriente sin intereses aumenta 11,7%, los intereses 26,2%, al tiempo que la inversión cae ¡27,9%!. Dentro de esta última, la del gobierno central crece 9,5% y la de las EEPP se contraen 41,8%. Los precios al consumo aumentan ligeramente y los salarios un 9,7%.

La contrapartida de esta evolución es bien clara y ningún economista podría esperar algo diferente: i) el empleo cae en magnitud que compensa los mayores costos frente a los ingresos, ii) el aumento de magnitud en el gasto público con exportaciones cayendo y cubriendo el déficit mediante emisión de deuda, conduce al atraso cambiario que hoy tenemos.

Nota aparte merece la evolución del PIB agropecuario, también medido en dólares, su caída de 19,3%, con costos que crecen (precios al consumo, tarifas, salarios), dan suficiente explicación al por qué de su insistente reclamo, para el cual no hay atajos, pero sí razones.

Entonces, no hay misterios; hemos recibido un shock negativo y lo ignoramos olímpicamente. El tiempo sigue pasando y, por más que se ha tapado con deuda, la realidad es la única verdad.

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