Opinión

Repetir, replicar, reproducir

Las mejores políticas públicas se basan en el conocimiento científico confiable. “Repetir, replicar, reproducir” debería de ser el lema de todos los organismos púbicos generadores de datos. Se lograron avances, pero es necesario más transparencia y apertura a grupos de investigación independientes.

Néstor Gandelman
Néstor Gandelman

En el cuidado del medio ambiente se habla de tres erres: reducir, reciclar y reutilizar. En ciencia hay otras tres erres: repetir, replicar y reproducir. Supongamos que un equipo de investigación hace un descubrimiento. Encuentra un efecto estadísticamente significativo y cuantitativamente relevante. En las ciencias biomédicas podría ser el efecto de una droga o un procedimiento médico en quienes reciben el tratamiento. En economía (y más en general en las ciencias sociales) en lugar de drogas o procedimientos médicos tenemos políticas. En lugar de pacientes tenemos empresas, consumidores, trabajadores y contribuyentes. El accionar público genera un “tratamiento” a la población buscando algún objetivo.

Crisis científica
Las mejores prácticas médicas, así como las mejores políticas públicas se basan en el conocimiento científico confiable. Desafortunadamente, existen sospechas que mucho de este conocimiento no tiene la credibilidad necesaria. Se suele referir a esto como la crisis de replicabilidad, aunque mejor podríamos entenderlo como el problema de las tres erres.


Según la Association for Computing Machinery la repetibilidad consiste en que un determinado equipo de investigación, utilizando las mismas técnicas, procesos y sistemas de medición, puede hacer y rehacer sus mismas estimaciones. La replicabilidad refiere a que otro equipo (un grupo de investigación independiente) utilizando las mismas técnicas, procesos y sistemas de medición que el primero obtenga el mismo resultado. La reproducibilidad es cuando un equipo de investigación distinto del inicial mediante técnicas, procesos y sistemas de medición distintos a los originales igual obtiene el mismo resultado.
Esta crisis en la ciencia ha llevado a que los académicos pongan creciente atención en los incentivos que tienen los investigadores, y de esta manera preocuparse en aumentar la transparencia y en reducir los sesgos de los investigadores. Una serie de reformas se han venido implementando a nivel internacional. Esto incluye la obligación de hacer que los datos sobre los que se construyen las estimaciones estén disponibles libremente (open data), reportar detalladamente los procedimientos de medición, pre-registrar los estudios e informar las fuentes de financiamiento y conflictos de interés.


Localmente
Uruguay ha avanzado sustantivamente en la evaluación de sus políticas públicas. Muchos organismos cuentan con divisiones internas de seguimiento, monitoreo y evaluación de programas. Algunos de sus resultados son públicos y otros son para consumo interno. En general, hay una mayor conciencia sobre la necesidad de políticas públicas basadas en evidencia.
Sin embargo, es necesario avanzar mucho más y aprovechar las sinergias que ofrece la actual existencia de equipos de investigación en distintas instituciones. Lamento atestiguar que en varias oportunidades a lo largo de mi vida profesional, he enfrentado la negación de datos para luego encontrar que los mismos son ofrecidos a otro equipo de investigación que, tal vez, es visto como más afín ideológicamente. Naturalmente, mi experiencia no es única y entiendo que es particularmente sufrida por los investigadores que estamos afiliados a universidades privadas.
Hace unas semanas la Facultad de Ciencias Económicas y Administración de la Universidad de la República designó a Ana María Teja y Alicia Melgar como profesoras eméritas. Este justo homenaje tiene mucho que ver con esta nota. Ana María Teja fue una precursora en la enseñanza de la econometría. Alicia Melgar dirigió el INE entre 2005 y 2009. Fue bajo su presidencia y por su impulso que el INE pasó a dar libre acceso a los microdatos de las Encuestas Continuas de Hogares.
“Repetir, replicar, reproducir” debería de ser el lema de todos los organismos púbicos generadores de datos. Los planes sociales del Mides, las políticas activas del Ministerio de Trabajo, los incentivos fiscales a la inversión, los programas de la ANII, el Plan Ceibal, el Plan Ibirapitá y un muy largo etc. son ejemplos de políticas públicas que han recibido algún tipo de evaluación de resultados. ¡Enhorabuena! Resta aún mucho más. Los datos con los que estos planes fueron evaluados suelen estar exclusivamente a disposición de los equipos evaluadores. En algunos casos estos equipos recibieron financiamiento para desarrollar los estudios de los propios organismos ejecutores y en otros son directamente funcionarios de estos. No minimizo los avances logrados, pero, reclamo por la falta de transparencia y apertura a grupos de investigación independientes para así poder repetir, replicar y reproducir.

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