ENTREVISTA A JUSSI PAKKASVIRTA

Renta básica, un trabajo de laboratorio en Finlandia

La suma que reciben los elegidos en este plan no alcanza para cubrir los gastos de un alquiler.

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Jussi Pakkasvirta. Foto: Mikko Virta

La aplicación de una renta básica en Finlandia puede ofrecer más incentivos para buscar empleo, al no suponer la pérdida del beneficio si obtiene un trabajo, y así se da una mayor protección a los desempleados.

Así lo entiende el catedrático de la Universidad de Helsinki, Jussi Pakkasvirta, en referencia al plan piloto que comenzó a aplicarse este mes en su país. El actual sistema finlandés no garantiza a los desempleados que cuando encuentra empleo obtengan mayores ingresos de lo que están cobrando por el subsidio que reciben y eso es lo que busca modificarse, señaló el profesional. A continuación, un resumen de la entrevista.

—¿Cuál es la razón por la cual se plantea en Finlandia llevar adelante este plan piloto?

—Es una discusión que se viene dando desde hace mucho tiempo en este país, donde todo lo vinculado con el bienestar de la ciudadanía son temas de debate constante. Entendemos que un estado moderno tiene que garantizar al ciudadano sus derechos básicos, y en esa línea es que se buscan soluciones para dar respaldo a la población.

Siempre las personas que están en una situación vulnerable reciben algún tipo de respaldo del Estado, de sus sindicatos, etc. Y lo que se busca con este experimento es hacerlo más simple, para que aquellas personas que están desempleadas y tienen la posibilidad de tomar algún trabajo temporal lo hagan, sin plantearse la disyuntiva de perder el beneficio.

—¿Cómo es el régimen que está vigente a nivel general?

—Hasta ahora, el que toma un trabajo temporal estando bajo cobertura de desempleo, pierde el apoyo estatal, y entonces, tomando en cuenta los aportes a leyes sociales y demás, muchas veces no vale la pena tomar ese trabajo, y se termina incentivando permanecer bajo la cobertura sin salir a buscar un empleo. Así sucede en la práctica. Es una preocupación de mucho tiempo, cómo incentivar al desempleado a volver al mercado, cuando el beneficio que recibe, directamente como seguro de desempleado y apoyo a la vivienda, a veces le conviene más.

—El sistema necesita cambios…

—El viejo sistema es considerado humillante, porque se debe informar cada dos semanas de qué está haciendo, que se encuentra activo buscando trabajo y no es bien visto por la población. Ese concepto de estar "controlado", no gusta. Entonces, con este plan piloto se busca algo que elimine tanto trámite, que resulte una asistencia general sin pedir nada a cambio, pero por una cifra que de ninguna manera incentiva a quedarse en casa e intentar vivir de eso, imposible. Es una red de contención social, que posibilita que el desempleado tome un trabajo sin perder lo básico, y a la vez, no es una cantidad suficiente como para conformarse con eso.

—¿Puede darse la posibilidad que esto tenga el efecto contrario, que la renta básica incentive a no buscar trabajo?

—Con ese dinero, difícilmente una persona pueda pagar siquiera el alquiler de un apartamento en Finlandia. Dependiendo de donde viva, es muy probable que no sea suficiente siquiera para solucionar el problema de vivienda. Un apartamento pequeño en Helsinki cuesta 700-800 euros al mes. Puesto en contexto local, la partida es baja, una tercera parte de un salario básico, por lo que la gente va a salir a buscar empleo de todos modos.

En épocas donde los trabajos son cada vez más flexibles, donde las nuevas tecnologías traen mucha sustitución de mano de obra, hay que estimular que las personas tomen un trabajo zafral, que quizás les ocupe durante una semana. Cada vez más se van a dar ese tipo de situaciones, o la posibilidad de que las personas procuren empezar un emprendimiento individual, entonces es conveniente reforzar las coberturas y asegurarle al trabajador que tiene una base de ingreso cubierta que no se pierde.

—¿Dos mil personas es un buen banco de pruebas?

—Es una cifra muy pequeña para el plan piloto. Se seleccionaron tan solo dos mil personas por parte del gobierno. A mí me hubiera parecido mejor utilizar una muestra mayor, unas 10 mil personas. Lo cierto es que los resultados se medirán luego de dos años, comparando el resultado que esta renta básica da en ese grupo de personas, mientras se sigue también el comportamiento de otro grupo de la misma cantidad de personas, que no ingresaron al plan. En la comparación de resultados, estará la conclusión acerca de si resulta bueno o no el sistema de renta básica, y como consecuencia, la posibilidad de ampliarlo.

—¿Existe consenso entre los finlandeses acerca de esta medida?

—No hay un total consenso entre la sociedad acerca de que este tipo de apoyo sea bueno. Tradicionalmente el partido Verde y el partido Centralista de los campesinos han apoyado esta idea, han sido sus promotores. Por otro lado, el partido Conservador tiene posiciones encontradas en su seno y el partido Socialista, que generalmente ha sido proclive a estas medidas, también tiene un debate sobre su pertinencia. Es sí una opinión compartida que el actual sistema no es bueno, que hay que hacerle ajustes, pero hay dudas acerca de si este piloto va camino a la mejor solución.

—¿De dónde sale el dinero para cubrir esta renta básica?

—El dinero sale de las arcas del Estado. De la recaudación que obtiene el Estado de los impuestos que recaen sobre la población. Tampoco resulta muy oneroso, algo más de 10 millones de euros al año. No compromete de ninguna forma el presupuesto y es una transferencia social como otras tantas que existen en este país. Además, si esto termina incentivando al trabajo, aumentará la recaudación por ese lado.

—Se puede pensar que sería mejor establecer un plan que estimule la creación de puestos de trabajo, en lugar de pagar sin ninguna contraprestación…

—Es cierto. Hay quienes lo ven así acá también. Y desde afuera llega esa misma información. Pero hay que verlo de otra forma: no deja de ser un ajuste a los sistemas que ya existen, buscando una solución menos compleja, que requiera de menos trámites al ciudadano y al Estado, y que este cumpla con su rol de garantizar derechos.

Es que la creación de empleos no es una cosa sencilla. Los cambios en la estructura del trabajo han sido muy fuertes y es un problema que estamos viviendo en el país.

—¿Porqué Finlandia vive una situación tan problemática con el empleo?

—Hay problemas que vienen desde la caída de la Unión Soviética, cuando Finlandia perdió buena parte del comercio bilateral que tenía con Rusia. Eso golpeó fuerte en el empleo. Después vinieron cambios estructurales como el impulso que cobró todo lo vinculado con las tecnologías de la información liderado por Nokia, que llegó a representar 4 puntos del producto bruto. Eso en parte se perdió, cuando Nokia dejó de liderar en su rubro y el sector entero se resintió. También hubo cambios en la industria de pasta de celulosa. Acá en Finlandia, un pino tarda 60 años en crecer y un eucaliptus en Uruguay está pronto en menos de 10 años, por tanto la industria fue hacia otros mercados y no se generaron nuevos puestos de trabajo.

—¿Este tipo de medidas pueden ayudar a Finlandia a salir del estancamiento?

—Es parte de una serie de medidas que buscan asumir un cambio estructural en el país, para hacer, por ejemplo, al mercado de trabajo más flexible y salir de esta situación donde está costando tanto crear empleos. El país necesita renovar el Estado de bienestar, sin dejar de otorgar los beneficios básicos a los ciudadanos, pero ajustándonos a los tiempos que corren. Ha habido reuniones entre sindicatos, empresarios y gobierno comprometiéndose a establecer condiciones de salario que puedan ser asumidas por los distintos sectores de actividad, se ensaya también la posibilidad de algún cambio tributario, con subas en los impuestos al consumo, etc.

Estamos en un período de gobierno de centro-derecha, que ha hecho cortes en algunos rubros, como por ejemplo la educación, que siempre ha enorgullecido a los finlandeses. Estamos pasando por un momento complicado, que también presenta amenazas en materia de seguridad social, con una población envejecida y un sistema de pensiones que está amenazado.

Somos un país con un territorio similar al de Alemania, pero con una población no mayor a San Petersburgo que es la ciudad rusa que tenemos más próxima, unos cinco millones de habitantes. Con una población envejecida, una estructura de beneficios sociales que no queremos perder y con importantes cambios en el mundo del trabajo. Se hace necesario plantear nuevas ideas.

Una prestación básica que busca incentivar el mercado laboral

Con la implementación de este plan piloto, la Seguridad Social de Finlandia (Kela) quiere examinar la utilidad de implantar una renta básica. La institución ha explicado que mediante este experimento pretende analizar cómo podría rediseñarse el sistema de seguridad social para afrontar los cambios del mercado laboral y cómo podría promover la participación activa, proporcionando mayores incentivos para trabajar, así como reduciendo la burocracia y simplificando el sistema de subsidios.

El experimento, que se extiende desde el 1 de enero de 2017 al 31 de diciembre de 2018, contempla el pago de 560 euros al mes a cada uno de los participantes, que en caso de periodos inferiores a un mes cobrarán 18,67 euros por día. Esta cantidad se mantendrá invariable durante la duración de la prueba y no será reducida por ningún otro ingreso que los beneficiarios pudiesen obtener.

Los 2.000 ciudadanos participantes en el experimento y que recibirán la paga, fueron elegidos aleatoriamente entre un grupo objetivo de 175.000 personas de entre 25 y 58 años que recibieron el pasado mes de noviembre algún tipo de subsidio o pensión por desempleo por razones distintas de una baja temporal y que no cobraban prestación por paro.

El 48% de los beneficiarios de la renta básica serán mujeres y el 52% hombres. Un 30% tiene edades comprendidas entre los 25 y 34 años, el 29% entre 35 y 44 años, y el 41% entre 45 y 58 años. Finlandia es de los pocos países en la Unión Europea que no goza de un salario mínimo. La tasa de desempleo alcanzó en noviembre pasado el 9%.

Perfil.

Es presidente del Consejo Europeo de Investigaciones Sociales de América Latina. Fue Jefe del Departamento de Estudios Políticos y Económicos, Universidad de Helsinki y Vicedecano (Facultad de Ciencias Sociales) de la misma Universidad.

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