Tema de análisis

Remuneraciones reales van a subir moderadamente

Caída puntual del poder de compra se debe a que la negociación salarial aun no culminó.

Foto: archivo El País
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La evolución de los salarios es una variable de gran importancia para el funcionamiento de la economía. Por un lado, refiere al poder de compra de la población y desde ese punto de vista es clave para entender el comportamiento del consumo interno. Por el otro, influye en los costos de producción y por consiguiente en la competitividad de las empresas. Asimismo, según sean los mecanismos de ajuste, impacta en los precios. Por todo ello es que sea una variable que debe seguirse con suma atención, y en particular en estos momentos en que está en marcha una nueva ronda de negociaciones salariales, con la particularidad de abarcar a todos los Consejos de Salarios.

El principio general es que los salarios deben ir de la mano con el valor de la productividad marginal de la mano de obra. Si bien no hay números específicos al respecto, el escaso dinamismo que muestra la economía es un indicio de baja productividad. La caída que registra el empleo lo estaría avalando, por lo que, a diferencia de rondas anteriores, en esta oportunidad el objetivo no es tanto una mejora del salario real, sino su mantenimiento. La lentitud con la que se viene avanzando en las negociaciones y los duros enfrentamientos que se están dando entre las partes en algunos sectores es un claro síntoma de los problemas que presenta el mercado laboral.

El último dato divulgado sobre los salarios es a agosto y muestra un incremento del 6,8% respecto al mismo mes del año anterior. Como la inflación acumulada en el período fue mayor, el poder adquisitivo de esa remuneración cayó 1,4% en términos reales.

El dato objetivo y frío mencionado en el párrafo anterior debe contextualizarse para entenderlo mejor. Es cierto que en términos reales está cayendo, pero también lo es que se está en medio de una ronda de negociaciones, que abarca a todas las ramas. Los convenios anteriores vencieron en junio y desde entonces no se han ajustado. Pero el año anterior hubo ajustes en varias ramas a partir del mes de julio, por lo que la comparación pertinente debió haber sido entre julio (y agosto) de este año corregido por el aumento que se está negociando frente al mismo período del año anterior. Seguramente cuando se llegue a un acuerdo y se pagan retroactivamente las remuneraciones el salario real no habrá caído. Si tenemos en cuenta además el correctivo por el arrastre de la inflación, el salario real subirá.

Pero no cabe esperar una gran suba del salario real como sucedió en 2017 cuando el poder adquisitivo aumentó 3%. El gráfico que aparece en la parte de arriba del cuadro ayuda a entender el por qué. Se ilustra allí la evolución del salario nominal y el IPC medios en períodos de doce meses móviles. El período seleccionado abarca la vigencia de la anterior ronda de los Consejos de Salarios en la que se cambió el criterio y se pasó a ajustes nominales a diferencia de las rondas anteriores en las que el ajuste era en función de la inflación pasada. Se ve como la variación nominal de los salarios ante cada ajuste es inferior al anterior. Es así que se pasa de aumentos promedio del 12% en 2015, al 8% en el primer semestre del presente año.

La inflación cayó más rápido hasta mediados de 2017, cuando la variación acumulada del IPC se acercó mucho al centro del rango meta (3%-7%). La caída más acelerada de la inflación explica el incremento del salario real, y su posterior aceleración al moderarse los ajustes salariales, propició el efecto contrario.

El comportamiento futuro del salario real dependerá del ajuste que se alcance en las negociaciones en curso y de la evolución futura del IPC. Con respecto al primer punto, las pautas que remitió el Poder Ejecutivo vuelven a diferenciar según el dinamismo sectorial, distinguiendo entre sectores dinámicos, medios y en problemas. Los ajustes aconsejados para el primer año de vigencia de los convenios cuya negociación está en marcha son 8,5%, 7,5% y 6,5% respectivamente. Para el segundo año se reducen en medio punto porcentual, y para los seis últimos meses en un punto porcentual respectivamente. A su vez, se establecen ajustes diferenciados para los niveles salariales más bajos y correctivos en caso que la inflación se acelere.

En este contexto, resulta clave la expectativa sobre inflación futura. De las pautas puede inferirse una hipótesis de inflación del gobierno en torno al techo del rango, al tiempo que la variación acumulada del IPC a doce meses se situó en 8,3%.

De la historia de la ronda salarial anterior se desprende que el IMS terminó evolucionando de manera muy similar a las pautas aconsejadas a los sectores dinámicos. Extrapolando a la situación actual, de repetirse el mismo comportamiento el ajuste de los salarios para los próximos doce meses sería similar a la inflación pasada. Pero la evolución del salario real tiene más que ver con la inflación futura que con la pasada. El tema de las expectativas pasa a ser clave en esta instancia de la negociación.

Asimismo, el desempeño del mercado laboral es otro factor a tener en cuenta. La caída en el número de empleos y las dificultades crecientes para conseguir uno nuevo que se ven reflejadas en el porcentaje creciente de desocupados que no ponen condiciones cuando buscan trabajo son elementos que deben ser tomados en cuenta para evitar un mayor deterioro en el empleo.

Analizando la evolución de los salarios por rama de actividad, tal como se muestra en el gráfico que aparece en la parte media a la izquierda, se observa que los sectores donde el salario creció más que el promedio son los vinculados al comercio, hoteles, enseñanza y servicios a las empresas. Los restantes mostraron tasas de aumento inferior al promedio. Acorde con el dinamismo relativo de cada uno.

En tal sentido hay que prestar atención a la evolución de los salarios medidos en dólares. En el gráfico que aparece en la parte baja del cuadro se muestra como se comportó el salario privado medido en la moneda estadounidense. Se ve allí que en los últimos tres años registró un aumento del 25%, lo que claramente incidió negativamente en la rentabilidad del sector transable.

El comportamiento del tipo de cambio fue determinante en este comportamiento, y tal como se ve en el gráfico, en los últimos meses tiende a estabilizarse, por el aumento que registró el dólar y también por el efecto negociación, que no acordó aun la suba de las remuneraciones.

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