jorge caumont

Una región que nos reprime

La región no transita un camino de crecimiento económico que se pueda reflejar en una buena demanda por bienes y servicios de nuestro país o que se pueda concretar en crecientes inversiones directas.

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Foto: Archivo El País

Junto a lo que pasa en la economía mundial lo que ocurre en la región pone un manto de dudas sobre el comportamiento de la economía nacional en 2015.

Brasil.

El socio mayor del Mercosur arrastra problemas macroeconómicos para el año que se inicia. La producción se encuentra estancada, la inflación fuera de la meta y el déficit en el comercio de bienes y de servicios en el nivel más alto de la década.

Los tres desequilibrios indicados son reflejo de una combinación de políticas de los últimos años que no ha sido consistente, algunas expansivas y otras contractivas.

A pesar de que la tasa de desempleo se ha mantenido en torno a 4,7% este año, la economía ha declinado en cuatro de los seis últimos trimestres y culminará 2014 sin expansión. La industria disminuye su producción desde hace ya siete trimestres y por ello es significativa la caída de la confianza de los empresarios industriales sobre su futuro.

Las ventas de supermercados y minoristas de comercio también muestran declinación que es compatible con la confianza de consumidores, relativamente mucho más baja que en años anteriores.

La inflación para la que el Banco Central tiene una meta de 4,5%, se ubica en 6,9%. Y en el sector externo, tras varios años de suculentos ingresos de capitales que depreciaron al tipo de cambio en términos reales bajando así la competitividad de la producción transable y haciendo crecer al déficit de la cuenta corriente y a las reservas del Banco Central, desde hace varios trimestres éstas se han estancado y reviertan la tendencia.

La combinación de políticas para solucionar estos problemas no es la más adecuada. Luego de las elecciones, la política monetaria se ha vuelto más restrictiva con aumentos sucesivos de su tasa de interés de referencia, apuntando a mitigar la inflación y a mejorar el resultado de la cuenta corriente de la balanza de pagos, pero genera presiones bajistas sobre el nivel de actividad.

La política fiscal es, contrariamente a la anterior, de aliento a la producción pero afecta al alza a la inflación y lleva a un déficit mayor al déficit comercial en bienes y servicios. Y la política cambiaria es de flotación con intervenciones de la autoridad monetaria para evitar que en algunos momentos se devalúe la moneda y afecte a la inflación al alza y para evitar, en otros momentos, una caída mayor de la competitividad de la producción transable.

En 2015 la economía brasileña seguirá estancada; la inflación continuará por encima de la meta y la cuenta corriente de la balanza de pagos tendrá un déficit menor al actual pero aún alto. Ayudará a bajar ese déficit el aumento del tipo de cambio nominal por encima de la inflación que se viene registrando actualmente y que probablemente siga en 2015 aunque a un ritmo menor. En los doce meses hasta diciembre, la devaluación del real ha sido casi el doble que la inflación.

Las consecuencias sobre la economía uruguaya son imaginables: continuarán bajando las exportaciones de bienes y de servicios; aumentarán las importaciones registradas y asimismo las no registradas de bienes y de servicios y la inversión brasileña en Uruguay difícilmente ocurra.

Argentina.

Sus desequilibrios macroeconómicos son aún mayores. Recesión, altísima inflación y déficit sumamente preocupante de la balanza de pagos, sacuden a la población y a la propia conducción económica y política que vive la peor etapa de la confianza general en su gestión.

Esos problemas se agravan ante el no pago parcial de la deuda pública que quita la posibilidad de ayudas financieras privadas y, hasta cierto punto y mientras no haya condicionalidad para los desembolsos, a la ayuda de organismos multilaterales de crédito.

La economía se encuentra en receso porque el agro ha dejado de crecer; porque la industria ha mostrado bajas consecutivas en los últimos quince meses; porque la construcción ha caído en los últimos dos años y porque las ventas en centros comerciales y minoristas bajan respecto al año pasado. No es menor el desequilibrio inflacionario. La inflación ha sido 41% en los últimos doce meses. Los salarios han subido relativamente menos y en consecuencia el salario real ha declinado. Tampoco el sector externo muestra mejoría alguna.

A pesar del denominado "cepo cambiario" y de todos los controles de cambios para los diversos tipos de transacciones, aún hay un diferencial muy alto entre el tipo de cambio oficial, "clavado" desde hace ya casi un año, y el paralelo más representativo, el denominado blue, que se ubica casi 50% arriba. Las reservas internacionales del Banco Central se mantienen en un nivel bajo y difícil de mantener a no ser por las sucesivas restricciones al acceso a los dólares. La reducción del precio de los commodities agrícolas, como el de la soja, pondrá más dificultades al sector externo.

Lejos de solucionar estos problemas, la combinación de políticas en aplicación contribuye a profundizarlos. La monetaria, con tasas de interés fuertemente negativas en términos reales, fomenta el gasto pero alienta a la inflación. La fiscal es claramente inflacionaria, porque el alto déficit se financia con emisión de moneda y la cambiaria desincentiva a la producción transable para frenar a la inflación. Una combinación que vista en el contexto del problema de la deuda impaga que se negocia con los acreedores, apunta a una clara conclusión: Argentina seguirá con recesión y probablemente agravándose; con una inflación creciente y con sus reservas internacionales declinando lo que puede hacer inevitable una fuerte devaluación.

Y los efectos sobre Uruguay serán los actuales pero agudizados: seguirán en baja las exportaciones de bienes por precios relativos desfavorables para nuestro país y por proteccionismo; se mantendrá el aumento de las importaciones registradas y no registradas provenientes del vecino; la venta de servicios será sensiblemente menor y la inversión de argentinos en construcción y en el agro mermará considerablemente, pudiendo desaparecer en algunos casos.

Entonces.

Hoy, como lo fuera antes, la propuesta es la misma. Con sus resultados alcanzándose a mediano plazo, pues lo que se puede hacer no madura sus frutos de inmediato: más acuerdos comerciales y relaciones mercantiles con otros países; más coherencia en la mezcla de políticas macroeconómicas para que apunten todas en igual sentido.

También menor uso del tipo de cambio como elemento que frene a la inflación y que cree esa sensación de bienestar para la población, que más tarde desaparece cuando la realidad redescubre la necesidad de adecuar la productividad del trabajo al nivel del tipo de cambio nominal.

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