TEMA DE ANÁLISIS

El reflejo de la reactivación económica en el mercado de trabajo

Se consolida la recuperación en el empleo, aunque queda pendiente la recuperación salarial.

Foto: Getty Images
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Con los motores de la economía definitivamente prendidos en el segundo semestre de este año que culmina, cabía esperar una mejora en los indicadores del mercado de trabajo. Los últimos datos publicados por el INE a octubre de 2021 dan cuenta de ello. El dato más optimista fue la tasa de desempleo que bajó a un 8%, siendo este el registro más bajo desde abril de 2019 (ver gráfico 1). Estamos hablando de unas 143.000 personas desocupadas frente al pico de 200.000 que hubo en octubre de 2020.

Dicho esto, es bueno recordar que la tasa de desempleo no es el indicador más apropiado para hacer una lectura fidedigna sobre el comportamiento de la actividad económica. Como el desempleo equivale a la diferencia entre la oferta y la demanda de trabajo, su disminución puede deberse tanto a un aumento de la demanda (conocido como una baja “buena” por reflejar mayor producción de bienes y servicios) como a una caída de la oferta (conocido como una baja “mala” por reflejar un posible desaliento en las personas que se salen del mercado laboral). Si la oferta permanece estable, la lectura de la tasa desempleo es tan buena como la de la demanda (o bien la de la tasa de empleo, que se mide como la relación entre la población ocupada y la población en edad de trabajar).

Lo cierto es que tras la fuerte caída de la Población Económicamente Activa (PEA) en los primeros meses tan atípicos de COVID-19, a fines de 2020 comenzó un proceso de normalización, al punto que actualmente la tasa de actividad (medida como el porcentaje de la población en edad de trabajar constituido por la PEA) ostenta registros similares a los verificados previo a la pandemia (ver gráfico 2). De suerte tal, que la explicación de la baja en la tasa de desempleo habría que hallarla en el crecimiento de la demanda de trabajo, vale decir en un aumento de la tasa de empleo, o bien de la población ocupada. En efecto, el gráfico 3 muestra la evolución de la población ocupada que ha venido creciendo de manera sostenida, lo cual implica que estamos en presencia de una baja “buena” de la tasa de desempleo. El último dato publicado por el INE indica que en octubre había aproximadamente 1.650.000 personas ocupadas, prácticamente el mismo nivel de empleo que hubo en el promedio del año 2019.

Para ser justos, la comparación de un mes (octubre de 2021) contra un promedio anual es engañosa. Si comparásemos en cambio el promedio de ene/21-oct/21 frente a ene/19-oct/19, resulta aún estaríamos con un nivel de empleo 2% por debajo de nivel pre pandemia. Esto es consistente con las expectativas de crecimiento económico para 2021 que apuntan a un nivel de producto por debajo del PIB de 2019 (precisamente, se espera que la brecha se sitúe entre el 2% y el 3%).

Por otra parte, si en lugar de detenernos en la foto de octubre de 2021 vemos la película de, al menos, el último trimestre, la tendencia es al alza, en un contexto donde hay motivos para pensar que el empleo seguirá creciendo en los próximos meses de la mano de la inversión.

Por un lado, las obras en curso asociadas a importantes proyectos de infraestructura (UPM2 y PPP) aún están por llegar a su punto máximo. A eso corresponde agregar la ejecución de obras asociadas a proyectos inmobiliarios, que están mostrando un gran dinamismo en parte gracias a los estímulos fiscales otorgados por el Decreto N° 138/020 para la promoción de obras de gran significación económica, y al Decreto N° 129/020 que flexibiliza las condiciones para la aplicación a proyectos de Vivienda Promovida. Finalmente, muchas empresas privadas asumieron un compromiso de mayor creación de empleo en el corto plazo asociado a proyectos de inversión en activo fijo, también como consecuencia de mayores estímulos fiscales otorgados por el gobierno a partir del Decreto N° 268/020.

La mejora en el mercado de trabajo también puede apreciarse analizando la evolución de los trabajadores en seguro de paro. Como muestra el gráfico 4, los beneficiarios del subsidio por desempleo otorgado por el BPS se encontraban en torno a las 45.000 personas en la era pre pandemia. Tras el crecimiento vertical a 185.000 personas verificado en abril y mayo de 2020 fundamentalmente por causal de suspensión, comienza a verificarse una constante disminución al punto que en octubre de 2021 pasaron a ser 51.379. Más aún, los beneficiarios por causal de despido hoy están por debajo de los niveles pre pandemia.

En síntesis, desde el punto de vista de las cantidades, el mercado de trabajo está mostrando una recuperación vigorosa que, aunque tal vez a menor ritmo, todo hace pensar que se mantendría en el correr del próximo año.

Pero, ¿cómo se ha comportado el mercado laboral desde el punto de vista de los precios? Lo que hay hasta el momento, es una disminución del poder de compra de los trabajadores asalariados (ver gráfico 5). A decir verdad, el ciclo alcista del salario real ya se había detenido en 2019 cuando por primera vez en muchos años la tasa de desempleo alcanzó los dos dígitos. A partir de entonces, la tendencia fue a la baja y ciertamente se pronunció a partir de la crisis de COVID-19. Actualmente la caída interanual es del orden del 2%, con un acumulado de 5,7% desde febrero de 2020, retrocediendo al nivel de salario real verificado en 2016. Este dato fue tomado en cuenta de cara a la novena ronda de Consejos de Salarios donde la mayoría de los grupos ya han concluido la negociación con ajustes nominales que permitirían una recuperación del salario real a partir de 2022. Esto ocurrirá siempre y cuando los ajustes no sean neutralizados por la inflación.

Al respecto, cuando el BCU ajustó al alza la tasa de interés en noviembre, manifestó en su comunicado la inquietud por la realización de acuerdos por encima de la pauta salarial propuesta por el Poder Ejecutivo, lo cual podría llevar a las empresas a trasladar el aumento del costo laboral a precios. Más allá de que el salario real suele tener un comportamiento con sesgo procíclico, para no ingresar en el juego de la inflación de costos bajo un escenario de estabilidad monetaria, lo mejor que podría ocurrir a efectos de mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores es que crezca la productividad, siendo esta la clave del crecimiento de largo plazo. Una vez mitigado el problema del desempleo, solo con mayor productividad podrá ser sostenible en el tiempo una mejora de la rentabilidad empresarial de la mano de mayores salarios reales. Ya lo dijo Paul Krugman en una de las sentencias más citadas a nivel académico: “La productividad no lo es todo, pero en el largo plazo es casi todo”.

(*) Ec. Marcelo Sibille, gerente senior del área de asesoramiento económico y financiero de KPMG en Uruguay.

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