ENTREVISTA

Los rebotes de la guerra de Trump con China

Entrevista a Nicolás Albertoni investigador y experto en política comercial internacional.

Nicolás Albertoni, economista, investigador y experto en política comercial internacional. Gentileza: Nicolás Albertoni
Nicolás Albertoni, investigador y experto en política comercial internacional. Gentileza: Nicolás Albertoni

El encadenamiento de la guerra comercial actual es mucho más amplio que la tensión bilateral entre EE.UU. y China, afirma Nicolás Albertoni, investigador principal del área de política comercial en el laboratorio de Economía Política y Seguridad Internacional de la Universidad del Sur de California. El especialista uruguayo sostiene que la postergación de la puesta en marcha de los aranceles por parte de Estados Unidos, “para nada” puede dar el problema por superado. Y en referencia a Uruguay, señala que en tiempos de incertidumbre es justamente cuando, contar con una red sólida de acuerdos internacionales, daría su mayor retorno. A continuación, un resumen de la entrevista.

-A partir del anuncio de Trump de postergar el aumento de aranceles a productos chinos previsto para el 1° de marzo, ¿se puede hablar de “un problema superado”?

-Para nada. Simplemente una extensión del plazo debido a una combinación de razones políticas y económicas. En primer lugar, no es menor tener en cuenta que por estos días el foco de la política internacional en EE.UU. estuvo puesto en la -fallida- cumbre entre Trump y Kim Jong-un, tema no relacionado directamente con las negociaciones con China, pero a tener en cuenta sobre los frentes diplomáticos abiertos. Incluso no parece difícil imaginar que China haya frenado el avance del acuerdo entre EE.UU. y Corea del Norte hasta tanto Pekín no tenga un panorama claro de cómo concluirán las negociaciones económicas con Washington, lo cual tendría un fuerte impacto en las relaciones regionales en Asia.

Por otra parte, ambos países parecen darse cuenta de que la incertidumbre que ha generado este conflicto empieza a tener impactos importantes en ambas economías. Cualquiera sea el paso siguiente, las señales deben ser muy claras para los mercados. Y a ese punto de claridad no parecen haber llegado en la mesa de negociación.

La desaceleración económica china se intensifica, mientras que el mercado de valores en EE.UU. ya empezó a notar el impacto de la incertidumbre de esta crisis no resuelta. Por eso, el nuevo plazo que surja en estos días (posiblemente fines de marzo o principios de abril) debe ser para una reunión de altísimo nivel y en el que se plantee un plan de ruta claro.

Lo cierto es que difícilmente los mercados resistan que se siga dilatando este proceso que involucra directamente a países que representan el 20% del comercio mundial.


-La nueva tregua parece contener avances en asuntos que ambas partes consideran neurálgicos. ¿Puede surgir de allí un “nuevo modelo” de relaciones comerciales?

-Lo que sabemos del acuerdo es que hay seis puntos sobre la mesa, que efectivamente pueden tener un impacto importante en las dinámicas comerciales del resto del mundo. Un primer aspecto que EE.UU. planteó está relacionado a las compras agrícolas (especialmente soja) y gas natural licuado. Este es el punto que seguramente se concretará, porque a China no le costaría tanto reorientar sus compras (aunque aquí podría haber un impacto indirecto -difícil de medir aún- a exportadores de soja a China). Este es el punto que Trump seguramente saque a relucir como su principal victoria porque es un resultado medible.

Donald Trump Foto: Reuters
Donald Trump Foto: Reuters

Un segundo punto es el pedido de algunas rebajas arancelarias en ambos mercados para la entrada de determinados productos. Este será en sectores estratégicos que aún no sabemos y básicamente seguirá la forma de una negociación comercial tradicional en la que seguramente se propongan canastas de desgravación que se irán concretando en los años siguientes.

Un tercer aspecto pasará por temas relacionados a la política monetaria china en la que seguramente EE.UU. reclamará mayor certidumbre y transparencia, pero dadas las características de este punto, es difícil imaginar que aquí se pueda conseguir mucho en los papeles.

En cuarto lugar, hay dos puntos que pasan por temas más estructurales: primero, controles y trasparencia en los procesos de trasferencia tecnológica, y segundo, protección de propiedad intelectual. Estos puntos son quizá los más importantes y en donde Estados Unidos está poniendo mayor atención por estas horas, no necesariamente por lo que va a pedir sino más bien porque la forma en que se le dará seguimiento para que China cumpla con las promesas que haga.

-No se trata de una contienda cerrada entre dos países, hay efectos “colaterales”…

-En estos escenarios de conflictos que parecen bilaterales, los efectos indirectos son muy probables, ya que el comercio que se cierra entre un mercado y otro puede redirigirse hacia un tercero. De aquí que cuando EE.UU. concretó la suba del arancel del 10%, enseguida Canadá y la Unión Europea hicieron el mismo movimiento. No necesariamente porque estén contra China, sino porque temen a la desviación del comercio. De continuar este conflicto, los efectos se podrían multilateralizar fácilmente. Además, se generan represalias que no siempre destacan su procedencia y terminan impactando inadvertidamente en otros países.

-EE.UU. ha reclamado reiteradamente a China que ponga en marcha las reformas económicas que permitan el acceso de empresas extranjeras a su gran mercado. ¿Es una oportunidad para cristalizar esos cambios?

-La guerra comercial, en la práctica, no es ni más ni menos que un reajuste de la economía internacional a una China que hace años ya participa activamente, pero muchas veces no respetando las reglas con las que la gran mayoría del sistema se maneja.

Y tarde o temprano alguien se lo tenía que decir de alguna manera. Justo coincidió que, como hace años no pasaba (quizá desde la época de Clinton y su estrategia económica contra Japón) que el comercio pasó a estar como tema central en la última campaña. Esto hizo que un tema relevante pero no decisivo de un país con un mercado interno como este, pase a estar entre los puntos más importantes de la agenda de Trump.

-Mientras suaviza el tono con China, Trump anunció eventuales acciones contra fabricantes de autos de Europa, Japón y Corea del Sur, ¿Se puede esperar una nueva escalada de la guerra comercial en estos frentes?

-Puede que sí. Aunque aquí los diálogos serán diferentes. Los tres mercados son economías que más allá de las rispideces coyunturales, son históricamente cercanas a EEUU. En los tres casos estamos hablando de democracias y parecerá un tema lejano, pero la literatura muestra claramente que al momento de diseñar la política comercial, si quien tenemos en frente es una autocracia como oponente -y más aún China- los riesgos son muchos más grandes.

El gobierno chino tiene las manos totalmente libres para negociar hasta donde el poder de mercado les permita, las democracias tienen dinámicas políticas muy diferentes y el poder de veto de los actores de la política doméstica, tiene un impacto central en este tipo de casos.

-¿Qué saldo ha dejado al mundo la estrategia agresiva que inició Trump hace dos años?

-Hace pocas semanas, Chad Bown y Eva Zhang del Peterson Institute, midieron el impacto preliminar que ya está teniendo la suba arancelaria de EE.UU. en 2018 y muestran que entre los más afectados de la lista está obviamente China en primer lugar (50% de las exportaciones Chinas hacia EE.UU. se han visto afectadas), pero también aparece Brasil, en donde el 11% de las exportaciones hacia EE.UU. se perjudicaron de alguna manera.

-¿Cómo debemos leer esta coyuntura desde los países del sur?

-Lejos de reducirse la inestabilidad, todo este proceso nos hace ver el alto riesgo en el que algunos países se encuentran dado la escasa red de acceso a mercados sólida y duradera. Este no es un tema de más o menos TLC, la motivación central debe pasar por buscar accesos a mercados. Es aquí donde se juegan las oportunidades para escalar comercialmente y formar parte de cadenas de valor que nos ayuden a aumentar valor a nuestra oferta exportable. Hoy ya ni se habla de TLC tradicionales, sino que -en parte por esta ola proteccionista- muchos países ya están migrando hacia una segunda generación de acuerdos que se basa en ampliar las líneas de productos ya negociadas anteriormente o modernizar el contenido.

"Casi el 45% de las exportaciones de Uruguay están expuestas a los efectos directos e indirectos de la guerra comercial".

Nicolás Albertoni, economista, investigador y experto en política comercial internacional. Gentileza: Nicolás Albertoni
Nicolás AlbertoniInvestigador.

En tiempos de incertidumbre es justamente cuando contar con una red sólida de acuerdos internacionales daría su mayor retorno. Si Uruguay no define una estrategia clara de inserción, en pocos años el foco deberá estar puesto en cómo enfrentar de mejor manera las amenazas de un mundo interconectado en cadenas globales de valor del que no vamos a ser parte. Hoy en día, aún estamos a tiempo de que el foco de debate pueda estar puesto en las oportunidades.

Si consideramos las dinámicas proteccionistas hasta finales de 2018, los países que han respondido comercialmente en contra de productos de Estados Unidos son China, la Unión Europea, India, Rusia, Turquía, Canadá y México. Por eso es que, en términos de destinos, cerca del 45% de las exportaciones de Uruguay están expuestas a los efectos directos e indirectos de la guerra comercial.

Si desglosamos las últimas notificaciones de represalias emitidas por estos mercados antes mencionados (China, la Unión Europea, India, Rusia, Turquía, Canadá y México), estamos hablando de más de mil líneas de productos para los cuales se han levantado nuevas medidas restrictivas que antes del conflicto no existían. Es de esperar que un importante número de estos productos afectados, principalmente dentro del sector agrícola, pertenezcan a la oferta exportable de Uruguay.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)