Opinión

Es la realidad lo que lleva al ajuste: las metas no se cumplirán

A pesar de los sucesivos ajustes recaudatorios al alza en los últimos dos años vía impuestos y a través de tarifas públicas -cuasifiscales-, los resultados no han mejorado y presentan una tendencia preocupante.

Billetera apretada. Foto: Pixabay
Foto: Pixabay

Como ocurre habitualmente, en el último día hábil de cada mes, el Ministerio de Economía y Finanzas ha dado a conocer el resultado de las cuentas públicas del mes anterior, en este caso el de agosto.

A pesar de los sucesivos ajustes recaudatorios al alza en los últimos dos años vía impuestos y a través de tarifas públicas -cuasifiscales-, los resultados no han mejorado y presentan una tendencia preocupante. Nuevamente se ha registrado un alto déficit en los doce meses hasta el octavo del año, del orden del 4,02% del producto interno bruto (PIB), bastante alejado de la meta anunciada por las autoridades económicas para este año: 3,3% del PIB.

"No existe razón alguna para creer que la actividad económica vaya a crecer en los próximos dos años como para generar una mayor recaudación"

Jorge Caumont grande
Jorge CaumontEconomista

Ya antes del pago de intereses por su deuda, el sector público tiene un déficit primario que, al agregarse al pago de intereses por 2.058 millones de dólares, se llega al desequilibrio financiero total citado, por un monto de casi 2.400 millones de dólares en los doce meses hasta agosto.

El resultado actual deberá abatirse en alrededor de 430 millones de dólares para cumplir con la meta prevista para este año, lo cual se presenta sumamente difícil de lograr. Pero si esta situación es preocupante para el logro de la meta de 2018, más preocupante aún es para las de los dos años siguientes, la de 2,9% del año electoral y la de 2,5% para el primero de la nueva administración de gobierno.

DIFICULTADES.

Son varias las dificultades que se enfrentarán para alcanzar las metas previstas para éste y los dos años siguientes. En el caso del de 2018, es prácticamente imposible que en cuatro meses se pueda lograr el abatimiento necesario tanto por el lado de los ingresos como por el de los egresos para que se pueda cumplir con la meta deseada.

Y en el caso de los dos años siguientes, el electoral y el primero del nuevo gobierno, también será difícil por varias razones. En primer lugar, será difícil porque como el propio Ministro de Economía lo ha señalado -al menos hasta marzo de 2020-, no habrán nuevos impuestos; seguramente temeroso que opere la curva de Laffer: a partir de cierto punto, más impuestos desembocan en menor recaudación.

Es cierto que indicar que no habrá nuevos impuestos no implica que no haya otros ajustes en bases imponibles o en tasas de los ya existentes que redunden en mayor recaudación, o que no se acuda, como habitualmente ocurre, a ajustes tarifarios de empresas públicas que impliquen impuestos encubiertos.

Pero de todos modos, la recaudación por esos mecanismos no sería lo suficientemente grande como para cubrir la brecha hoy existente hasta el octavo mes del año. En segundo lugar, también será difícil por la gran parte del gasto público -del gobierno central y de las empresas del Estado- que es endógena -inmodificable en su evolución-, pero también por el gastó exógeno, que en lugar de abatirse se incrementa por razones “sociales” muy difíciles de justificar sin un análisis de su eficacia y en casos positivos, de su eficiencia.

LO MÁS IMPORTANTE.

Pero la razón más importante es la respuesta recaudatoria que da la propia economía. No existe razón alguna para creer que la actividad económica vaya a crecer como para generar una mayor recaudación.

Y eso es así porque en el lapso que nos separa del final de 2020, la economía no tendrá estímulo alguno por el lado de las políticas macroeconómicas para revertir una situación como la que se vive actualmente. Es más, no se debe descartar y es probable que ello ocurra, que la recaudación decline, pues las políticas macroeconómicas idóneas para hacer crecer a esta economía y de ese modo lograr una mayor recaudación no enfilan en ese sentido.

El consumo y la inversión no tienen estímulo alguno para crecer y a pesar de la devaluación que sufre y seguirá teniendo nuestra moneda, tampoco las exportaciones de bienes ni fundamentalmente las de servicios lograrán expansión por la situación de la región.

Y por si fuera poco, es difícil encontrar en estas circunstancias, una razón para no creer que, en un año electoral, el gasto público no vaya a crecer. Sobre todo ante su endogeneidad y, más aún porque si el gasto exógeno no se controló en los años de expansión económica, menos se va a intentar bajar en un año en el que la actual administración juega un partido mucho más parejo que el de los tres clásicos anteriores.

CONSECUENCIAS.

Las metas del resultado fiscal que tiene la conducción económica no se cumplirán y, probablemente, el desvío del resultado real sea significativo. Ello de inmediato plantea la continuidad, al menos por dos años, del crecimiento del endeudamiento del sector público y de las obligaciones que ello impone a las futuras generaciones por los gastos durante la actual.

Pero más que eso lo que se vislumbra es que el nuevo gobierno, cualquiera sea el signo político que tenga, deberá realizar un fuerte ajuste fiscal que en ese momento será condición necesaria para mantener el grado inversor de la deuda uruguaya que asegure tasas de interés relativamente bajas y la permanencia de numerosos inversores ante los que se puedan presentar las futuras necesidades de financiamiento.

El ajuste, con nuevos impuestos y menor gasto público, será un golpe tan necesario como muy “difícil de tragar” por una economía que lejos estará de crecer a tasas importantes.

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