JORGE CAUMONT

Reacción frente a empuje e inflacion

Las naciones más desarrolladas siguen recuperándose de la situación económica originada en los problemas que tuvieron en la década pasada y en los años iniciales de la actual.

La inflación se ha mantenido dentro del rango meta ininterrumpidamente desde marzo. Foto: F. Ponzetto
Foto: F. Ponzetto

En EE.UU., el ataque a las torres en 2001 fue el primero, pero los más profundos vinieron luego con la crisis de los créditos hipotecarios en 2006, las quiebras bancarias, las "corridas" que se produjeron en los tres años siguientes y el colapso de Wall Street. En la Eurozona, la crisis comenzó por reflejo de la situación bancaria del otro lado del océano que llevó a la detención de los préstamos entre instituciones financieras, lo cual se extendió a los gobiernos de los países menos desarrollados del grupo llevándoles a altos desequilibrios fiscales y a agravar los problemas de liquidez y solvencia de grandes bancos europeos. El Reino Unido no fue excepción, como tampoco Japón, ya que les golpeó la contracción del comercio con las regiones mencionadas.

Respuestas.

La profundidad de la crisis en los desarrollados se manifestaba en presiones recesivas duraderas y alto desempleo y en tendencias deflacionarias. En todos los casos, la reacción fue llevar adelante una política monetaria sumamente expansiva, con reducciones sin precedentes de los niveles de las tasas de interés de referencia o de intervención bancocentralista, y la profundización del escenario monetario expansivo a través de operaciones de compra de títulos de deuda por parte de los bancos centrales a las instituciones financieras —el denominado quantitative easing con operaciones de mercado abierto—. Y hasta cargando, en el caso del Banco Central Europeo y en el del Banco de Japón, tasas de interés nominales negativas por depósitos de los bancos en esas autoridades monetarias.

La finalidad de políticas monetarias tan expansivas y durante tantos años —ya diez—, era evitar, por un lado, la quiebra extendida de bancos de renombre y presencia mundial y, por otro y fundamental, estimular el consumo y la inversión privada, tanto para evitar el ahorro y fomentar el gasto como para facilitarle a las empresas el acceso al crédito. El consumo y la inversión privada se expanden con el aumento del ingreso de un país —de la población y de las empresas— pero además, cuando se les estimula con bajísimas tasas de interés. Cuanto menor es la tasa de interés, menor es el estímulo para ahorrar y mayor para consumir e invertir, y por reflejo también mayor es el efecto alcista sobre la actividad económica, la producción y el empleo. Particularmente importante se presenta la situación cuando la recesión y la retracción o estabilidad de la actividad económica, se acompañan —como ocurriera y ocurre en algunos casos todavía— de presiones bajistas de los precios, pues en ese contexto el esfuerzo monetario expansivo se hace más intenso y menos peligroso de derivar en aumentos del nivel general de precios.

Los resultados.

Demoraron en aparecer, y si bien en los países desarrollados en general es necesario mantener una oferta monetaria expansiva o al menos que no retrotraiga a restrictiva, en EE.UU. la situación ha cambiado. La economía crece, el desempleo es sumamente bajo, prácticamente está en su tasa natural, y comienza a preocupar la presión inflacionaria. El aumento del costo de vida ya está muy próximo al máximo fijado como tolerable por la Reserva Federal. Si además de eso, suponemos que la reforma fiscal norteamericana con fuerte rebaja impositiva para las ganancias empresariales opere el año entrante y lleve a una ampliación del déficit fiscal norteamericano a financiar con emisión de títulos de deuda, sería probable que la política monetaria se haga relativamente más restrictiva. Es decir que, a lo largo de 2018, la tasa de intervención de la Reserva Federal llegue a un nivel que puede doblar al actual. Se configuraría así un panorama en el que, sin cambios en la política monetaria de los demás países desarrollados, el dólar se puede fortalecer ante sus monedas y como consecuencia inmediata, que los precios de los commodities en general —excluido el petróleo— y en particular el de los exportables uruguayos, mantenga su tendencia declinante. Esas consecuencias no serían las únicas si la realidad ratifica los supuestos que he realizado. En efecto, la ampliación de la diferencia de la tasa de interés norteamericana frente a la de otros desarrollados, que llevaría a una apreciación del dólar lenta y moderada, incidiría para que el ingreso de capitales financieros sea menor en los países que hasta ahora han recibido inversiones por el denominado carry trade. En la medida en que ello ocurra, la presión bajista sobre el dólar en las naciones emergentes que han recibido esos ingresos que aumentaron tanto las reservas internacionales de sus bancos centrales, como sus pasivos para esterilizar la contrapartida de pesos que provocan, será sensiblemente menor o se revertirá moderadamente el año entrante.

Muchas variables juegan en el escenario económico mundial como para poder señalar algo que tenga una probabilidad alta de darse en la realidad. De todos modos, es interesante pensar en algunas de las relaciones que existen entre las variables mencionadas en esta columna, y también reconocer que la situación que se ha vivido en las regiones desarrolladas y en particular en EE.UU. tendrá cambios paulatinos pero persistentes. Y que ya en breve comenzarán.

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