OPINIÓN

Razones de la probable recesión

Hay razones para pensar que el consumo privado se mantendrá estancado. Hay variables que juegan para que la inversión privada no crezca.

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Hace un par de meses escribí una columna en la que señalaba que no habían razones para que la economía creciera en el corto plazo. Reacciones de mis amigos y de algunos lectores han sido para calificarme de “pesimista”.

Leyendo las últimas estimaciones de crecimiento tanto de quienes contestan la encuesta mensual del Banco Central como las de quienes en mayor número contestan la de FocusEconomics -que publica mensualmente El País-, veo que ellas vienen en baja y si siguen de ese modo pronto serán similares a las que yo adelantara. De todos modos, quiero extenderme y señalar más sobre la ausencia de las razones que hoy seguimos enfrentando para que la producción de bienes y de servicios vuelva a crecer. Al pasar, deseo señalar que si la economía crece menos que el potencial aumento que le permite su dotación de factores productivos -aunque sea positivo el comportamiento de su producción-, ya está en problemas: de desempleo de trabajadores, de subutilización de otros factores tales como bienes de capital y de otros por el estilo.

También al pasar, deseo distinguir entre actividad económica y crecimiento de la producción de bienes y de servicios (PBI). La primera es la oferta de bienes y de servicios total en la economía e incluye además de al PBI, a las importaciones de bienes y de servicios. Esa oferta es la que responde a quienes la demandan: consumidores privados, el gobierno general, los inversores en activo fijo y los que desde el exterior demandan productos elaborados localmente. La oferta global depende de la demanda global -del consumo privado y público, de la inversión y de las exportaciones-. Son esas variables -macroeconómicas-, las que determinan lo que se producirá localmente y lo que se importará.

Debemos entonces ver qué puede pasar este año con cada una de esas variables para poder estimar lo que puede suceder con la actividad económica y con el PBI en particular cuyo crecimiento es el que buscamos estimar.

El consumo privado -la variable más importante por lejos de la demanda global o agregada- depende fundamentalmente de dos variables: del ingreso disponible de la población -su ingreso neto, luego del pago de impuestos- y de la tasa de interés. Si el ingreso disponible para gastar subiera la actividad económica impulsaría al crecimiento y lo contrario ocurriría si el ingreso disponible se redujera. ¿Qué es lo más probable que ocurra? Me inclino a pensar por diversos indicadores que el ingreso disponible privado está y seguirá en caída -más impuestos, menos trabajo- por lo que tendrá efectos depresivos sobre la actividad económica.

El otro determinante del consumo privado, la tasa de interés, viene jugando, también, en contra del consumo ya que se encuentra en suba por la política monetaria restrictiva del Banco Central lo que implica estimular al ahorro antes que al gasto. Si el gasto en consumo baja porque se hace el ahorro relativamente más preferible -aunque más no sea en el margen- entonces afecta a la baja a la actividad económica. En resumen, hay razones para pensar que el comportamiento del consumo privado se mantendrá estancado este año y no impulse a la actividad económica no debiéndose descartar dado el bajo tipo real de cambio y la competitividad mayor de los países limítrofes, que se vuelque relativamente más a lo importado que a la producción local. En definitiva, el comportamiento que espero de los determinantes del consumo privado implican una alta probabilidad que en última instancia afecten al producto bruto a la baja.

Similares variables afectan a la inversión: ingreso disponible y tasa de interés entre otras menos importantes. También en este caso ellas juegan para que la inversión privada no crezca y que ello lleve a afectar negativamente a la respuesta de la producción local, al producto bruto interno.

No creo que sea posible que el consumo del gobierno general -gasto exógeno- vaya siquiera a compensar parte de lo que se perdería por menor consumo privado y menor inversión ya que el déficit de las cuentas públicas impide aumentos de esas variables pues de ocurrir llevarían a la situación fiscal a empeorar, afectarían a la confianza general y provocarían efectos restrictivos del gasto por alzas mayores de las tasas de interés.

La última variable mencionada como parte de la demanda global o agregada es la exportación. Las ventas al exterior dependen de la situación mundial y regional, de los precios mundiales de los bienes y servicios exportables y del tipo de cambio. Los dos factores iniciales mencionados no dependen de las decisiones locales, son datos que se reciben del exterior y en caso alguno -ni en el mundial ni en el regional- se puede esperar una contribución favorable para el crecimiento del producto bruto interno, de la producción de bienes y de servicios de nuestro país. Como tampoco es favorable para su expansión, el tipo de cambio real, reconocidamente bajo -ahora hasta por las propias autoridades aunque en menor medida que el sector privado-.

Hay explicaciones que pueden diferir de la que he tratado de dar para justificar lo que dijera en la columna de hace dos meses y medio. Hoy mantengo mis expectativas de declinación de la actividad económica de nuestro país y de recesión de su producto bruto interno durante el año en curso. Recién en los datos del primer trimestre de este año, cuando se den a conocer en el mes de junio, el comportamiento negativo tendrá su ratificación. Hasta entonces solo será una sensación.

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