JOSÉ LUIS ESPERT | DESDE  BUENOS AIRES

Raspando la olla en Argentina

En el pasado mes de diciembre, en los tribunales de Nueva York, los llamados "buitres" pidieron el embargo de parte de las reservas internacionales del BCRA (Banco Central de la República Argentina) para cobrarse su crédito contra Argentina porque consideran, en esencia, que el BCRA es lo mismo que el gobierno. Y no se equivocan.

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La presidenta indicó que algunos dirigentes sindicales preparan un estallido social. Foto: Reuters

Primero.

Durante los años noventa, el BCRA tenía prohibido financiar al gobierno tanto en pesos como en dólares. Las reservas internacionales estaban destinadas exclusivamente a respaldar los pesos emitidos por la autoridad monetaria.

Desde 2002, el Banco Central pudo comenzar a otorgar los denominados Adelantos Transitorios (préstamos) al gobierno por el equivalente al 10% de la recaudación de impuestos. Desde 2003 se le agregó el 12% de la base monetaria y desde marzo de 2012, ya con el fisco en franco déficit, a la anterior financiación se le agregó un margen adicional de 10%, otra vez, de la recaudación de impuestos.

El margen adicional debería haberse cancelado 18 meses después de ser otorgado, o sea, a fines de 2013 y ser renovado sólo en circunstancias extremas de la economía internacional y/o nacional. Sin embargo, se renovó manu militari sin mediar ninguna discusión profesional sobre el tema. Es más, los Adelantos Transitorios que el BCRA le otorga al gobierno para financiar parte de su déficit, desde diciembre de 2013 (mes en el que el margen adicional debería haberse cancelado), están 10% por encima de aquel límite legal.

De esta manera, los últimos datos del Central permiten ver que el financiamiento en pesos del BCRA al gobierno que era cero a fines de la década "neoliberal", hoy ya llega a los 230.000 millones de pesos (27.000 millones de dólares).

Segundo.

El asalto a las reservas internacionales del Banco Central, el gobierno lo comenzó a principios del 2006 de la mano del ex menemista, ex kirchnerista, actual massista Martín Redrado cuando le regaló a Néstor Kirchner 10.000 millones de dólares para que cancelara la deuda con el FMI (gran error, las deudas son del fisco, no del BCRA).

La avanzada sobre las reservas continuó con el reemplazo a principios de 2010 del autor de la Biblia de todo banquero central "Sin Reservas" por la experta en temas sociales Mercedes Marcó del Pont. Se creó el Fondo de Desendeudamiento y hoy los préstamos en dólares del BCRA al gobierno (letras intransferibles) llegan a los 50.000 millones de dólares.

Tercero.

Durante los 3 primeros años (2010-2012) la "letra" legal (resoluciones y decretos) del Fondo de Desendeudamiento decía que esos dólares se destinaban a pagar deuda con organismos internacionales y con privados. Pero desde 2013, debido al descontrol del gasto público y el déficit fiscal subsiguiente, los presupuestos comenzaron a establecer que si el dinero del citado Fondo de Desendeudamiento fuera mayor a los pagos de deuda, el "excedente" se destinaría a financiar gastos de capital con la condición de que el impacto fuera neutro desde el punto de vista monetario.

Con respecto a este punto, hay problemas graves y difíciles de dilucidar. Primero, el "excedente" ¿se mide respecto sólo de los pagos de deuda a privados en dólares o también incluye los pagos de deuda en pesos (a privados)? Segundo, dado que el dinero es fungible ¿cómo hacer para diferenciar que el excedente del Fondo de Desendeudamiento se utiliza para gastos de capital y no para financiar ñoquis en el Estado como los nombrados, por ejemplo, por Boudou, Vicepresidente procesado en una causa y que va a juicio oral por otra? Tercero, ¿impacto monetario neutro es que la base monetaria (pesos emitidos por el Central) no aumente o que la base monetaria más Lebacs es la que no tiene que cambiar?

Con éste derrotero, hoy el total de fondos que el BCRA le ha transferido al gobierno en los últimos 5 años (2010-2014) ya llega a los 500.000 millones de pesos, con lo cual, el total de préstamos del Banco Central al gobierno alcanza a los 77.000 millones de dólares (casi 2/3 del activo del BCRA), idéntico monto al déficit fiscal acumulado durante "La Década Ganada", por US$ 77.000 millones.

O sea, el 100% del exceso de gasto del Estado respecto de la recaudación, al final, lo terminó pagando el BCRA que concluyó siendo la alcancía o el monedero de Cristina Fernández (el dinero es fungible y las caídas de la deuda pública por las ganancias de capital debido a las quitas por los canjes de deuda se compensan con las subas de la deuda pública por pérdidas de capital debido a la capitalización de intereses, el ajuste por CER y la devaluación del dólar en el mundo).

Claramente hoy la institución emisora, desde el punto de vista económico es un "alter ego" (pantalla) del gobierno, independientemente de lo que la Justicia de Estados Unidos diga.

Así como el gobierno ha usado reservas para pagar la deuda que de manera autoritaria decidió pagar (y la que no) o financiar déficit fiscal, parte de las reservas del BCRA deberían ser embargadas para pagar la deuda en default y salir de él. O sea, si el gobierno está dispuesto a usar reservas para comprar el Boden 2015 como la semana pasada, nos preguntamos: ¿por qué no destinarlas para acatar el fallo de Griesa y sacar al país del default que ha profundizado la recesión que ya venía desde finales de 2011, sin que tenga un fin a la vista?

Para finalizar.

Durante los años noventa, la deuda pública pasó de 60.000 millones de dólares a fines de 1990 a 145.000 millones de dólares a fines de 2001, US$ 85.000 millones de aumento. Durante "La Década Ganada" pasó de 137.000 millones de dólares a 214.000 millones de dólares, US$ 77.000 millones de suba (igual al déficit fiscal acumulado). Muy parecidos.

La única diferencia ha sido que durante los años noventa se tuvo la decencia de ser explícito en el desastre fiscal que se estaba haciendo, yendo al mercado para convencerlo de que nos prestara.

En cambio, en la llamada "La Década Ganada", se nos escondió el mismo descalabro fiscal noventista, a través de la inflación, la devaluación, las prohibiciones para importar, girar divisas al exterior, hacer turismo fuera del país y repagar deuda externa privada.

Se podría decir que durante la década de los años noventa el colapso de 2001-2002 fue una muerte súbita con un preludio de vivir anestesiado con la deuda externa. La muerte que nos propuso "La Década Ganada" es lenta, con una inflación que pasó despacio de 3% a fin de 2003 a casi 40% poco más de 10 años después y una devaluación que ya ronda por tercer año consecutivo el 30%.

En esencia nada ha cambiado en lo profundo desde el punto de vista fiscal entre ambas décadas. Es el exceso de gasto público que carcome la recaudación, la emisión (inflación), las reservas (devaluación), el crédito interno (la deuda pública interna está creciendo de manera exponencial) y si puede, no debería caber dudas que el gobierno intentará colocar deuda externa.

Esto ocurre de manera sistemática en el último medio siglo sin importar la ideología del gobierno de turno. Toda gestión político-económica siempre es acompañada por un desborde fiscal que termina en defaults y/o devaluaciones seguidas de un ajuste fiscal.

El default de la deuda pública de fines de 2001, desde lo conceptual, es idéntico al vaciamiento que el gobierno ha hecho del BCRA en la última década.

Después de la hiperinflación del período 1989-1990, Argentina creció 7 años. Después del colapso de 2001/02 crecimos 8 años. Durante los noventa tuvimos 4 años de recesión, desde 1998 hasta 2001, previo al ajustazo de 2002. En "La Década Ganada" ya hace 3 años, desde 2012, que la economía cae. Populismo glam versus populismo bizarro. Populismo al fin.

El problema siempre es el gasto público. Primero se gasta la recaudación. Cuando la inflación ya es récord, aflojan con la emisión monetaria. Una vez que las reservas han llegado a un mínimo sostenible, también dejan de gastarlas.

Posteriormente, cuando la colocación de deuda interna ya generó una recesión feroz, comienzan a pensar en endeudarnos externamente, hasta que el default se convierte en algo inevitable. He aquí los cinco pasos que inexorablemente sigue el gasto público en el último medio siglo, haciendo colapsar todos los programas económicos que se han lanzado en el país durante ese período.

¿Nunca nos cansaremos de repetirnos?

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