Entrevista

El PSOE puede hacer muchos gestos y unos pocos cambios

La debilidad en el Congreso y directivas de Bruselas encorsetan al gobierno de España.

Juan Carlos Martínez Lázaro, economista español. Foto: El País
Juan Carlos Martínez Lázaro, economista español. Foto: El País

LUIS CUSTODIO - [email protected]

Para el economista español Juan Carlos Martínez Lázaro, de la escuela de negocios de Madrid (IE Business School), no se puede esperar grandes cambios de parte del nuevo gobierno del PSOE. Más allá de sus deseos, no cuenta con margen de acción, aunque sí puede aprovechar una administración ordenada de esta coyuntura para buscar el apoyo popular perdido, para la próxima elección. Martínez Lázaro dijo que la incertidumbre existe, pero fundamentalmente en base a que solo han pasado dos semanas del inesperado cambio de gobierno, y no tanto por lo que pueda surgir de su actuación. A continuación. Un resumen de la entrevista.

—¿Qué sucederá con la economía española a partir de los recientes cambios políticos?

—A partir de ahora se abre un escenario de incertidumbre, porque lo que no sabemos es el camino económico que el gobierno puede tomar. Pero sobre todo estas dudas están basadas en lo prematuro que puede ser cualquier análisis, hay que esperar un poco para ver qué se plantea.

Tampoco sabemos la duración que puede tener la legislatura, donde el gobierno del PSOE tiene una mayoría muy exigua y eso puede hacer que se vea forzado a convocar elecciones anticipadas.

Pero independientemente que todos esperamos las definiciones para conocer más a fondo qué piensan, no habría nada en el horizonte próximo que nos vaya a generar una preocupación mayor.

—En los últimos años, España se encontraba entre las economías de mayor crecimiento económico de Europa…

—España tuvo un crecimiento en los últimos tres años por encima del 3% anual —superior a la media europea— y ese ritmo se mantuvo en el primer trimestre de este año. Las expectativas para este año están un poco por debajo, 2,5%, pero manteniendo básicamente las condiciones que llevaron a un empuje importante en el último período.

Insisto en que no creo que vaya a haber grandes cambios. Lo poco que tenemos de este gobierno, las pistas que se conocen pasan fundamentalmente por la forma en que se ha configurado el equipo ministerial, con gente capaz, de experiencia. Pero las señales nos permiten leer que posiblemente tengamos un gobierno bastante continuista desde el punto de vista económico.

—¿Realmente tendría alguna posibilidad de aplicar cambios profundos, si lo entendiera necesario?

—Realmente no, y por dos razones, fundamentalmente. Por un lado, la exigua mayoría parlamentaria que no le permite aventurarse a propuestas complejas de aprobar. Además, aquellas alianzas que le permitieron alcanzar los votos para desplazar, censura mediante, a Rajoy del poder, no está claro que las mantuviera en caso de plantearse algunos cambios drásticos. Votos prestados para echar a Rajoy no es lo mismo que proponer, por ejemplo, derogar la reforma laboral vigente.

Por otra parte, las exigencias de Bruselas. La Comisión Europea entiende que se deben mantener estos presupuestos confeccionados por el PP, los recursos "prestados" con los que va a tener que administrarse el PSOE para lo que queda del período y que ya ha anunciado que no es un tema en el que vaya a discutir. Pero también, desde Bruselas ha quedado claro que el objetivo de déficit público para este año no se debe tocar. El 2,2% del rojo en las cuentas públicas es innegociable, a juicio de la Comisión Europea.

Tampoco puede haber una redistribución importante. El presupuesto ya está y el límite de gasto también. Y pensar en nuevos impuestos para tener más recursos disponibles, sin una mayoría sólida, sería suicida.

—En ese escenario, ¿dónde estará el énfasis de la administración de Pedro Sánchez?

—Seguramente el gobierno se limite a hacer algunos gestos, por ejemplo en el plano social, que es terreno sensible para el partido socialista. Está encorsetado, y deberá obtener réditos por otro lado. Los inmigrantes, por ejemplo, con la decisión de recibir a las 600 personas que Italia no dejó entrar y a las que Sánchez se comprometió a recibir y así lo hizo. Por otro lado, la ministra de trabajo se reunió con sindicatos y empresarios y reconoció que no tiene mayorías para derogar la reforma laboral, mal que le pese, y que lo único que se puede hacer es introducir algunos cambios que sean razonables para todos.

Ante márgenes muy estrechos, el perfil de este gobierno será en los guiños que se puedan hacer para diferenciarse del PP, con una actitud más abierta para escuchar y atender demandas en el campo social, por ejemplo. Entiendo que la estrategia será administrar lo que tiene, y llegado el momento decirle a su electorado: "he demostrado lo que podemos hacer en las actuales circunstancias, confíen en nosotros, que con otras mayorías parlamentarias y presupuesto propio, se verán los cambios".

Cabe destacar también que hay una inercia de crecimiento económico que no tiene por qué detenerse y a eso, si todo se hace ordenadamente, también puede sacarle provecho el PSOE.

—¿Cuáles han sido los motores de crecimiento de la economía española en este último período de expansión?

—El crecimiento de la economía española se ha basado históricamente en la inversión y el consumo interno, pero desde la salida de la crisis hasta ahora, ha habido una especial influencia del comercio exterior, tanto de bienes como servicios. Las exportaciones totales han crecido un 30% desde la crisis hasta ahora, y han ampliado su peso sobre el PIB de 22% a casi 34%.

Y en este período, donde el dólar se debilitó y eso seguramente trastocó los planes de muchos países exportadores, no fue el caso de España, porque el 70% de sus exportaciones son dentro de la Unión Europea, o sea, en moneda local. El billete estadounidense es una segunda derivada para España, con un efecto menor que el que se sintió en otros mercados.

También hay que destacar un fuerte empuje de la actividad turística.

—El problema del empleo es elque más críticas le costó al Partido Popular…

—La crisis le costó mucho a España, y si bien estos años han sido de recuperación, todavía hay rezagos. Recién en el segundo trimestre de 2017 se alcanzó el nivel del PIB del primer trimestre 2008, es decir, previo a la crisis. Un largo período nueve años y medio— para llegar, recién, a aquél punto de partida. Y si lo miramos desde el punto de vista del empleo, solo se ha recuperado el 75% de los puestos de trabajo que se perdieron durante la crisis y la tasa sigue alta (16%). En los tres últimos años se generaron medio millón de nuevos empleos por año, y este año esa cifra va a bajar un poco, pero aún estamos lejos.

—El debate ahora está dado por la calidad del empleo generado en el período post crisis…

—Es cierto. Hay una alta tasa de empleos temporales, mucha gente trabaja bastante menos de lo que necesitaría para vivir en condiciones aceptables, y a eso hay que sumarle el salario, que ha tenido una pérdida de poder adquisitivo muy fuerte. Esa fuerte corrección salarial ubica a muchos sectores de actividad en condiciones comparativas peores a las del período previo a la crisis. Puestos de trabajo poco calificados están sufriendo mucho. Eso se ve en los servicios, por ejemplo, pero como contrapartida en la industria manufacturera, el rubro tecnológico, y determinados puestos vinculados con la construcción, donde hay un repunte incipiente. Pero el problema del empleo y el salario sigue siendo un asunto delicado.

—Los temas sociales históricamente han sido parte de la agenda del PSOE; ¿ha habido un cambio de expectativas en ese terreno a partir de la asunción de Pedro Sánchez?

—Creo que sí. Lo que han puesto siempre sobre la mesa, y esta vez no fueron la excepción, precisamente son los temas sociales: pobreza, salario, empleo, acceso a la vivienda, pensiones. En esa materia marcan agenda, mientras que, en otros campos como la macroeconomía, las diferencias con el PP son apenas matices. Allí hay grandes coincidencias.

En realidad, la pérdida de derechos sociales que ha vivido la sociedad española y en especial su clase media en los últimos años, lo que ha posibilitado no ha sido el retorno del PSOE, sino la irrupción de Podemos, recogiendo esas demandas sociales que en algún momento sintieron que ni siquiera los socialistas le garantizaban.

Europa no ilusiona y es el chivo expiatorio de todo lo que pasa

—La agenda urgente de Europa, ¿pasa por el Brexit o la situación en Italia?

—El Brexit es una decisión tomada por parte del Reino Unido, se están cumpliendo las etapas y en diez meses ya estará fuera. Eso está asumido y amortizado, y la fase compleja de la incertidumbre ya pasó.

El tema de Italia es más preocupante. Una dimensión muy especial, donde dos partidos populistas, uno de derecha y otro de izquierda, encuentran puntos de convergencia que son preocupantes. Un tema, los inmigrantes, muy preocupante desde la dimensión humana, y donde ya han demostrado cómo están dispuestos a actuar.

Pero además, estos partidos encuentran también sus coincidencias en el rechazo a la agenda europea. Y ese es un punto sumamente complicado. Es lo que está detrás del Brexit, es el mismo fenómeno que puso a Marine Le Pen muy cerca de la presidencia de Francia. No se trata del rechazo a la agenda europea por parte de "cuatro locos" que siempre se opondrán a todo, sino que estos grupos han llegado a movilizar colectivos importantes de las sociedades de la Unión. Algo hemos hecho mal, indudablemente, para que crezca ese descontento, y en eso hay que centrarse.

Europa no es capaz de ilusionar a la gente ni "vender bien" lo positivo que hace. La UE se ha convertido en el chivo expiatorio de todos los problemas que viven las sociedades europeas. Bruselas, el euro, y la burocracia europea tienen la culpa de todo.

En España eso no ha sucedido porque para una parte importante de varias generaciones españolas el formar parte de la UE fue algo aspiracional. Y los resultados fueron muy buenos, cualquier comparación lo demuestra.

perfil
Juan Carlos Martínez Lázaro, economista español. Foto: El País
Juan Carlos Martínez Lázaro

Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid y MBA por IE Business School. Profesor del Área de Entorno Económico de IE Business School.

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