OPINIÓN

Las pruebas del desorden

Dado que el gobierno actual promete más de lo mismo, es imposible sustraerse a la consideración de algunos números, particularmente vinculados con el sector agropecuario.

Foto: Pixabay
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Repasemos algunos de ellos:

Los impuestos

Uno de los más notorios para mí es el que surge de un estudio que compara la presión fiscal global entre 23 países de América Latina y el Caribe, excluida Venezuela. Se trata de un trabajo realizado por el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias del BID, que compara el conjunto de impuestos, incluidos los departamentales y los aportes públicos y privados a la seguridad social, en relación al PIB. El resultado es lapidario y absolutamente contundente: somos el país de mayor presión con un 35,4 % del PIB. Aparecen así el ajuste fiscal del último año —que se lo llamó con el eufemismo de consolidación fiscal— y aparece también aquel, viejo, de “espacio fiscal”. Lamentable. Y no se incluye el componente tributario de las tarifas públicas…

El estudio también compara a los países por tipo de impuesto. El resultado es que en impuestos a la renta —personal, empresarial y otros— estamos entre los 3 peores, aprovechando así para recordar que este gobierno creó el impuesto a la renta de las personas físicas. En contribuciones a la seguridad social, junto con Costa Rica, somos los peores por lejos, (recuérdese aquí que el BSE viene de aumentar lo que se aportaba al BPS, art. 129 ley 19678); en impuestos a la propiedad somos los peores por muy lejos (aquí estarán los impuestos rurales como la Contribución Inmobiliaria, Primaria, Patrimonio, todos creados o aumentados por esta administración); en los impuestos al comercio exterior estamos en el promedio, y en el IVA compartimos la malla oro con Jamaica.

Déficit, deuda, inflación

Podría señalarse que tanta presión fiscal es la consecuencia de una administración prudente. Nada de eso. El déficit trepa a 4,9 puntos del PIB, cifra récord desde el año 2005 según se comprueba con facilidad. El peor en 30 años, señalan otros... y allí aparecen para su consideración los 70.000 empleados públicos más, el recuerdo de Ancap, de Alur, de Pluna, del Fondes. Todo dicho sin analizar la calidad de ese gasto en nuestra educación pública, nuestra infraestructura, o nuestra seguridad social.

En materia de deuda pública, externa pero también interna, sin bien es creciente, lo relevante no es su guarismo absoluto sino cómo se distribuyen sus obligaciones; en este aspecto no estamos mal…aún. Por su parte, nuestra inflación según el FMI nos sitúa en el número 27 de 191 países, los terceros de América después de Venezuela y Argentina, y en compañía de Sudán, Yemen, Liberia, Angola, Sierra Leona, etc. A esto hay que agregar el dato de la semana que pasó, del peor desempleo de hace muchos años, con una destrucción de 60 mil puestos de trabajo en pocos años.

De manera, pues, que ésta es la continuidad que se ofrece y se nos propone cuidar por parte del candidato oficialista: la peor presión fiscal, el peor déficit de las cuentas públicas, de las peores inflaciones en la comparación mundial, el peor desempleo y una deuda creciente. Y en la producción agropecuaria en volumen físico, crecimos desde 2005 apenas un 6 y un 7 % en agricultura y ganadería según el BCU, o sea nada. A esto hay que sumarle la permanencia de la política de seguridad pública con el nombramiento de la primera espada de Bonomi para sucederlo y, ahora, nada menos que a Mujica para Ganadería, como prueba de cuidar lo logrado...

Mujica

Tengo mucho respeto por la persona de Mujica, porque a pesar de su sufrimiento sin par, no parece abrigar rencores en su corazón. Esto vale mucho. Pero no tiene nada que ver con su competencia en materia de política agropecuaria.

Antes que eso es directamente responsable del desquicio en materia de gasto de sus 5 años de gestión presidencial. Pero en lo estrictamente agropecuario, es autor de aquella expresión de máxima demagogia como lo fue el “asado del Pepe” a cuenta de los ganaderos. Fue quien calificó a Alur como el buque insignia del país productivo, en tanto quitaba beneficios a la forestación. Eliminó las sociedades anónimas en el campo, prohibió los transgénicos y creó un arma poderosa que es un lanzamisiles hasta ahora no activado, que es el registro de operaciones de granos, que da la posibilidad de administrar el comercio exterior.

Suspendió por razones electorales los lanzamientos en la lechería, apoyó la inicua reforma tributaria, aceptó cuotificar las importaciones de pollos después de aceptar tenerlas prohibidas como todos los productos de granja y fue decisivo a la hora de enterrar el TLC con Estados Unidos. Utilizó al comienzo toda aquella jerga cansadora y hueca de contenido, que otros cultores de lugares comunes siguen utilizando: país productivo, gas oil productivo, productor familiar.

Amenazó intervenir en muchos precios, quiso subsidiar la cría, amenazó con detracciones, amenazó a las personas de derecho público no estatal pero creo más, habló de los universitarios, de casinos para ricos, de importación de bolivianos, de talleres de italianos para fabricar zapatos, de maquinaria para siembra con ruedas de bicicleta, todo muy ocurrente y divertido, pero nada para recordar y mucho menos mantener.
En definitiva, se viene un necesario cambio que ojalá incluya a todos los que bien quieren al país estén en el partido que estén. Pero que ayuden al campo en un necesario y estimulante nuevo despertar, con un ministerio que deje de ser parte de la policía tributaria o de cualquier terreno, que acompañe y prepare los nuevos escenarios de acuerdos internacionales, y que devuelva a los particulares el protagonismo perdido en múltiples trámites y permisos onerosos y hasta a veces, humillantes.

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