ENTREVISTA

Proyectar un mercado eléctrico integrado

Con Alfonso Blanco, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade).

Alfonso Blanco
Alfonso Blanco

América Latina se ha caracterizado por ser la región del planeta con la mayor incidencia de energías limpias y en ella, Uruguay es tomado como un modelo.

Para el ingeniero industrial uruguayo Alfonso Blanco, Secretario Ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade), si bien la región está en un “dinámico proceso de cambios”, es imperioso que los países del sur den el paso de ir hacia un mercado integrado del sector eléctrico, como hizo con éxito América Central hace 20 años. Olade se reúne desde hoy durante toda la semana en Montevideo, con la presencia de ministros de Energía de la región, en un espacio concebido para el diálogo político y el encuentro entre gobiernos, potenciales inversores privados e instituciones financieras. A continuación, un resumen de la entrevista.

─ Todas las referencias al balance energético regional destacan la fuerte utilización de energías limpias, en términos relativos…

─ En primer lugar a una muy alta participación de la hidroelectricidad en la matriz energética, algo que viene de varias décadas atrás con importantes proyectos de infraestructura en generación hidroeléctrica, que abastecen a las principales economías de la región. Otro componente importante es la alta participación que tiene la biomasa en la matriz energética de América Latina. El problema es que la biomasa sigue representando un alto consumo a nivel residencial bajo tecnologías que no son completamente eficientes y a veces presentan riesgos de salud, entre otros, asociado especialmente a la cocción de alimentos entre la población de bajos recursos. Sin embargo, también tenemos un índice de electrificación que, comparativamente con otras zonas no desarrolladas, es superior. Estamos en un 97% del total de la población con pleno acceso a electrificación, pero nos quedan 20 millones de personas sin acceso a este servicio básico.

─ Pero esa cobertura no es homogénea…

─ No lo es. Existen grandes brechas. Mientras tenemos países prácticamente con acceso universal a la energía, hay otros -como Haití, a pesar de sus mejoras de los últimos años- que tienen una cobertura muy baja. En el caso de Haití, llega al 37% de su población. Tenemos ese gran desafío en una región que ha tenido avances muy importantes. Cuando se crea Olade en 1973, eran 130 millones de latinoamericanos y caribeños sin acceso a la electricidad. Hoy son 20 millones. Y ese gran salto se ha dado en la última década, donde se redujo a la mitad.

Ha habido un gran avance en las políticas públicas en la región, en gran parte de sus países, donde se trabajó fuerte en temas de acceso. Pero también, el impulso de las nuevas tecnologías en los últimos años ha facilitado el trabajo, permitiendo llegar con un suministro eléctrico a menores costos y salvando las complejidades geográficas que presenta la región.

─ Desde el punto de vista geopolítico, también parece haber un comportamiento dispar en la región…

─ Si bien prácticamente todos los países están en un proceso bastante dinámico, hay un factor que condiciona el desarrollo y las políticas que impulsan algunos países: es la disponibilidad de recursos hidrocarburíferos. Argentina tiene la mayor reserva de la región en hidrocarburos no convencionales y tiene la oportunidad de convertirse en exportador de gas natural a partir de la explotación de Vaca Muerta. Asimismo, tenemos otros países que tienen no convencionales, Brasil, México, Colombia, y están en un desarrollo algo por debajo que Argentina. Estas condiciones reordenan el escenario geopolítico de la región. Mientras tanto, Bolivia se encuentra encapsulado respecto a sus reservas debido a la poca capacidad que tiene de acceder a nuevos mercados para monetizar esas reservas de gas de las que dispone y está condicionado por las exportaciones de gas a sus dos vecinos mayores, con los cuales tienen contratos firmados.

La región está atada a un desarrollo fuertemente ligado al gas natural como sustituto de los combustibles líquidos para la generación de electricidad. El gas licuado ha comenzado gradualmente a tomar relevancia en la matriz energética regional, con una fuerte incidencia, por el momento, de Estados Unidos como exportador.

─ ¿Los que no disponen de hidrocarburos en su territorio, son los que han liderado la transición energética incorporando las energías renovables?

─ Exacto, Pero también otros, que tienen petróleo, incorporan ese desafío. Es el caso de México, que hoy tiene un 8% del total de su consumo y se plantea en menos de una década llegar al 30%. Tenemos países con un avance enorme. Las tres economías que tienen prácticamente una cobertura de 100% de su consumo por renovables son Costa Rica, Paraguay y Uruguay, una condición que alcanzan muy pocos países en el mundo.

De todos modos, la región no ha logrado compensar con mayor disposición de renovables, el aumento de su demanda. De alguna forma, nuestra región está lentamente perdiendo renovabilidad dentro de su matriz energética, debido a que la demanda aumenta a un ritmo mayor al que crece el suministro de renovables.

─ Usted participó del proceso de reconversión energética de Uruguay; ¿qué balance hace al observarlo hoy?

─ Soy un convencido de las ventajas y las bondades que tuvo el proceso en Uruguay.

En cuanto a la matriz de generación eléctrica, Uruguay tuvo un proceso vertiginoso de incorporación de renovables. Años atrás, cuando yo era parte del proceso, hablábamos de un 50%-60% de hidroelectricidad y el resto a partir de generación térmica, de baja eficiencia, e importaciones de energía. Eso se revirtió al punto tal que hoy Uruguay tiene excedentes que aporta a sus vecinos a partir del proceso de incorporación de renovables. Con una particularidad. La incorporación de renovables al sistema no se produjo a partir de subsidios violentos como ocurrió en Europa, sino a partir de mecanismos de mercado que incorporaban las energías eficientes en el momento adecuado.

Por otro lado, se ha comprobado que la complementariedad existente entre la generación hídrica y el componente eólica-solar-biomasa, ha demostrado operar en forma eficiente. En otros países no se da, porque no hay centrales hidráulicas con capacidad de embalse, por ejemplo. Diversos escenarios que hacen muy difícil incorporar las energías de fuentes intermitentes sin un respaldo térmico detrás. Uruguay, con una gestión muy eficiente, ha logrado salvar ese gran desafío.

─ ¿No es un punto de ineficiencia pagar por excedentes que no se utilizan?

─ Es cierto que hoy existen excedentes de la generación eólica. En los momentos en que es posible se exporta a partir de los vínculos bilaterales que se tiene con los vecinos. Hay que tener presente que desde el mismo momento en que se inició este proceso de incorporación de renovables, se sabía que momentáneamente podía haber excedentes. Eso estaba modelado y es parte de lo que se conocía del comportamiento que iba a tener el sistema.

Insisto en que el camino de Uruguay ha sido exitoso y ha logrado bajar los costos de abastecimiento de la demanda. Cuando comenzamos a hablar de todo esto, la incorporación de un nuevo megavatio/hora al sistema tenía un costo del entorno de los 180 dólares; hoy el costo está muy por debajo de eso.

El caso uruguayo se toma como un modelo. Argentina lo está haciendo para su reciente incorporación de renovables. Son varios países los que toman como referencia la forma en que Uruguay abordó y resolvió este tema.

─ ¿Cuál debe ser el plan estratégico para la región?

─ Especialmente en Sudamérica, los vínculos se dan en modalidad bilateral. Operan desde hace décadas intercambios energéticos que han servido a los países pero en base a ese formato. Uruguay-Argentina, Brasil-Paraguay, Uruguay-Brasil, Ecuador con Colombia, hay muchos casos. Pero la región necesita saltar un escalón más arriba, con un modelo como el que opera Centroamérica, un mercado integrado para el sector eléctrico. (NdR: el Tratado Marco del Mercado Eléctrico de América Central tiene más de 20 años de firmado entre los 6 países que integran el istmo, procurando un mercado eléctrico regional competitivo, basado en el trato recíproco y no discriminatorio).

Ese esquema da seguridades de suministro muy importantes y hace sus sistemas mucho más eficientes. Desde Olade buscamos promover esa estrategia, y no solo a los mercados eléctricos, sino también al gas. Si, por ejemplo, Bolivia tuviera la posibilidad de exportar su gas a Uruguay o Chile a través de Argentina, estos problemas de geopolítica se resolverían. Pero eso no está desarrollado. Hay que empezar a dialogar en esos términos para destrabar estos problemas, y escalar los vínculos bilaterales a propuestas a nivel regional. Olade se creó precisamente con ese propósito, porque son problemas que ya se identificaban en los años ‘70.

Paralelo a nuestra reunión de ministros tendremos un foro de integración que estamos desarrollando con CAF y con la banca de desarrollo de Alemania para promover una mayor integración. De la misma forma, hay otra mesa donde participarán Brasil, Uruguay, Argentina, Paraguay y Chile con el mismo objetivo: la integración regional en el ámbito energético. Es clave avanzar en ese terreno.

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